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Medio centenar de personas viven en un poblado chabolista en pleno centro de Madrid que nadie desaloja

Los últimos de Arganzuela

Fecha: 04/07/2016 Esther Ortega / Fotos: Guillermo Navarro ico favoritos Añadir a favoritos
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Unas cincuenta personas duermen en casetas que ellas mismas han levantado, sin electricidad ni agua corriente, en el distrito de Arganzuela (Madrid). Algunos llevan años viviendo en esas condiciones. Los terrenos pertenecen a Adif y al ayuntamiento, que no llegan a un acuerdo para su desalojo definitivo. Los vecinos denuncian una ocupación ilegal que afecta a la salud pública y exigen que se destinen esas parcelas a dotaciones para el barrio. | Sigue leyendo.

A pocos metros del Planetario de Madrid, en el distrito de Arganzuela, Álex y Marius, de nacionalidad rumana, se acercan a una fuente del parque Enrique Tierno Galván para coger agua con la que asearse y beber. En la capital se rondan los 35 grados y el calor aprieta. Cruzando la pasarela que une el parque con las viviendas se llega a la calle Párroco Eusebio Cuenca, que separa dos mundos enfrentados. A un lado, urbanizaciones con piscina. Al otro, las parcelas donde medio centenar de familias rumanas y búlgaras sobreviven en chabolas que ellos mismos han levantado. Los asentamientos están emplazados en parcelas propiedad de Adif y del propio ayuntamiento y se extienden desde las proximidades del Museo del Ferrocarril hasta el Planetario, en el barrio de Delicias.

“Los vecinos hemos recogido más de 2.500 firmas para que estos terrenos se doten para el barrio, en el que faltan institutos, otro polideportivo o un centro de día para mayores”, explica Melquiades González, de la Plataforma Vecinos Delicias y residente en la calle Párroco Eusebio Cuenca desde hace 20 años. 

En opinión de Melquiades, el anterior consistorio de Madrid no desalojó a los inmigrantes porque “buscaba la especulación inmobiliaria”, y el nuevo gobierno, pese a la “buena disposición” de Rommy Arce, concejala de la Junta de Arganzuela, no ha cambiado nada: “El ayuntamiento negocia con Adif un acuerdo temporal para hacer unas mínimas dotaciones disuasorias en los terrenos”.

Álex tiene 40 años y cuatro hijos, el más pequeño de cuatro años. Los cuida la abuela en su país porque la madre falleció hace dos años de un cáncer de mama. Vino a España por primera vez en 2001, y ha estado trabajando en distintas provincias como jornalero. Pero en Madrid las cosas no han salido como imaginaba; solo ha conseguido un trabajo para pintar la casa de un vecino del barrio: “Quiero volver pronto a Rumanía, llevo meses sin verles”, se sincera el hombre. 

Descárgate aquí la versión en PDF de interviú. 

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