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Crece la tensión en la policía catalana por la campaña que despliegan los agentes separatistas

Mossos contra la ley

Fecha: 18/09/2017 Juan José Fernández ico favoritos Añadir a favoritos
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Ya no hay calma disciplinada entre los mossos d’Esquadra, sino un ambiente cada vez más enrarecido, y silencios incómodos entre compañeros. Como en la sociedad catalana, un bando hace ruido y el otro calla. Los mossos independentistas han intensificado una campaña de proselitismo en las redes y conversaciones privadas, llamando a la desobediencia de las instrucciones de Fiscalía el 1 de octubre. Sus mensajes podrían integrar una próxima denuncia por sedición. Mientras, por primera vez en la policía catalana, los subordinados no tienen del todo claro qué va a hacer su jefe. | Sigue leyendo. 

El sargento que dirigía la reunión preparatoria del turno de noche del pasado miércoles en una comisaría periférica de Barcelona no se limitó a dar novedades sobre la alerta antiterrorista o matrículas de coches robados. En el briefing comentó también que la fiscalía que citó al mayor de los mossos, Josep Lluís Trapero, y le dio instrucciones para el 1-O “está politizada”.

La anécdota ha circulado por grupos de WhatsApp de mossos no nacionalistas. El comentario, relatan esos mensajes, no fue recibido con el tenso silencio de otros momentos; los más jóvenes de la sala se lo contestaron secamente al sargento. “Casi se lo comen”.

El incidente da idea de la creciente tensión que viven los Mossos d’Esquadra. Como en el resto de la sociedad catalana, se ha instalado entre ellos la división en torno al referéndum ilegal del 1 de octubre. “El clima se ha enrarecido. En los escamots (grupos de trabajo) se prefiere dejar de lado el tema si te paras a tomar café”, relata un veterano de Tráfico en Girona. El silencio, más bien espeso, reina entre compañeros. “El ambiente que hay en el Cuerpo es de calma disciplinada, a la espera de acontecimientos, y poco más”, describía al comienzo de septiembre Valentín Anadón, el portavoz del SAP-FEPOL, sindicato mayoritario entre los mossos. Hoy, esa central sindical, como otras, prefiere no hablar. “Entre compañeros últimamente estamos tan callados como la sobremesa de una familia vasca en Nochebuena”, ironiza un mando intermedio de origen guipuzcoano, que sabe bien cómo la política rompe familias. 

En este silencio destaca el ruido que están haciendo los mossos independentistas. Su hashtag #FidelACatalunya (Fiel a Cataluña) no ha tenido éxito en Twitter, pero sí ha encontrado eco notable en las redes sociales la difusión desde el 7 de septiembre de la foto que abre este reportaje: un policía catalán saluda a una estelada. “¿Con cuál te quedas? Estelada o estanquera”, da a elegir a sus seguidores entre la enseña separatista y la bandera española Albert Donaire, joven agente de Seguridad Ciudadana destinado en Ripoll (Girona), activista de una asociación de policías gais, aspirante frustrado en un concurso televisivo de promesas de la canción e hijo del exalcalde convergente de La Cellera de Ter (en la misma provincia). Es su particular pie de foto.

Albert Donaire lidera Mossos per la Independència (MxI), una sectorial de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), nacida al calor de las movilizaciones por la consulta del 9N de 2014, cuando el secesionismo mostraba su máxima capacidad de convocatoria. En 2016, para amparar bajo la libertad sindical campañas que podrían ser sancionables –como el uso para logos y camisetas del escudo del cuerpo decorado con una estelada–, se cobijó en Intersindical-CSC, la central más soberanista de Cataluña, que anima a los funcionarios a rebelarse contra las instrucciones de los jueces y el gobierno central. 

En el clan, hasta recientemente destacaba con un discreto liderazgo el subinspector destinado en Lleida Xavier Ribelles, que se pronuncia pública y abiertamente partidario de la ruptura con España. En Girona, ha sido el líder el agente Sergi Mir, que ha cambiado la policía por un puesto de concejal en Caldas de Malavella por el PDeCat. 

 

Denuncia

En su argumentario de presentación, MxI anima a los policías a afiliarse con estos dos argumentos: MxI “no incumple ninguna legalidad. Somos una entidad civil sin ánimo de lucro, bajo una gran infraestructura que es la Assemblea Nacional Catalana, por tanto bajo un NIF” y “El hecho de pertenecer a una entidad ecologista, deportiva o cultural no supone absolutamente nada, permite decir con total seguridad que por pertenecer a Mossos per la Independència no pasa absolutamente nada”.

No lo suscribe un grupo de agentes de la policía catalana que estos días recopila datos y pronunciamientos de sus colegas separatistas con la intención, que aún debaten, de llevarlos a la Fiscalía por participación en un delito de sedición. El artículo 545 del Código Penal prevé penas de prisión de hasta diez años para quienes “hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición”. El grupo está muy atento a reuniones en las que los mandos sondeen a subordinados sobre el 1-O.

Unos mossos vigilan a otros. Y algunos se pegan puñetazos por los rincones de Internet. Donaire, de hecho, ha atraído sobre sí un aguacero de insultos e invectivas. No solo espontáneos participan en el linchamiento virtual; también algunos de sus compañeros y miembros de otras fuerzas de seguridad. “No voy a Barcelona por noverle la cara a hijos de puta como tú”, le espetaba el pasado viernes en Twitter un Tony que se identifica como guardia civil. “Eres la vergüenza del cuerpo. Si te encuentras conmigo, quizá te lleves una sorpresa”, le reprochaba un supuesto mosso d’Esquadra. 

A tanto encono ha contribuido, explican fuentes del cuerpo policial, la última “provocación” de Donaire: hacerse una foto en la última diada, abrazado al dirigente de la CUP David Fernández. La CUP es la fuerza política que más ha atacado a los mossos, y la que más se ha enfrentado físicamente a sus antidisturbios. 

Pese a la visibilidad de MxI, el grueso de los mossos rebeldes no está afiliado a esta organización –de la que no ha trascendido su cifra real de militantes–, sino disperso entre los 17.000 integrantes del cuerpo. “Y se han venido arriba”, comenta un sindicalista. A dirigentes socialistas catalanes ha llegado, sin posibilidad de confirmación, que en el proselitismo de desobediencia a los tribunales el 1-O han participado mandos intermedios en conversaciones petit comité en la Cataluña interior. La consigna que trasladan se recoge bien en el eslogan de uno de los carteles que MxI difunde por Internet: “Protegemos personas, no detenemos urnas”. Los mossos que lo han relatado a amigos del PSC no han querido ir más allá.

La ley 10/94, de la Policía de la Generalitat, ordena a los mossos actuar “en el cumplimiento de sus funciones, con absoluta neutralidad política e imparcialidad” y aclara que “en ningún caso la obediencia debida podrá amparar órdenes que entrañen la ejecución de actos que manifiestamente constituyan delito o sean contrarios a la Constitución o a las leyes”| Sigue leyendo. 

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