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En un mes cuatro personas han fallecido esperando la llegada de los servicios de emergencia

Morir esperando la ambulancia

Fecha: 13/02/2017 Nieves Salinas. ico favoritos Añadir a favoritos
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José Luis y Tania murieron de un infarto. Sus familias, rotas, relatan la angustia mientras esperaban la llegada de los servicios de emergencia. En Cataluña investigan la muerte de Julieta, de 8 años, en un hospital de Girona mientras llegaba un dispositivo pediátrico. “A muerto pasado, se buscan soluciones”, critican desde Aragón, donde falleció un anciano el 25 de enero. Faltan ambulancias medicalizadas, fallan los tiempos de respuesta, no hay desfibriladores o los vehículos van sin médicos, denuncian en Galicia, Euskadi, Andalucía o Canarias. | Sigue leyendo.

José Luis González atiende a interviú mientras prepara viaje. Roto de dolor –“perdón si no puedo hablar”, se excusa–, relata que la vida ha vuelto a golpearle: “Mi mujer lleva años enferma de cáncer”, cuenta. En unas horas, dice entre sollozos, vuela a Lanzarote para sustituir a su hijo, José Luis González, Júnior, que, en realidad, es quien debería estar en la isla trabajando en el rodaje de un spot con la empresa familiar de maquinistas y grúas para cine y televisión. Sin tetas no hay paraíso, Hermanos y detectives, Severo Ochoa, Hospital Central, Cuando vuelvas a mi lado… son algunos de los muchos títulos que figuran en su currículo.

No ha podido ser. Júnior murió el 21 de enero tras caer desplomado en una celebración familiar en un parque de bolas de Velilla de San Antonio (Madrid). Había sufrido un infarto. Su padre denuncia que estuvieron más de 40 minutos esperando una ambulancia del Servicio de Urgencias Médicas de Madrid (Summa 112). En la Consejería de Sanidad rebajan el tiempo de espera a 17 minutos desde que se recibe la llamada en el 112. “Fue todo un cúmulo de despropósitos”, insiste José Luis, que estos días intenta que el Summa aclare lo sucedido. Porque, por si fuera poco, asegura, hasta el pasado diciembre el pueblo contaba con otra ambulancia de Protección Civil, con base “apenas dos calles más allá”, que, de haber estado operativa, hubiera podido salvar la vida de su hijo.

El Ayuntamiento de Velilla matiza: “El servicio que prestaba la Asociación de Voluntarios de Protección Civil, en coordinación con Summa 112, consistía en el traslado de pacientes y según los casos en asistencia, por medio de técnicos en emergencias, pero no dispone de médicos o enfermeras. Este servicio siempre se prestaba cuando el centro de salud de la localidad permanecía cerrado. Nunca ha sido un servicio de 24 horas los 365 días del año”.

Horas después de la muerte de José Luis, se conocía el fallecimiento de Julieta, una niña de ocho años, en el Hospital Comarcal de Blanes, mientras esperaba una ambulancia pediátrica para su traslado al Hospital Trueta de Girona. 

Escasez de medios

Son muertes que remueven los trágicos recuerdos de Marcial, el padre de Tania Arocha, de 33 años, fallecida hace poco más de medio año, tras sufrir, también, un infarto en su casa de Morro Jable, al sur de Fuerteventura, a cien kilómetros del único hospital, público, de la isla. Tania murió sin recibir asistencia de emergencia porque, en aquellos días, la isla no contaba con ese tipo de asistencia. Por recortes, se había suprimido en 2015. “Fue lamentable. Hasta la Guardia Civil tuvo que salir a un centro de salud cercano para que alguien atendiera a mi hija. Cuando por fin llegó una ambulancia, hora y media después, no tenía médico. Fue un enorme sufrimiento”, cuenta Marcial. Desde hace cinco meses espera una respuesta a un escrito enviado a la Seguridad Social a través del Cabildo para aclarar las circunstancias de la muerte. 

“No son casos aislados. Los que nos llegan son solo una mínima parte de lo que sucede”, advierte Carmen Flores, presidenta de la Asociación Defensor del Paciente. La entidad, entre 2016 y lo que va de 2017, ha contabilizado a través de llamadas o correos, reclamaciones de hasta 39 fallecimientos relacionados con “retrasos o no llevar médico o medios siendo ambulancias convencionales y no uvis”. “Es desesperante”, añade María Antonia Moral, presidenta de la Asociación de Víctimas de Negligencias Médicas (Avinesa), que explica que en un año han tenido conocimiento de hasta cuatro muertes en la Comunidad de Madrid relacionadas con fallos o retrasos en transporte sanitario. La última, el 5 de enero. 

Desde Cataluña, Galicia, Canarias, Aragón o el País Vasco, políticos, técnicos de emergencias y asociaciones de pacientes critican la falta de dotaciones en transporte sanitario urgente, la escasez de medios materiales y humanos en las ambulancias o los recortes que han acabado de un plumazo con dotaciones existentes.

“Álava es la hermana pobre del País Vasco. Mientras en Vizcaya o Guipúzcoa tienen cuatro ambulancias medicalizadas, aquí solo tenemos una, siendo la provincia más extensa”, se queja Ana Salazar, procuradora de las Juntas Generales de Álava por el PP. La formación exige al Gobierno vasco que ese territorio, con 320.000 habitantes, disponga al menos de las mismas unidades que las provincias vecinas. El pasado agosto murió en el Hospital de Cruces de Bilbao un bebé sietemesino. El niño llegó a ese centro tras haber sido evacuado desde su casa de Salburua (Vitoria) por la Policía Local hasta el Hospital de Santiago, en la capital, por la falta de ambulancias, según sindicatos sanitarios.

Políticos y asociaciones aluden a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS): una ambulancia medicalizada por cada 120.000 habitantes. “Es complicado establecer baremos. Dependen de diferentes parámetros y no son unidades aisladas, sino integradas dentro del sistema sanitario de cada comunidad autónoma”, matiza Fernando Prados Roa, responsable de Catástrofes de la Sociedad Española de Medicina de Emergencias (Semes). Prados Roa pone orden en las diferentes dotaciones de transporte sanitario: unidades asistenciales (atienden al paciente en la ambulancia) o no asistenciales (trasladan al paciente para ser atendido). Entre las asistenciales, aclara, están las de soporte vital básico (SVB) –van dos técnicos de emergencias sanitarias– y las de Soporte Vital Avanzado (SVA) –también conocidas como uvis o medicalizadas–, en las que viajan siempre, “al menos, una enfermera y un técnico, y un médico en el caso que se requiera”. 

Morir en el camino

El último estudio de la Semes sobre unidades de SVA en España data de 2008. Entonces se contabilizaban 362, de las cuales 327 eran terrestres y 35 aéreas. En algunas comunidades, las cifras apenas se han movido. En la valenciana, por ejemplo, según datos de la consejería, hay actualmente 47 unidades del Servicio de Ayuda Médica Urgente (SAMU), dotadas de un técnico sanitario, un enfermero y un médico. Según el estudio de la Semes, en 2008 había 44 dotaciones de SVA. Tres menos que en la actualidad.  | Sigue leyendo.

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