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Primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC)

Miquel Iceta: "El sueño de la independencia es una pesadilla"

Fecha: 24/03/2017 Juan José Fernández / Fotos: Sergi Reboredo ico favoritos Añadir a favoritos
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En días cruciales para el vínculo entre Cataluña y el resto de España, este barcelonés de 56 años, hijo de vizcaíno y catalana, prefiere soñar un país federal, basado en la lealtad, que imaginar un escenario de ruptura y aislamiento. Y mientras trata de mantener a flote su partido, a la espera de tiempos mejores, advierte a un PSOE metido en la liza de las primarias que es más importante dirimir el qué que el quién, y aconseja tomárselo con calma, para, el día siguiente a las votaciones, “poder seguir trabajando juntos”. | Sigue leyendo.

Cuando Miquel Iceta Llorens recibe a interviú en el Parlament de Cataluña, acaba de salir de un pleno y apura su quinto refresco de cola del día. De hecho cada mañana desayuna una lata del bebedizo. Y sin azúcar. “Es que no tomo café”, explica. El refresco le ayudó en las vigilias que ha dedicado a ultimar un libro, La tercera vía. Puentes para el acuerdo (Catarata), que va a presentar cuando tanta gente se teme un choque de trenes o, metáfora más en boga, que un tren se estampe contra el edificio de la estación. “O contra un muro, el del Estado de Derecho –considera–. Aquí un gobierno independentista ha decidido que se tira contra el muro pensando que lo puede derribar. No son conscientes de los efectos. La consulta del 9-N de 2014 no sirvió para nada, pero sí ha tenido efectos: juicios y condenas”.

Son ya parte del paisaje en Cataluña.

Aquí el paisaje es el de una mayoría parlamentaria, 72 diputados, decidida a la independencia y/o la convocatoria de un referéndum, pero que no tiene detrás una mayoría ciudadana, en votos. Y, enfrente, el Estado de Derecho, y también un gobierno de España, del PP, que no ha sido capaz de abrir ni una perspectiva de negociación. Y en medio, los que no estamos en el gobierno ni aquí ni allí, e intentamos que dialoguen. Ahora el Gobierno del PP parece dispuesto a hablar de algunas cosas, pero se han perdido seis años.

¿Se debe negociar con quien te prepara un golpe de Estado?

Se debe negociar siempre, pero no se puede negociar todo. Yo entiendo cuando el Gobierno de España dice que no puede negociar un referéndum de independencia. Pero entre el todo y la nada hay un mundo.

¿Cree que verá una Cataluña independiente?

Creo que no. Primero porque no la quiero. Para un independentista, una Cataluña independiente es un sueño; para mí sería una pesadilla, porque sería tanto como reconocer que no eres capaz de encontrar una relación buena con tus vecinos que no sea separarte. En este mundo, a los países pequeños les convienen hilvanar acuerdos, o se los llevará la corriente. A Cataluña le irá mucho mejor bien encajada en España y Europa que a su aire.

Es usted uno de los puentes más sólidos sobre el Ebro. ¿No son cada vez menos los puentes?

Mi libro lleva el subtítulo Puentes para el acuerdo. Es más momento de puentes que de muros. Aquí hay un 40 por ciento de catalanes que han llegado a la conclusión de que solo hay solución en la independencia; otro 40 por ciento que no quiere oír hablar de independencia; y un 20 que dice: “Depende: si hay acuerdo podemos seguir juntos”. Es verdad que la esfera pública de debate en Cataluña está muy colonizada por los independentistas, y que los no independentistas parecen menos, pero no son menos. Y parte de esos no independentistas no aceptan el inmovilismo actual. La independencia no es deseable, pero quedarnos como estamos tampoco es viable. De ahí el buscar la tercera vía, una renovación del acuerdo constitucional. 

Gabriel Rufián dice que la Constitución se hizo “auspiciada y tutelada por fascistas”

Es una tontería como un piano. Cuando nuestra generación, o las de después, hagan algo tan importante como la Transición, tendrán derecho a criticarla tan ácidamente. He tenido la suerte de conocer a gente que sufrió el exilio o la cárcel. Ramón Rubial, que pasó tantos años en prisión, me decía socarrón: “No es un mérito; no lo decidí yo”. Quitarle importancia a la lucha de esa gente es injusto e infantil. Entonces el Ejército tenía más peso y vocación de intervención que hoy, sí, pero soy partidario ferviente de la Transición. Hay imágenes que aún me conmueven, como la matanza de Atocha, o Pasionaria y Alberti bajando a la mesa de edad del Congreso... A los que critican tanto la Constitución yo les digo que se la lean.

¿Y cómo sería una nueva constitución que le gustara a usted?

En lo territorial, creo que en esa constitución debería haber cuatro erres: la del Reconocimiento a la realidad de Cataluña, que se considera una nación. La R de las Reglas: tras 40 años de desarrollo autonómico se dan aún duplicidades e interferencias, y hay que dejar más claro quién hace qué. La R de los Recursos: la financiación no solo debe ser solidaria; también justa, evitando que una comunidad que aporta mucho acabe teniendo menos recursos que otras que aportan menos. Y la cuarta R es la Representación de las comunidades en un Senado federal. 

En esa constitución, ¿borraría el artículo 2? 

No. Lo cambiaría. En 1978 escribimos “nacionalidades y regiones”. A mí me gusta mucho “nación de naciones”, pero dejando claro que la soberanía recae en el conjunto del pueblo español, y por tanto quitando a la palabra nación ese elemento tabú, que la hace casi sinónimo de Estado, de soberanía y de independencia. 

Hay otra erre, la del Recelo. ¿Cuánta energía ha tenido que dedicar en su vida a pararlo?

Mucha. Y no lo he conseguido. La única vía para una reforma verdaderamente federal en España es la lealtad. El federalismo no es un sistema para separar, sino para unir. Quienes se quieren ir difícilmente podrán federar; y quienes no aceptan la diferencia, difícilmente aceptan el federalismo. Hay recelos absurdos. Una vez, en Madrid, cogí un taxi con un amigo. Íbamos hablando en catalán y el taxista, se ve que no pudo más, nos abroncó. Yo le dije: “Si habláramos en alemán, ¿nos habría dicho algo?”. Me reconoció que no. El hombre no admitía que en España se hablan cuatro lenguas y, por suerte, una común. A quienes aún les cuesta entender la diversidad les recomiendo que miren el escudo de España: entenderán que la historia de España es suma, agregación. Creo en una España unida, pero respetuosa de su diversidad; por eso soy federalista.

¿Y ve un federalismo sincero en el PSOE?

Ahora sí. El PSOE, hace 35 años, no era tan autonomista como hoy. Es cierto que algunos ven el federalismo más necesario y urgente que otros, pero el PSOE a este debate viene con los deberes hechos: en 2013 hicimos en Granada un acuerdo importante, que pilotaron Pere Navarro, Rubalcaba… 

Y en el nuevo pacto PSC/PSOE, tras bordear la ruptura, ¿también ha intervenido Rubalcaba?

Él es de los convencidos de que no hay PSOE sin PSC, ni PSC sin PSOE. 

¿Acaso en la gestora piensan lo contrario?

No, la verdad. La gestora tiene mala prensa, pero yo, que con quien más relación he tenido de la gestora es con Javier Fernández, sé que si él no se llega a poner, esto no se arregla. Tuvimos un desencuentro grande, y resolverlo de inmediato habría sido malo. Él tuvo la idea de crear una comisión, darnos un tiempo de reflexión.

“Por esta senda / no hay nadie que camine: / fines de otoño”, dice el último haiku que ha publicado Iceta en redes sociales. Es de Matsuo Basho, poeta japonés del XVII, su preferido. La afición a los micropoemas le nació a Iceta “a los 17”, leyendo sobre el budismo. “Los haikus me gustan mucho; te colocan en una situación fugaz, frágil”, dice. Ya lleva dos años lanzando un haiku cada noche. Quizá su preferido es “uno de Basho, que evoca el instante y el sonido del salto de una rana en un estanque”. Pero los haikus no han hecho tanto por su fama como el D’ont Stop Me Now de Queen, que bailó en la campaña catalana de 2015. Iceta asegura que la primera vez, ante Pedro Sánchez, no fue intencionada. “Me pidieron una lista de Spotify. Yo tenía 55 años y metí 55 canciones. De Queen, que me gusta mucho, metí ese tema. El equipo de campaña, como sorpresa, me la preparó para cerrar un mitin. Y bailé como algo natural. Pero a partir de ese momento la gente, donde iba, me preguntaba: «¿Hoy bailarás?»”.

¿Y acabó harto?

Sí y no. Aquella campaña era dura; todo el mundo decía que nos iba a ir fatal y, además, yo no había querido ser candidato. Yo tenía poco conocimiento entre los electores por mi poca presencia en televisiones de ámbito español, y el baile me dio una entrada que no había tenido. Corría el riesgo de quedarme en la caricatura, pero en la vida hay tantos riesgos… Al final la gente me recuerda por aquel baile...

Y por decir públicamente que es gay.

En la vida se me habría ocurrido decir en una campaña electoral que soy gay. Pero la organización Vota Rosa me lo pidió. A Jordi Petit le contesté: “Yo no es que salga del armario; en todo caso bajo de la vitrina, porque nunca me he escondido”. Aún me encuentro gente que me suelta: “Gracias por aquello”. ¡Y fue en 1999! 

Ya que rememoramos: cuando el PSC toca poder en Cataluña tras el largo pujolismo, ¿era prioritario, de verdad, reformar el estatuto?

Prioritario no sé, pero si hubiera gobernado CiU habríamos ido también a ese escenario; lo llevaba en su programa. No se apreció lo suficiente que ese proyecto lo dirigiera desde Cataluña alguien comprometido con una idea de España, una idea distinta, pero de España. A Pasqual Maragall no se le ha hecho justicia.

Para un socialista, ¿qué ha de ser más urgente hoy: derribar la reforma laboral o reconocer la plurinacionalidad de España?

Para mí lo más importante es reformar los mercados, hacer que las multinacionales tributen donde obtienen beneficios, que los derechos laborales se homogenicen al alza en el mundo… Pero ahora tenemos una urgencia, el encaje de Cataluña en España, que nos puede hacer descarrilar, y por tanto dedico muchas energías a él. Pero, como socialista, claro que me preocupa hacer valer valores socialdemócratas en una Europa con dudas sobre sí misma.

Lo dice cuando el Reino Unido activa el Brexit.

Estoy convencido de que no pasarán más de diez años sin que en el Reino Unido se den cuenta del error que han cometido..

Pero hoy, los escoceses que no quieran dejar la UE, ¿tienen derecho a otro referéndum?

Sí, si se lo da el Parlamento británico. Allí no hay constitución escrita que diga que la soberanía del Reino Unido recae en el Reino Unido; allí todo depende del Parlamento. Creo que la primera ministra se ha dado cuenta de que su alegría por el Brexit tiene un coste. Ahora no puede decirles a los escoceses que no pueden votar, pues, si lo han hecho una vez, y legalmente, ¿por qué no dos? Esto debería hacernos reflexionar. Un referéndum toma una decisión irreversible en un momento muy concreto. La democracia directa no es la panacea. Los resultados de la democracia representativa suelen ser más sensatos.  | Sigue leyendo.

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