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Los `tripis´ vuelan de nuevo

Fecha: 03/10/2005 0:00 Alberto Gayo ico favoritos Añadir a favoritos

Los ‘hippies’ y su ‘flower power’ desaparecieron, pero su droga alucinógena más famosa, el LSD, todavía sigue entre nosotros. Ahora que su descubridor, el químico suizo Albert Hofmann, está a punto de cumplir 100 años, ‘tripis’ más baratos y con dosis más bajas han llegado a las noches de fiesta.

Marc es un barcelonés de 23 años. No es un hippy contracultural, es un chaval camino de convertirse en ingeniero de telecomunicaciones que hace un par de años añadió a su menú de drogas recreativas el legendario LSD 25 (dietilamida del ácido lisérgico), la sustancia alucinógena más consumida en la civilización occidental desde los años cuarenta. Marc no es un caso aislado. Se empieza a detectar que aquel ácido de los años sesenta se está colando ahora en las noches de fiesta. Un alucinógeno más que se une al éxito de drogas como la ketamina o la gama-hidroxi-butirato (GHB), dos anestésicos cuyo consumo no sólo provoca alucinaciones sino que han levantado la voz de alerta entre los responsables antidroga.

El LSD nunca ha desaparecido de las estadísticas –su consumo está estabilizado, repiten desde el Plan Nacional sobre Drogas, y se sitúa en el 1 por ciento de la población entre los 18 y 65 años– ni de las cuentas policiales –en el primer semestre de este año se incautaron 12.000 dosis–, pero hasta ahora se pensaba que los conocidos en la calle como tripis eran patrimonio de élites experimentadas, cuando también se han incorporado a los fines de semana de marcha.

“Últimamente la gente está tomando LSD en dosis bajas para irse de fiesta. Cuando llevan muchos estimulantes (cocaína y ‘éxtasis’) en el cuerpo y ya apenas consiguen nuevos efectos, se toman el ‘tripi’ para seguir la fiesta. Cambian de registro y prolongan con LSD el colocón. Luego está la potenciación de efectos al tomar LSD y cannabis, que son sinérgicos, y el reforzamiento de la empatía que se produce mezclando LSD con la mdma (principio activo del ‘éxtasis’), que al mismo tiempo reduce la alucinosis”, explica el farmacólogo Sergio Abanades, del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona.

Además, interviú ha podido comprobar que en discotecas y raves (fiestas semiclandestinas donde triunfa la música electrónica) se vende LSD también en formato líquido a 6 euros la dosis. “Como casi todo el LSD es de fabricación casera, se pueden adquirir pequeños botes con 50 dosis a 300 euros, donde cada gota sería una dosis”, explica un consumidor de Madrid.

Eduardo Hidalgo, responsable en Madrid de Energy Control (colectivo que dedica sus esfuerzos a reducir los daños del consumo de drogas en las zonas de ocio), sostiene que desde hace años los tripis se utilizan para algo más que para vivir una experiencia visionaria, “hay jóvenes que usan LSD como una sustancia más, pero que reclaman dosis más pequeñas para no sufrir efectos que puedan estropear el ritmo de su fiesta. El LSD a dosis normales o altas produciría alucinaciones o visiones que podrían llevarles a situaciones no deseadas. Estos consumidores buscan continuar de marcha con algunas risas y distorsiones leves, pero nada más. Y eso se confirma en las muestras analizadas”.

Eduardo se refiere a 17 tripis facilitados por esta revista al Ministerio de Sanidad en agosto pasado para su análisis de pureza (ver cuadro). Todos fueron adquiridos en el mercado negro de Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia y Bilbao y contenían dietilamida del ácido lisérgico con una media de 42 microgramos (millonésimas de gramo). La dosis umbral –por debajo no tendría ningún efecto– es de 20 microgramos, una dosis leve estaría entre los 25 y los 50 microgramos, la dosis activa normal se sitúa entre los 50 y los 150 microgramos, y la fuerte entre los 150 y los 400 microgramos. De las 17 muestras, aunque la mayoría supera la dosis umbral, sólo cinco pueden considerarse como ácidos que producirían efectos alucinatorios importantes.

Los efectos del LSD más comunes a dosis normales o altas van desde las ilusiones, ver objetos que están en la realidad pero deformados; las alucinaciones, la aparición en el entorno de algo que no existe; la disestesia, la percepción por un sentido de algo que habitualmente se percibe por otro sentido (escuchar el sonido de una luz o tocar el viento son los ejemplos que más se utilizan), y los flashback, la vivencia de la experiencia que se tuvo bajo los efectos del ácido tiempo después.

“Entre los riesgos destaca que las alucinaciones en personas predispuestas genéticamente pueden hacer debutar procesos de esquizofrenia. Además, también puede hablarse de un tipo de psicosis inducida por el LSD”, comenta Abanades.

Carlos Álvarez Vara, psiquiatra y vocal de la Comisión Clínica del Plan Nacional sobre Drogas, asegura que el principal problema es “la angustia, el estado de alerta que crea dependiendo de los fenómenos que se perciben. Lo peor es el control de los fenómenos alucinatorios delirantes, delirios persecutorios a partir de una no correcta percepción e interpretación de la realidad. Las personas que sufran trastornos de angustia o ansiedad deben abstenerse de tomar LSD porque pueden poner en marcha algo que estaba en silencio en su cerebro”.

Este psiquiatra, que estudió en Basilea (Suiza) bajo la dirección de Albert Hofmann –el descubridor del LSD 25–, reconoce que no existe, hoy por hoy, una alerta sobre el consumo en España de LSD “porque su consumo baja o sube de forma intermitente pero no preocupante”, algo que comparte la delegada para el Plan Nacional sobre Drogas, Carmen Moya: “Su consumo está estabilizado. Los jóvenes están empezando con otras drogas más accesibles y de mayor socialización como pueden ser el alcohol o el cannabis. Al mismo tiempo, no estamos hablando de LSD con las dosis de los años setenta u ochenta, que eran mucho mayores, ni de un perfil de consumidor contracultural e ideologizado. Hablamos de un consumidor desideologizado y menos habituado a esta sustancia”.

“Los ‘tripis’ nunca han dejado de estar ahí. No ha habido un pico pero están presentes también como droga de entretenimiento. Ahora hay un nuevo resurgir de la psicodelia, junto con los hongos y las drogas de síntesis compradas vía internet”, afirma José Carlos Bouso, psicólogo e investigador de la Universidad Autónoma de Madrid.

A pesar de que todos los expertos consultados resaltan que el LSD no crea dependencia y que es una droga segura puesto que la dosis letal es 600 veces la dosis umbral –habría que ingerir a la vez 600 tripis de 20 microgramos para que produjese la muerte–, el denominado mal viaje producido por alucinaciones no controladas donde las obsesiones o amenazas pueden llevar a la paranoia son la principal preocupación. Por ello, son claves el set, el estado emocional en el que se encuentra el consumidor, y el setting, el entorno en el que se consume, que debe estar alejado de ambientes ya de por sí distorsionadores como las discotecas.

Una de las principales incógnitas del LSD es saber cuál es el mecanismo que activa el ácido en nuestro cerebro para provocar alucinaciones. Lo poco que se sabe es que el LSD activa un receptor cerebral llamado 5HT2A y que interferiría la comunicación neuronal en la corteza, donde se hacen conscientes las sensaciones.

“Al tálamo (en la parte interna del cerebro) llega la información de las sensaciones del cuerpo y de ahí las manda al cerebro para que las lea, las interprete y las haga conscientes. Ahí es donde probablemente actúa el LSD uniéndose al receptor 5HT2A”, comenta Sergio Abanades.

Marc, el joven barcelonés, recuerda que el primer tripi lo compró cuando tenía 21 años –“me costó 12 euros, ahora se pueden encontrar por 6 euros”– y se lo tomó con unos amigos en un hotel de Marruecos con vistas al mar. “La experiencia es fuerte, aunque tienes que tener cuidado de no desinhibirte en exceso o de cometer alguna locura, pero a la vez te cambia la manera de ver las cosas, el mundo, la relación con tus padres”. Marc ha repetido su consumo y también recuerda un mal viaje: “Me sentía amenazado, tuve miedo de perder el control y volverme loco. Cogí a mi novia y le dije que nos fuésemos de donde estábamos. Lo más importante es que debes estar centrado en tu vida, por eso no es una cosa para adolescentes, que todavía no están hechos”.

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