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Mari Ángeles Molina, ‘Angie’, está en la cárcel por matar a una amiga en Barcelona para cobrar seguros de vida a su nombre. Un juez la acusa ahora de asesinar a su marido hace 21 años.

“Me lo he cargado”

Fecha: 16/06/2017 Vanesa Lozano ico favoritos Añadir a favoritos
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Es una de las asesinas más retorcidas de los últimos años. Mari Ángeles Molina, alias Angie, cumple 18 años de condena por matar en 2008 a su amiga Ana Páez en Barcelona. Recogió semen de dos gigolós y se lo inyectó para que pareciera un crimen sexual. Doce años antes, el marido de Angie había muerto en Canarias y ella bromeó con una amiga sobre el suceso. Angie ganó más de cuarenta millones de pesetas con la herencia y la venta del patrimonio de su pareja. Ahora la acusan de haberlo envenenado. | Sigue leyendo. 

Cumple una condena de 18 años por uno de los crímenes más elaborados que se recuerdan. Con una peluca negra y un DNI, Mari Ángeles Molina, Angie, se hizo pasar por su amiga Ana Páez para firmar en su nombre préstamos y seguros de vida por casi un millón de euros en Barcelona. Luego, el 19 de febrero de 2008, la asfixió con una bolsa de plástico en un piso alquilado por horas y simuló un crimen sexual: Pagó a dos gigolós para que eyacularan en un recipiente y luego introdujo ese semen en el cuerpo sin vida de su amiga. Puede que aquel no fuera su primer asesinato. Un juzgado de Gran Canaria la acusa ahora de matar a su marido en la isla, donde ambos vivían hace 21 años.

Juan Antonio Álvarez, un empresario argentino de 41 años, dueño de varias discotecas, murió en su casa de Maspalomas el 22 de noviembre de 1996, tras jugar un partido de pádel. Un día después, su mujer, Angie, volvió desde Barcelona junto a la hija de ambos y encontró su cadáver en el dormitorio.

La autopsia reveló que el hombre se había envenenado con ion fosfato, una sustancia tóxica presente en productos de limpieza y fertilizantes. El forense determinó que la causa más probable de la muerte era el suicidio, pero los familiares y amigos de la pareja siempre sospecharon de Angie

Un informe presentado el pasado año por el criminólogo Félix Ríos, presidente de la asociación Laxshmi para la lucha contra el crimen y la prevención, consiguió reactivar el caso. Su trabajo apunta a que, antes de salir de viaje, Angie, “conocedora de las cápsulas vitamínicas que tomaba Juan tras practicar deporte, pudo rellenar al menos una con tóxico, sabiendo que si por ejemplo restaban 15 cápsulas al frasco, se tomaría la envenenada antes de dos semanas”. Del escrito, avalado por dos ensayos forenses, “se deducen indicios incriminatorios de la posible autoría de la muerte violenta de Juan Antonio Álvarez por parte de su entonces esposa”, según el juzgado número 3 de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria).

El juez también ha tenido en cuenta nuevos testimonios de familiares y amigos del matrimonio que apuntan a que, poco antes de morir, el empresario había descubierto que su mujer llevaba una doble vida. “Juan sospechaba que Angie le era infiel, decía que ella viajaba mucho a Barcelona. Yo le sugerí que contratara un detective. Unos meses antes de fallec enía pensado ir a un abogado para separarse, quería quedarse con la custodia de la niña y dejarla a ella sin nada”. Según su declaración, el argentino le explicó, antes de su muerte, que había discutido con su esposa “por lo de siempre, por sus excesivos gastos. Él le contó lo que había descubierto y le dijo que iba a dejarla arruinada por serle infiel”.

Angie, que según varios testimonios se avergonzaba de la posición social de sus padres –un taxista y un ama de casa con los que apenas tenía contacto–, se había acostumbrado a llevar un alto tren de vida que su pareja no podía costear, según han declarado varios amigos. “Juan me comentó que ella era una compradora compulsiva y se gastaba el dinero en el casino. Prácticamente discutían cada día, sin importarles que hubiera gente delante o no. Ella estaba obsesionada con aparentar aquello que no era y lo chantajeaba diciéndole que se iba a llevar a su hija a Barcelona y no la iba a ver más. La niña era todo para él y, cuando esto ocurría, él se ponía a llorar”. 

 

JOYAS Y ROPA CARA

La amiga de Angie aseguró a la policía que la mujer “estaba enferma por el dinero. El primer regalo que pidió a su pareja fue un abrigo de visón blanco. Tenía una habilidad especial para engatusar a los hombres, los encandilaba para conseguir lo que quería y, cuando no lo conseguía, los dejaba. Estos le hacían siempre regalos de joyas y ropa cara”.

La testigo aportó a los agentes otro dato revelador: “Angie me llamó para decirme que Juan había muerto y ella se volvía a vivir a Barcelona. Le pregunté sorprendida qué había pasado y me contestó: me lo he cargado. A mí me extrañó la expresión, pero ella cambió su tono de voz y añadió: Me lo he cargado, ya sabes, mis gastos, mis disgustos...”.   

Según explicó esta mujer a los agentes, Angie había conocido en la capital catalana a otro hombre, un ingeniero químico con el que mantenía una “relación esporádica durante su matrimonio con Juan”. La policía lo ha localizado y le ha tomado declaración. “Conocí a Angie en una fiesta en 1996, estuvimos saliendo durante un año y medio o dos. Ella se quedó embarazada de mí, pero abortó, aunque no sé dónde lo hizo porque quiso ir sola. Creo que no quería verse atada a otro hijo”

El hombre, que ha visitado a Angie varias veces en prisión estos años y sigue gestionando el alquiler de un piso que ella heredó de sus padres en Zaragoza, afirma que empezó a ayudarla tras la muerte de su marido: “Su casa de Maspalomas estaba a punto de ser embargada. Me pidió un préstamo de diez millones de pesetas para parar el embargo”

La policía incluye en sus informes que Angieha obtenido al menos unos beneficios de 40.515.171 de pesetaspor la muerte de su marido”. La mujer recibió ese dinero de la herencia (algo más de cinco millones y medio de pesetas), la venta de la casa familiar (14 millones) y las acciones del empresario (21 millones más). Los investigadores también han descubierto que, dos meses antes de la muerte de su marido, Angie ya había escolarizado a su hija en un colegio de Barcelona. Ambas se trasladaron allí poco después de que el empresario falleciera. 

Lo que la mujer no pudo cobrar, según recoge el sumario, es el seguro de vida que el argentino tenía a su nombre y que excluía el cobro en casos de suicidio. Pero lo intentó. Tras el suceso, Angie especuló en comisaría con que el día que falleció, su esposo pudo sufrir un robo y aseguró que una cartera negra de su pareja, un reloj Rolex y una mascota del matrimonio, una perra Yorkshire llamada Nena, habían desaparecido de su casa. 

La cartera del hombre apareció doce años después, en un piso de Barcelona. Cuando en 2008 los Mossos d’Esquadra detuvieron a Angie por el crimen de Ana Páez, la familia de su marido acompañó a la hija a recoger sus cosas al domicilio de Angie. Allí encontraron la billetera del empresario, su documentación y varias tarjetas de crédito a su nombre. | Sigue leyendo. 

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