Mafiosos con contactos de altura
Fecha: 12/12/2011El asesinato de un portero de discoteca en 2009 en Madrid abrió una operación policial que ha durado más de dos años. Las grabaciones de ese sumario muestran hasta dónde llegan los tentáculos del crimen organizado en España. Los imputados de la ‘operación Edén’ tienen contactos desde la Audiencia Nacional hasta el Tribunal Supremo. Presumen de pagar un millón de euros a un juez, de reunirse con un fiscal jefe y de comprar testigos para que ‘olviden’ que vieron cometer un asesinato.
El asesinato de Cata. El 12 de enero de 2009 Catalin Stefan, alias ‘Cata’, fue asesinado mientras trabajaba en una céntrica discoteca de Madrid. Fue el inicio de la ‘operación Edén’, el mayor golpe asestado en España al crimen organizado.
David Lozano Martínez esperaba tranquilo en su celda de la prisión de Valdemoro (Madrid). Había estado once años fugado, sin responder por el asesinato de Víctor Manuel Pozo, cometido en 1999 en el inicio de la lucha por el control de la seguridad y el tráfico de drogas en la noche de Madrid. En verano de 2010, Lozano fue arrestado y enviado a prisión. Dos meses después, contrató los servicios del que él y los suyos creían que era el mejor equipo de abogados: Javier Gómez de Liaño y María Dolores Márquez de Prado. Él, ex juez de la Audiencia Nacional; ella, ex fiscal del mismo organismo. Desde prisión, David seguía dirigiendo su organización y sabía que fuera, sus hombres estaban haciendo lo posible para doblegar la voluntad y, sobre todo, la memoria de los testigos que iban a declarar en su contra porque le habían visto cometer aquel asesinato.
Así lo acreditan los informes policiales que aparecen en el sumario de la operación Edén, al que ha tenido acceso interviú, y así lo contó el 24 de noviembre el testigo protegido 2005 en su declaración ante el juez Santiago Torres: “Tuve una reunión con José Manuel Armental, ‘el gallego’, y José Ovies, ‘el Botas’, a partir de septiembre de 2010 en Torrelodones. En esa reunión me ofrecieron dinero a través del abogado de David Lozano para que declarase a su favor. No me indicaron el nombre del abogado, solo me ofrecieron 60.000 euros”.
Un mes después se celebró el juicio.Este testigo protegido no aceptó el dinero, y fue el único que repitió lo que había visto el día del crimen (otros testigos dijeron que no recordaban nada). Finalmente, David Lozano fue condenado a 25 años de prisión, pese a los augurios de Gómez de Liaño –”ha dicho que le absolverán o le caerán cinco o seis años”, se oye en una conversación intervenida–. Sus abogados recurrieron al Supremo, mientras los hombres de David Lozano en el exterior, comandados por Alfonso Taborda, que fue condenado por el mismo crimen y que ahora está en régimen abierto, siguieron moviéndose.
Reportaje completo en la revista interviú.







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