Sport
Reportajes / Artículos

Maquis con memoria

Fecha: 09/07/2007 2:00 Raimundo CASTRO ico favoritos Añadir a favoritos
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Siguen reuniéndose, como cada año. Cuando comenzaron a reivindicar su pasado en la Asociación Archivo Guerra y Exilio, hace diez años, eran 25. Sólo quedan 14. Todos los que acudieron a la última asamblea anual han hablado con `interviú´, y lo han hecho entristecidos, desilusionados.

La Venta de Contreras, justo entre Cuenca y Valencia, sobre el río Cabriel, donde las Hoces, es el lugar convenido para el encuentro de este año. No es una convocatoria más, es la décima, muy especial para ellos porque esperaban que la llamada Ley de la Memoria también pensara en lo que hicieron. La rige Luis García Berlanga, un hombre tan irónico y republicano como su tío, don Luis, el director de Bienvenido, Mister Marshall. Y más cine: en estas habitaciones durmieron Ernest Heminway y Ava Gardner, cada cual, claro, por su lado. Y en su tiempo.

Las banderas republicanas en las paredes, en las mesas, las gorras, las solapas, por doquier, aportan nostalgia mientras nueve veteranos de la lucha antifranquista hablan con interviú en torno a una mesa, bajo el porche del viejo edificio del siglo XVIII. Está Florián García, Grande, el mayor en todos los sentidos. Por su alias, por sus 92 años y, en fin, por ser el asistente de más alta graduación guerrillera: Jefe del 11 sector, el de la Agrupación de Levante y Aragón.

Le acompañan jefes de guerrilla como Gerardo Antón, Pinto, de Extremadura, y José Murillo, el omandante Ríos, de Sierra Morena, en Córdoba. Y Francisco Martínez, Quico, el último superviviente de la mítica guerrilla leonesa de Manuel Girón, el León del Bierzo. Y el cántabro Jesús de Cos, de la Brigada de Ceferino Roiz, Machado, que reparte entre todos sus memorias de título tan significativo como Ni vencidos, ni bandidos. Y las hermanas Esperanza, Sole, y Angelina Martínez, de la Agrupación de Levante y Aragón. Y Remedios Montero, la Celia, de la agrupación levantina. Y, por fin, el guerrillero gallego Sindo Seijido, que vive en Cuba y acude a la cita por primera vez.

Todos lamentan las ausencias –alguna inesperada, por lo reciente– de Amada Mar- tínez, la hermana de Esperanza y Angelina; del granadino Miguel Radial, del cordobés José Moreno de Salazar y del cántabro Felipe Matarranz, el capitán Lobo de la Ceferino Machado. Han delegado su voto porque saben que no habrá diferencias de opinión. Todos coinciden en que la Ley de la Memoria elaborada por el Gobierno “es una traición” por renunciar a la condena jurídica de los procesos y juicios sumarísimos del franquismo y por dar legitimidad, en consecuencia, a la dictadura de Franco.

Esperanza Martínez abre el fuego. “Es que es la segunda parte de la misma historia –dice–, porque ya nos desengañó también Felipe González. Y es más de lo que podemos aguantar, aunque podemos aguantarlo casi todo, como hemos demostrado”. Y Esperanza, sinceramente enfadada, cabreada, añade: “Recordando la muerte de su abuelo republicano, el capitán Lozano, pensamos que Zapatero iba a hacer cosas. Pero nada”.

“No tengo confianza en Zapatero porque se ve que tiene miedo –continúa Esperanza–. No da un paso al frente en la recuperación de la memoria por el miedo que le tiene a Rajoy, al PP, a toda esa derecha que sigue siendo el referente del franquismo. Porque los dirigentes del PP son eso, los sucesores de Franco. No toleran la subida al poder de los socialistas y se dedican a una política de acoso y derribo del Gobierno”. Los guerrilleros asienten. Se anima: “Zapatero no debería tenerles miedo, pero lo tiene. Y nosotros pensamos en lo que una vez leí en la tumba de un guerrillero: «Si no nos olvidáis, seguiremos viviendo»”. Todos se emocionan.

José Murillo, comandante Ríos, recoge el testigo. Se fue a la guerrilla con 17 años porque, en 1942, querían matar a su padre por haber sido de la UGT, y si no huía con él, lo mataban también. Su padre acabó suicidándose, o lo suicidaron, en una cárcel de Franco; a su madre la encerraron siete años sin juicio, y se llevaron a su hermana, se la entregaron a las monjas y ahora es monja en Roma. Cuando lo detuvieron, lo condenaron a 15 años de cárcel, y cuando salió, el padre Llanos, el del Pozo del Tío Raimundo, le buscó trabajo. Ahora vive en el barrio obrero madrileño de Usera, con su esposa, Genoveva, a la que conoció por carta porque tenía un hermano comunista en el penal de Burgos, donde estaba él. No tiene más pensión que la de miseria que da la Comunidad de Madrid.

No muestra rencor. Y cuando empieza a hablar de que él no va a perder su dignidad, le interrumpe Celia: “No queremos venganza, como dicen. Queremos justicia, vivir en una democracia libre de verdad, justa, no como ésta”. El comandante Ríos dice a su compañera que sí, que tiene razón, pero que la derecha es la “contrapartida” de los poderosos. “A los guerrilleros nos llamaron bandoleros y crearon las contrapartidas de la Guardia Civil, que hacían barbaridades contra la población para acusarnos –relata–. Ahora, la contrapartida es el PP y actúa contra un gobierno con el que estoy en desacuerdo, pero al que prefiero frente a ellos, que juegan sucio como aquellas contrapartidas de la Guardia Civil”.

En la carrera de reproches tercia Francisco Martínez, Quico, contra el consenso en pro del recorte de la Ley de Memoria: “El consenso pretende ser contra un proyecto que permita explicar a los españoles qué pasó para no repetirlo. Se hacen concesiones imperdonables. Y por eso no se puede aceptar”. Y añade que es clave no ceder a las amenazas del adversario: “El PP quiere evitar que se sepa qué fue la República y qué hizo Franco. ¿Consenso para qué? ¿Para que la sociedad española ignore qué pasó desde 1936 hasta la muerte del Caudillo? Si es para eso, no se puede aceptar el consenso. Y eso es lo que hace el Gobierno. Se acepta que cedan una vez más los de siempre, y que renuncien, no los que ultrajaron a la democracia, sino los que la defendieron”. Esperanza Martínez se irrita: “Somos ignorados, seguimos sin ser reconocidos, pero al final se sabrá lo que hicimos en las peores condiciones”. Y Dolores Cabra, secretaria general de esta asociación cuyo fin es recuperar la memoria republicana y de los maquis, recuerda que en mayo de 2001, con Aznar, el Congreso en pleno, incluido el PP, reconoció que los guerrilleros son los últimos soldados republicanos. Pero el PP, con mayoría absoluta, se negó a darles indemnización, lo que votaron los demás partidos. Todos.

Es algo que ahora sólo defienden el PNV, ERC, Begoña Lasagabaster (EA), y Uxue Barkos (NaBai). Como diputados, a título personal, Victorino Mayoral, del PSOE –hay muchos socialistas más–, y Carles Campuzano, de CiU. Dolores Cabra condena a IU por pactar con el PSOE el recorte de la Ley de la Memoria a cambio de prebendas. Pero Cabra insiste. De acuerdo con los dictámenes del equipo Nizkor contra la impunidad de los crímenes del fascismo, los guerrilleros se sumarán a un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos para exigir las responsabilidades históricas y penales del franquismo que la Ley de la Memoria no reclamará. “Que nadie se equivoque –dice Cabra–, la batalla por la recuperación de la memoria no concluirá con la ley del Gobierno”.

Cuando, el primero de julio, los socios de AGE se despiden, los abrazos derriten los cuerpos. Todos piensan en lo mismo, que a saber quién seguirá vivo el año que viene. Hay emoción. No lloran porque saben aguantarse. Lo han hecho toda la vida. Las campanas no doblarán esta vez. Pero la sombra de Hemingway les despide: mientras sobreviva la dignidad del hombre, su memoria no morirá. Combatirán con su testimonio, dicen, hasta el final.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

No hay comentarios

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

Lo +

Lo más leído

Lo más valorado

Lo más comentado

Publicidad

Lecturas recomendadas