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Morir olvidados en el silencio

Fecha: 22/01/2007 Mariola MORENO ico favoritos Añadir a favoritos
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En la próxima década, sólo en la comarca de Ferrol 1.000 personas fallecerán víctimas de un cáncer derivado de la exposición al amianto, un componente altamente tóxico, empleado como aislante y cuyo uso no fue prohibido en la UE hasta 2005.

Xurxo LOBATO

Mi relación con el amianto comienza el día que me doy cuenta de que mis pacientes se me iban muriendo”, explica Carlos Piñeiro, entonces médico en Ferrol (A Coruña). “Trabajaban en los astilleros y me llegaban con síntomas de asfixia”, añade.

El amianto es un mineral de uso muy común en sectores como el naval, la construcción y la automoción, dada su resistencia a las temperaturas extremas. Su manipulación conlleva la liberación de un polvo que acaba por alojarse en los pulmones.

Juan Ángel Ocarranza trabajaba como pintor en las antiguos astilleros públicos de Bazán cuando en una revisión le detectaron amianto en un pulmón. Se lo extrajeron parcialmente. Tenía poco más de 50 años y llevaba 30 trabajando. Juan Ángel retomó su actividad hasta que su otro pulmón también se vio afectado. Murió seis meses más tarde.

El padre de Jesús Vigo, Víctor, entró a trabajar en la escuela de aprendices del astillero a los 14 años, empresa que no abandonó hasta los 59. “Jamás había padecido ningún tipo de enfermedad hasta que empezó a quejarse de dolor en un costado”, cuenta Jesús. Le diagnosticaron “artrosis y descalcificación ósea”. Falleció un mes más tarde, de cáncer. La autopsia determinó que la muerte se la causó “un mesiotelioma maligno”, una de las enfermedades –junto a la asbestosis y el cáncer de pulmón– provocadas por la exposición al amianto.

“En España se detecta un caso de mesiotelioma por cada millón de habitantes; en Ferrol, cinco por cada 100.000”, explica el doctor Piñeiro. El 1 por ciento de los que lo padecen fallecen. Ese porcentaje se multiplica por ocho en la comarca ferrolana. La explicación se encuentra en la incidencia de sectores como el naval o el de la automoción en Galicia, según CC OO. Son las mismas fuentes que hablan de más de 2.500 enfermos de asbestosis en la comunidad, en su mayoría trabajadores de astilleros. El hospital Arquitecto Marcide de Ferrol cifra en 850 el número de estos enfermos que tratan y a todos ellos los atiende una sola neumóloga (ver recuadro). Llama la atención que en las estadísticas del Ministerio de Trabajo no figure ninguna defunción por asbestosis en los años 2004 y 2005. Aunque fallecidos como Juan Ángel o Jesús nunca fueron conscientes de la peligrosidad que entrañaba el polvillo que respiraban a diario, sí que llegaron a intuirlo. “La gente sabía que algo pasaba, pero no tenían opción”, explica uno de los huérfanos.

El amianto, empleado como aislante, quedó prohibido en España en 2002, después de emplear más de 2,5 millones de toneladas. Para Alfonso Tellado, responsable de Salud Laboral de la CIG, “el peligro de exposición sigue existiendo porque sólo el 10 por ciento del amianto es reciclado”. Ante la falta de reconocimiento y “el mutismo generalizado”, los afectados y sus familias se hallan inmersos en interminables procesos judiciales para reclamar indemnizaciones y pensiones porque creen que “o en las empresas no se hicieron los reconocimientos médicos con la seriedad que los trabajadores merecían, o hubo ocultación de datos”, explica el doctor Piñeiro.

Guillermo Zaragoza, prejubilado de Astano, asegura sin embargo no tener “ningún resentimiento”. A pesar de que, como José Luis Castro, se siente “sentenciado” a muerte. A Castro, de 62 años, le diagnosticaron asbestosis y ha visto reducida su capacidad pulmonar en un 40 por ciento, lo que le obliga a mantenerse enchufado a una máquina durante ocho horas cada noche. “Mi vida normal es un calvario”, resume, sin dar muestras de desánimo. Comenzó a trabajar en el sector naval apenas cumplidos los 15 años, en contacto continuo con el mineral.

“Nunca hicieron ningún control. No teníamos mascarillas ni guantes con que protegernos”, insiste en aclarar Guillermo Zaragoza. El desconocimiento era tal que, según otro ex empleado de Astano, Jesús Castiñeira, “de madrugada, mientras tomábamos el bocadillo, nos guarecíamos del frío con las planchas de amianto”. Castiñeira también está contagiado. “Como el 95 por ciento de los trabajadores”, relata Jesús, uno de los primeros en acudir al médico, que, según él, le recetó “zumo de naranja y paciencia”.

Paulino Pereira, de 56 años, compañero de profesión y también enfermo de asbestosis, perdió a un hermano “por cáncer invasivo multiorgánico”. “Dudo bastante de que los astilleros desconocieran lo que estaba sucediendo”, interrumpe Emilio Rodríguez, otro ex trabajador afectado, que piensa que, con las prejubilaciones de Bazán de 1999, la empresa “se quitó un problema de encima”.

Sentenciados o no a morir de amianto, “el problema de estos enfermos es que de aspecto están bien, parecen sanos. Aunque se estén muriendo en silencio”, concluye el médico de familia.

Una neumóloga para 850 pacientes

Una de las principales reivindicaciones de la Asociación Galega de Víctimas do Amianto (Agavida) es la creación de una unidad médica para tratar a los enfermos de asbestosis, que sólo en la comarca de Ferrol (160.000 habitantes) superan los 2.500, según aclara Cristóbal Carneiro, presidente de la asociación y huérfano de un trabajador de los astilleros. 850 de estos pacientes están siendo tratados por una única neumóloga, Carmen Diego, en el Hospital Arquitecto Marcide. Otra segunda opción para pasar consulta es el Instituto de Silicosis de Oviedo, a varios cientos de kilómetros. Las víctimas del amianto a los que atiende la doctora se someten a un protocolo de vigilancia periódico fijado por Sanidad, “dada la prolongada latencia de la enfermedad”, puesto que, según indica la neumóloga, “la mayoría de los pacientes son asintomáticos, aunque no es raro que sufran disnea o sensación de fatiga constante y tos persistente”. A pesar de que en el hospital ferrolano, según reconoce Carmen, “podrían hacer falta más profesionales” para atender a los afectados, la neumóloga insiste en que los medios de que dispone el centro son los mismos que los existentes en el instituto de referencia ovetense.

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