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Juan José Millás, escritor y colaborador de interviú, conversa con el cofundador de Podemos en su casa del barrio de Argüelles

Monedero: "La política y la verdad son incompatibles"

Fecha: 14/03/2016 Juan José Millás / Fotos: Pablo Vázquez ico favoritos Añadir a favoritos
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"En el PSOE, si no eres cobarde, no prosperas". Juan Carlos Monedero, uno de los fundadores de Podemos, no da puntada sin hilo. En una entrevista realizada en su casa del barrio madrileño de Argüelles por el escritor Juan José Millás, Monedero considera "un error" llevar dos meses enredados "en un juego de salón" en referencia a las negociaciones, encuentros y mensajes para formar gobierno. | Sigue leyendo.

Juan Carlos Monedero vive en una calle tranquila y algo oculta del barrio de Argüelles de Madrid, muy cerca de Moncloa, desde donde tarda cinco minutos en llegar a la Facultad de Políticas y Sociología si va en moto, y diez si toma el autobús. Su piso, muy antiguo, de los de techos altos, tiene tres estancias: un salón grande, la cocina, el cuarto de baño y el dormitorio, que se suceden en ese orden. Significa que para ir del salón al dormitorio, y viceversa, hay que atravesar la cocina, que actúa así de frontera entre las dos zonas de la casa. En esa frontera, casi con un pie en el salón (la zona pública) y otro en el dormitorio (la zona privada), hace gran parte de su vida el cofundador de Podemos. Allí es donde me recibe también a las diez de la mañana de uno de los días más fríos de este invierno. En una de las paredes de este lugar fronterizo hay una gran pizarra, como las que usan los generales de las películas para dibujar sus estrategias. La de Monedero está llena de papeles garabateados y sujetos a la superficie blanca con imanes. En los espacios libres hay notas de diversos colores imposibles de interpretar. El galimatías de la pizarra es un reflejo del que se observa en el resto de la casa, repleta fundamentalmente de libros que avanzan peligrosamente desde las altas estanterías del salón hacia la zona del dormitorio. Pero hay objetos también: pinturas, fotografías, una pequeña colección de platos de cerámica, unos muñequitos de plástico que representan, entre otros, a Harpo Marx y a Carpanta… ¿Hay orden dentro de ese abigarramiento? Sí, lo hay. De hecho, el profesor encuentra el libro que busca y la bolsa de té que le solicita el invitado. ¿Hay limpieza? También. Monedero asegura que ha pasado el polvo para mí, pero se percibe en el cuarto de baño, por ejemplo, una pulcritud de fondo, deudora de un mantenimiento regular. Como no tiene asistenta y suponemos que vive solo por el cepillo de dientes único, cabe suponer que el profesor ha desarrollado una cierta pericia en el desempeño de las tareas domésticas.

Juan Carlos Monedero vive en el barrio de su infancia, muy cerca de donde su padre regentaba un pequeño híbrido de bar y ultramarinos en el que trabajaba toda la familia. Ha viajado mucho y muy lejos, pero siempre regresa aquí, al lugar del crimen (es un decir), donde le sucedió una anécdota que todavía recuerda. Dice que un día, al salir del colegio, tuvo que llevar un pedido a la casa de un capitán general. Le abrió la puerta la esposa del militar, que le preguntó qué notas había sacado porque iba al mismo colegio que su hijo.

–Le contesté –añade Monedero- que lo había aprobado todo y la señora le dio una colleja a su hijo al tiempo de decirle: “Hasta el niño de la tienda aprueba y tú no”.

Dice que se sintió humillado, pero que en líneas generales es un hombre sin rencor, incluso sin rencor de clase. Lo dice con más frases, con muchas oraciones subordinadas, y con prosodia, claro, porque Monedero es profesor en la facultad citada más arriba (profesor carismático, para más señas) y está acostumbrado a hacer exposiciones largas y brillantes. De hecho, había pensado comenzar la entrevista preguntándole si comprendía el mundo, para que me lo explicara, pero no fue necesario. Me lo explicó de manera espontánea. Monedero comprende el mundo, en efecto, y está poseído por una pulsión didáctica que es buena para la vida, pero que dificulta mucho la transcripción de una entrevista, pues al final no sabe uno por dónde cortar. Llevaba hablándome 15 o 20 minutos cuando tuve que interrumpirle.

–Procedamos con orden –le rogué.

Estaba explicándome que el día en el que prometieron los diputados y diputadas de Podemos tuvo la impresión de que cerraba una etapa de su vida a partir de la cual pensaba reconstruirse de nuevo sobre tres patas: la académica, la del trabajo intelectual comprometido (a la que se refiere como “la pata Vázquez Montalbán”) y la del apoyo crítico a Podemos.

Cuando le pregunto si no siente cierta frustración por haberse quedado fuera de ese Parlamento, responde que no.

-Hay una incompatibilidad entre la política y la academia -aclara-, me atrevería a decir que entre la política y la verdad. Tienes que escoger si eres más amigo de Platón o de la verdad. Por ser amable, diría que en política tienes que ser prudente en la administración de tus silencios, mientras que en el trabajo intelectual es al revés. Lo que te hace astuto en la reflexión intelectual te hace impertinente en la vida política. Yo lo que quiero es, como Machado, hablarle a Dios un día, y eso es incompatible con Juego de tronos.

Hablando de Juego de tronos, ¿cuál es la naturaleza de su relación con Pablo Iglesias?

Yo soy el viejito de Podemos, tengo 53 años, lo que pasa es que como soy lento no se me nota. Pablo tiene 38 o 39. Carolina, Rita, Espinar, Ardanuy… todos son alumnos míos. Pablo no, porque él hizo Derecho y tenía otros horarios. Yo era uno de los profesores de referencia y siempre que querían hacer un acto en la facultad contaban conmigo.

Bien, ¿y cuál es la naturaleza de su relación con Iglesias?

Yo me considero amigo de Pablo, con mucha sintonía y también con discrepancias intelectuales que hemos plasmado en un libro. Pablo hizo un libro sobre Juego de tronos. Yo siempre he dicho que soy más de Galeano que de Juego de tronos y por eso incluso ahí hay una discrepancia política.

¿En qué se traduce?

Podríamos resumirla en que a él le gusta más la táctica y a mí me gusta más la estrategia.

¿Qué entendemos por táctica?

El cómo. 

¿Y por estrategia? 

El para qué. Pero el problema de este tipo de frases apodícticas es que da la impresión de que a él se la sopla la estrategia y a mí me resbala la táctica. Y no es verdad, están las dos ahí.

Pero es una diferencia de fondo importante.

Sí. Tiene que ver con que él, por ejemplo, está en el Parlamento y yo no. Para que veas que somos coherentes. Aunque también te digo que así como yo aprendo mucho de la importancia de la táctica, Pablo suspira por regresar a la estrategia.

Pero la vida le ha llevado por otro lado.

Bueno, intentamos ser coherentes mientras envejecemos. Pablito ha envejecido estos dos años, lo que es de destacar en gente que no nos vamos a dedicar profesionalmente a la política, porque eso está en el corazón de la definición de Podemos. Una periodista me preguntó: “¿Y tú qué has sacado de todo esto?”. Me pareció una pregunta devastadora por la falta de empatía. Ella se dio cuenta enseguida y me dijo tres veces: “No, bórralo, bórralo, bórralo, no lo he dicho, no lo he preguntado”.

¿Y qué ha sacado usted de todo esto?

El saludo de los diputados cuando prometían, el abrazo de Pablo, y que la gente me diga por la calle: “Gracias por habernos devuelto la ilusión”. A ver quién puede comprar eso con dinero.

Toda la entrevista en la edición digital de interviú. ¡Bájatela! 

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Comentarios recientes

  • de centro del universo a lugar vergonzante 14/03/2016 12:03

    Efectivamente. Hay que ser algo o muy psicópatas para gobernar el mundo, porque el mundo está horroroso de mal montado. Arrastrando cadenas desde sus inicios y ni siquiera somo scapaces de mejorar un poco en algo. Incapaces de romper fronteras, de acabar con lso pensamientos cuadriculados, cargando con creencias fanáticas, sectarismos ideológicos, cerrazón... todo envuelto en tráfico de armamento ... Y la energía otra... Un fracaso este planeta. Un auténtico fracaso.

    Comentario fuera de tono

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