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Los Legionarios,en el banquillo

Fecha: 18/06/2007 Rafael Plaza ico favoritos Añadir a favoritos
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Un juzgado civil mexicano ha citado al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, para que comparezca como testigo de un caso de pederastia en un colegio de la congregación.

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Es la primera vez que el general y fundador de los Legionarios de Cristo, uno de los líderes religiosos más cercanos al papa Juan Pablo II, es citado por la Justicia. Hasta ahora todas las denuncias acerca de sus abusos sexuales presentadas por sus víctimas se ventilaron, sin éxito, en tribunales eclesiásticos. La primera citación estaba fijada para el 8 de marzo pasado. Maricela Cruz Sánchez, titular del juzgado 19 de lo Civil de México DF, llamó a Maciel y al actual director general de los Legionarios de Cristo, Álvaro Corcuera Martínez, como testigos dos días antes de que el Fundador cumpliera 87 años. Por cuestiones de forma –el domicilio de los citados no estaba correctamente expresado–, ni Maciel ni Corcuera se presentaron. La jueza prepara ahora otra citación.

Marcial Maciel debía responder a decenas de preguntas que giraban en torno a los delitos de pederastia presuntamente cometidos por él en los años en que estuvo al frente de los Legionarios, así como por el caso del abuso sexual contra un niño de cuatro años en presencia de su hermano de seis. Los dos eran alumnos del colegio Oxford de México, propiedad de la congregación; el acusado es uno de sus profesores, Joaquín Francisco Mondragón, actualmente fugado de la Justicia. Es este hecho el que ha desencadenado la denuncia y esta citación.

Mon Père ha venido siendo acusado ante los tribunales de la Iglesia católica de presuntos abusos sexuales contra muchos de sus seminaristas. Las denuncias llevaban años intentando traspasar las fronteras de silencio del Vaticano: Marcial Maciel fue acusado en una carta dirigida al Vaticano de manera expresa y pública en 1997 por ex legionarios de Cristo. Muchas de sus presuntas víctimas abandonaron la Congregación al resultarles insoportables las consecuencias psicológicas, o cuando se les hizo imposible gestionar sus denuncias dentro de la congregación. En España son muchos los seguidores de la Orden, entre los que se encuentran destacados políticos, y mantienen una polémica interna sobre si es una campaña mediática contra ellos o si hay que castigar a los responsables.

Los esposos mexicanos José Bonilla y Lisset Aldrete supieron de los abusos sexuales a su hijo en abril de 2006. El niño contó, a preguntas de la madre mientras le bañaba, qué le obligaba a hacer su profesor de Educación Física. En octubre pasado presentaron la denuncia, según la cual “los actos de pederastia de Maciel han impregnado toda la organización, gracias a una tradición (…) que ha hecho que una tercera generación de legionarios continúen desarrollándolas”, por lo que la citación a Maciel –según el texto de la denuncia– “encaja perfectamente” con los hechos relatados del Colegio Oxford.

El 29 de marzo pasado se celebró una vista con la directora del Colegio Oxford. Lisset Aldrete, madre del niño violado y abogada acusadora, la consideró “muy exitosa”. La directora del Oxford negó “las verdades más elementales”, complicando aún más con ello la causa de Maciel, “sin posible remisión”, apunta el ex legionario Alejandro Espinosa, uno de los testigos y denunciantes. Anteriormente, la jueza había ordenado un exhorto al IFE (Instituto Federal Electoral), que acreditara la dirección correcta de los generales Maciel y Corcuera, con lo que se repetirá la notificación una vez más para obligarles a comparecer.

Entre las preguntas que deberá responder Marcial Maciel figura esta: “Que diga que si cada vez que en alguno de los colegios (...) de (...) Legionarios de Cristo se presenta una acusación por actos de pederastia, se actúa de la siguiente forma: amenazar a los afectados, hacer uso de su poder económico, político y religioso para intimidar a las autoridades y prensa (...) decir a la opinión pública que se está con los agredidos y que se les dará todo su apoyo moral, legal y económico; esconder y trasladar a otros lugares a los responsables y minimizar los hechos, dejando que el tiempo apague todo, así como utilizar todos los medios sociales, políticos, económicos, religiosos y todo a su alcance para empequeñecer el hecho y borrarlo de la mente de los afectados y de la opinión pública”.

Rivera, un primado polémico

A Maciel le preguntarán también si en las diversas acusaciones contra él por pederastia ha sido protegido por los Legionarios de Cristo, o por la Iglesia católica, o por el cardenal arzobispo y primado de México, Norberto Rivera Carrera.

Rivera es uno de los prelados más polémicos de México, por los escándalos mediáticos en que se ha visto envuelto desde su toma de posesión como arzobispo en 1995, cuando surgió la disputa intraeclesial por el control económico y político de la Basílica de Guadalupe, el santuario que más dividendos genera en este país. Rivera ha salido siempre en defensa de Marcial Maciel cuando diarios, revistas y hasta canales de televisión han puesto en evidencia las denuncias de pederastia del fundador de los Legionarios, calificándolas de “puros inventos de los difamadores de la Iglesia”. Su poder político, su amistad con la esposa del ex presidente Vicente Fox, Marta Sahagún, una fuerte y discutida benefactora de los Legionarios, tesorera de la fundación legionaria laica Regnum Christi, y sus influencias en el Vaticano a través del entonces secretario de Estado Angelo Sodano, sirven a sus críticos para explicar por qué resultan eliminados de su diócesis aquellos curas que se ponen de parte de las víctimas de los presuntos abusos de Maciel. Entre ellos, Alberto Athié, el sacerdote que atendió en su lecho de muerte al ex legionario Juan Manuel Fernández Amenábar, que le reveló presuntos estupros de Mon Père, forma obligatoria de dirigirse a Marcial Maciel desde los tiempos del seminario.

A raíz de estos hechos, Athié (que relató lo que sabía al cardenal Rivera en mayo de 1997) renunció al sacerdocio. En 2003 los medios mexicanos difundieron las razones, acusando al Vaticano y a la archidiócesis de México de encubrir los abusos de Maciel. Cuando Athié fue a exponerle lo que conocía, a través de Amenábar, el cardenal Rivera le espetó: “Todo es falso. Se trata de un complot. No tengo nada más que hablar contigo”. El cardenal está ahora bajo sospecha de intentar encubrir a otro cura acusado de pederastia, su sobrino Nicolás Aguilar Rivera, presunto autor de 90 abusos sexuales a niños, investigado actualmente por la Justicia en Estados Unidos, y para cuya defensa ha enviado a la Corte Superior de California a un poderoso bufete de abogados con minutas de 500 dólares por hora, según han revelado algunos medios de México. El cura Aguilar Rivera se encuentra fugado de la justicia, “escondido y protegido”, ha declarado la periodista Sanjuana Martínez, autora del ensayo de investigación Manto púrpura, al periódico mexicano La Jornada, en la región de Huehuetlán el Chico (Puebla), de donde es oriundo.

Cincuenta años de denuncias

Es ésta la primera vez que Mon Père y Álvaro Corcuera (que a sus 12 años fue alumno seminarista del propio Maciel) han sido llamados a comparecer ante un tribunal civil desde los años 50, a los que se remontan muchos de los presuntos delitos del general denunciados por ocho ex legionarios de Cristo que se presentan como víctimas de aquellos abusos. Aunque en este caso son citados por hechos criminales de subordinados suyos, a Maciel y Corcuera se les pregunta por atrocidades presuntamente cometidas por líderes de la Legión en España, Italia, México, Estados Unidos e Irlanda, según la citación y sus denunciantes.

En mayo de 2006 el papa Benedicto XVI condenó a Marcial Maciel a renunciar a todo ministerio público (aunque no le suspendió a divinis) a raíz de las acusaciones de abusos sexuales. Y eso que “a Juan Pablo II sólo le faltó canonizar a Maciel en vida”, opina José Manuel Ruiz Marcos, autor de La Orden maldita, libro que, al igual que otros recientemente publicados sobre las actividades de Marcial Maciel, no aparece en las librerías. Esta condena –aunque velada– es un reconocimiento expreso de que el Papa “ha creído a las víctimas” , aunque sin “siquiera llamarlas para aliviarlas de su tragedia” , dice Ruiz Marcos.

La denuncia pública de los delitos que se le imputan fue dada a conocer en 1997 a todo el mundo por ocho de sus víctimas, en un reportaje publicado en el Hartford Courant de Connecticut (Estados Unidos), por los periodistas Jason Berry y Gerald Renner. Fue una petición, en el lecho de muerte, de Juan Manuel Fernández Amenábar, a través del sacerdote Alberto Athié, a sus antiguos compañeros de la Legión de Cristo, a los que Maciel habría convertido en objeto de sus desviaciones sexuales, de que difundieran lo que, tras muchos años de denuncias al Vaticano, no había sido tenido en cuenta por las jerarquías de la Iglesia.

Los primeros resultados, aunque tímidos e insuficientes, según sus víctimas, han comenzado a verse hace menos de un año, el 19 de mayo de 2006, cuando en una de sus primeras decisiones el Papa Benedicto XVI instó “al silencio y el aislamiento” al Fundador.

Hace 52 años, en 1945, Marcial Maciel ya fue condenado eclesiásticamente por el entonces obispo de Cuernavaca, Francisco González Arias, por haber abusado sexualmente del niño Francisco de la Isla, pero, nunca se supo cómo, se le reincorporó a sus funciones. Es uno de los muchos puntos oscuros en la biografía del sacerdote reducido al silencio por el actual Papa. Ante la pasividad del Vaticano para llevar hasta el final la condena de Marcial Maciel, un determinado grupo de afectados, además de los ex legionarios denunciantes, planeaban desde hace tiempo presentar denuncias ante otras instancias civiles, por la impunidad de Maciel, encubrimiento de la Legión, y violación de los derechos humanos de las víctimas. Ahora, una jueza de lo civil, Maricela Cruz Sánchez, va a conseguir lo que no hizo la Iglesia en 50 años.

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