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Hablamos con Miquel Iceta, primer secretario del PSC y candidato a president de la Generalitat de Cataluña

Miquel Iceta: “Hay que sacar a Cataluña de la crónica de sucesos y tribunales”

Fecha: 11/12/2017 ✒Juan José Fernández . Fotógrafo: Alberto Paredes ico favoritos Añadir a favoritos
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Sea cual sea el mapa político que se prevea para después del 21-D, por la casilla que ocupa el líder de los socialistas catalanes pasan los ejes de pacto. Iceta anuncia su propósito de no investir a una figura de la derecha ni hacer presidente a un independentista. Entre sus aspiraciones, devolver la sensatez a la Generalitat, levantar parte del Estatut derribado y promover un encaje federal de Cataluña en España, consciente de que nada de eso es posible sin antes “eliminar el veneno del lenguaje político”.  | Sigue leyendo.

En la Cataluña dividida, donde se ha hecho raro hablar de política en el bar, el territorio donde se rompen los grupos de Whatsapp de compañeros de trabajo y madres de alumnos, y donde las redes sociales albergan pozos de odio, el socialdemócrata barcelonés Miquel Iceta Llorens conserva a sus 57 años la fe suficiente como para verbalizar en la liza electoral un término inédito: “Reconciliación”. Y se dice convencido de que es posible, pese a lo calientes que están aún los acontecimientos vividos: “Creo que tarde o temprano se debe producir, y cuanto antes seamos capaces de conseguirlo, mejor. La independencia divide de una forma radical y profunda a los catalanes, casi por partes iguales según las encuestas. En una situación así, merece la pena hablar, conseguir esa reconciliación”

Esa es la parte primera del proyecto de Iceta para el 21-D. “Hay otras alternativas a la reconciliación, pero todas me parecen peores”, resume, y saca su característica sonrisa tímida de político a quien hasta hace poco no se le pasaba por la cabeza ser candidato, fontanero de la Moncloa de los 90, remendador de decenas de rotos que el debate nacionalista abrió en su partido. Aficionado a los haikus japoneses, es quizá por eso creador de frases redondas, como esta de la precampaña: “Es hora de tender puentes, no de cavar trincheras ni levantar fronteras”

¿Y qué haría un president Iceta para que vuelvan las empresas que se han ido de Cataluña?

Se han ido porque han visto inestabilidad política e inseguridad jurídica. Yo creo que querrían volver a Cataluña, pero, cuando se van, lo hacen porque quieren defender los intereses de sus clientes, y porque responden al clima que se crea en el mercado financiero y bursátil. No conozco a ningún empresario que esté contento porque haya tenido que irse. Hay que hablar con ellos, ver sus motivos para irse y revertirlos, restablecer la sensatez. Ni siquiera los independentistas niegan ya que lo que han intentado hacer tenía unos costes desmesurados. Hay que tener un gobierno que no apueste por la ruptura, que no sea visto como un peligro por los inversores. Hay que sacar a Cataluña de la crónica de sucesos y tribunales. Hay quien ha dicho que se han ido porque se ha enfadado una persona; mire, esto no es así; cuando un banco decide cambiar su sede social es porque ve que los mercados no confían en el, y empieza a caer su rating, y empiezan a moverse depósitos…  

No es nuevo; hubo un precedente: la fuga de empresas de Quebec a Toronto.

Es un precedente no muy bueno. Las empresas que se fueron no volvieron. En los lugares a los que se fueron consiguieron ventajas y una tranquilidad que, por la razón que fuera, Quebec no les ofrecía. Nadie puede pensar que el retorno de las empresas catalanas que se han ido va a ser rápido ni sencillo, ni que esté garantizado.

Dentro y fuera del PSOE se le reconoce a usted como uno de los puentes que quedan entre Cataluña y el resto de España. ¿Cómo reedificaría usted los puentes que se han hundido? 

Si los españoles empiezan a ver que las instituciones catalanas, sus representantes, hablan del resto de España con respeto y cariño, ellos tendrán más motivos para respetar y querer a Cataluña. Esto va en dos direcciones. Si los mensajes políticos que se emitían desde Cataluña eran “nos queremos ir”, “nos estáis robando” y “somos mejores que vosotros”, lógicamente se generaba una reacción negativa. Si cambiamos esos mensajes, lógicamente se pondrán las bases para que la gente vea que merece la pena seguir apostando por Cataluña, que es un factor de progreso para toda España. Hay que eliminar el veneno del lenguaje político, que ha causado esa cierta ruptura sentimental. 

Propone una hacienda catalana de corte federal. El socialismo catalán y usted son los máximos promotores de la reforma federal. ¿Se puede hacer sin que los castellanos, los murcianos o los gallegos sientan necesidad alguna de cambiar la Constitución?

Yo creo que los ciudadanos de cualquier comunidad, si se les dice que el sistema va a funcionar mejor con esa reforma, apostarán por ella. Hay aspectos de la reforma federal que no tienen que ver estrictamente con Cataluña. Hay duplicidades, interferencias, conflictos competenciales entre las comunidades y el Estado, y hay un mecanismo que puede resolverlo. Una cosa es que haya gente que no sienta la necesidad, y otra que la gente no quiera mejorar. Eso lo quiere mucha gente. El federalismo mejora la eficiencia y la eficacia del sistema autonómico.

El exconseller de Interior y exdirigente de Unió Democrática Ramón Espadaler va en su lista. ¿Qué es lo más parecido que puede haber entre su forma de pensar y la que pueda tener un nacionalista como Espadaler?

En general, poco: yo no soy nacionalista. Pero en lo concreto ambos queremos más autonomía, mejor financiación y un protagonismo en la reforma del Estado, que lleve a una reforma constitucional federal. Él tiene una aproximación nacionalista y yo la tengo federalista.

El 21-D dependerá de esa mayoría silenciosa, que en pasadas elecciones fue una mayoría perezosa. ¿Qué hará usted para motivarla?

En las últimas elecciones al Parlament hubo una participación bastante alta. Y ahora puede llegar al 80 u 81. Creo que la movilización de todo tipo de electorado ahora en Cataluña es muy alta.

¿Hasta cuándo el voto en la Cataluña rural valdrá el doble que el de un votante urbano?

Hemos propuesto muchas veces un sistema electoral que permitiría igual valor de los votos y una representación territorial adecuada mediante mecanismos de compensación. Pero en Cataluña, una ley electoral requiere dos tercios del Parlament, y nunca hemos conseguido un acuerdo tan amplio. Hay partidos que salen beneficiados de la ley electoral actual, y no tienen aliciente para cambiarla. 

Usted, que trabajó para las campañas electorales de otros antes de encabezar la suya propia, ¿sabe si estar encarcelado da votos?

No lo sé. Pero es verdad que para mucha gente ese encarcelamiento [el de Oriol Junqueras] es una decisión injusta, y que la injusticia a veces mueve a la solidaridad;  por tanto, no se puede descartar que así sea. A nosotros también nos pareció una medida desproporcionada. Dictar prisión cuando aún no ha habido juicio ni sentencia es una medida que debe estar muy justificada, y nosotros creemos que en este caso no lo está. Pero los políticos tenemos una especial obligación de demostrar con hechos que respetamos la división de poderes y las decisiones judiciales aunque no nos gusten. Yo en este tema intento ser muy prudente y remarcar mi acatamiento a las decisiones judiciales.

No solo hay un candidato encarcelado; hay otro elemento anómalo en el 21-D, y es el papel que pueda jugar la mentira en campaña...

Sí, ahora lo llaman postverdad. En las campañas siempre ha habido cierta exageración de las propuestas, pero mentira pura y dura no debería haber. El proceso independentista ha incorporado mentiras muy gordas, y que ahora han quedado en evidencia. Presentaban este proceso como una cosa tranquila y rápida, normal y sin costes; y se ha visto que tiene muchos obstáculos y costes, y que ha fracasado en sus objetivos. Yo espero que, en la reformulación de sus objetivos, los independentistas sean capaces de incorporar una imprescindible revisión: que les ha ido muy mal, y que al país le ha ido muy mal. No les pido que renuncien a su objetivo, pero lo han de plantear en otros términos, con instrumentos y plazos muy distintos.

Yo me refería a mentiras concretas, como que el Estado iba a sembrar de muertos Cataluña.

Hay mentiras difíciles de desmontar, pero en este caso, fíjese: si eso era así, ¿cómo es que declararon la independencia? ¿Les daba igual? A quienes mienten hay que ponerles frente al espejo. En política uno puede cometer errores, pero no regodearse en ellos. El movimiento independentista ha empezado a decir cosas... Ha dicho una muy gorda: “No teníamos mayoría”. Para mí es una afirmación grave, porque viene a decir que estaban dispuestos a imponer una propuesta minoritaria a la mayoría. Eso en democracia no es aceptable. Espero que empiecen a reconocer que se han equivocado. No creo que ningún independentista quisiera para el proceso un final tan triste como el que ha habido, y con tales costes económicos. 

¿Y si se repite una mayoría independentista?

Eso no lo sabe nadie. Algunos dan por hecho una repetición de resultados, pero me resisto a pensar que todos los que confiaron en el independentismo repitan su voto, después de ver lo que ha pasado estos dos años.

La aplicación del artículo 155 ¿ha sido como los socialistas esperaban?

Sí, porque ha sido para la convocatoria inmediata de elecciones. Nosotros habíamos dicho: “Ni DUI ni 155, elecciones”. Se ha producido la DUI y se ha aplicado un 155 que lleva a elecciones. La prueba es que todos los partidos catalanes, incluidos los independentistas, se presentan a ellas. En vez de haberlas tenido que convocar Rajoy en aplicación de ese artículo, debería haberlo hecho Puigdemont, y nos habríamos ahorrado muchas cosas. El 155 ha promovido la restauración de la legalidad y la convocatoria de las elecciones, pero no resuelve en sí el problema del encaje de Cataluña dentro de España, que sigue pendiente. A ese problema habremos de darle respuesta desde la política.

Para iniciar campaña ha elegido el feudo socialista de L’Hospitalet, y para terminarla, la obrera Cornellà, y con Cataluña liderando el ascenso del paro. ¿Qué lección debe extraer el ciudadano de clase trabajadora de lo vivido en Cataluña?

El proceso independentista ha polarizado a la sociedad, y ahí han sufrido las posiciones más templadas. Ahora quizá algunos que confiaron en los extremos vean que el coste de este proceso ha sido muy alto, y que merece la pena volver a la moderación. Si se marchan las empresas y hay menos actividad económica en Cataluña, los trabajadores pierden su empleo, o los empleos que podrían crearse. Las grandes fortunas tienen mecanismos para minimizar los costes de un proceso como este, pero la clase media y trabajadora paga el pato, es la principal víctima del procés, ve peligrar sus ingresos, o su pequeño ahorro. La imagen que ha estado dando Cataluña los dos últimos años no es la de un sitio deseable para invertir, sino la de un sitio marcado por la inestabilidad, y el capital no suele optar por un lugar así. 

Propone que la educación, la lengua y la cultura sean competencia exclusiva de la Generalitat. ¿Eso no es abonar el problema?

Si se hacen las cosas bien, no. Si eso sirviera a una política de exclusión del castellano, sería terrible, un grave error. El castellano es la lengua habitual de más de la mitad de los catalanes, y pretender borrar eso es ir contra la gente y ahondar la división. Y Barcelona debe seguir siendo capital de la edición en castellano. Si pedimos especial atención a la lengua y la cultura no es para practicar una política de exclusión, como algunos talibanes del independentismo han dibujado, sino para hacer de las lenguas, la cultura y la educación palancas de progreso.

Ya que hablamos de educación y cultura, una pregunta que describe al candidato: ¿existió alguna vez la corona catalano-aragonesa?

Existió la corona de Aragón, sí, claro. Los independentistas a veces pretenden que esa fue la independencia de Cataluña, cuando realmente Cataluña nunca fue independiente. Siempre formó parte de la corona de Aragón, o la confederación catalano-aragonesa que dicen algunos, que es la demostración de que Cataluña, por sí sola, nunca fue la entidad independiente que se valiera por sí misma; siempre se ha unido a otros. Yo siempre les digo a los independentistas una cosa que no les gusta: Cataluña ha tenido dos ventajas, y una es que está de Pirineos para abajo. A los que dicen que España es muy centralista, les digo “pues mira, si llega a estar de Pirineos para arriba, seguramente, por no haber, ya no habría ni problema catalán”. Y la otra ventaja de Cataluña es que tiene una ciudad como Barcelona. Otros territorios de personalidad acusada, como Occitania, hoy no existen porque no tenían una capital tan potente. Los independentistas siempre han tenido miedo a Barcelona y al resto de España, cuando Barcelona y España son factores de influencia y prosperidad que a Cataluña le vienen muy bien.

¿De qué sirve recuperar preceptos del Estatut declarados inconstitucionales, como propone en su programa?

Nosotros partimos de que fue una anomalía importante que un estatuto que fue votado por los ciudadanos fuese alterado después. Eso ha creado una herida democrática. Y, para curarla, la gente ha de ver que se restaura lo que votó. | Sigue leyendo.

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