Enfermedades respiratorias, cáncer, irritación en la piel, picor de ojos y nauseabundos olores. Los vecinos de Muskiz sufren todo esto tras 30 años con una refinería a 300 metros de sus hogares. Ahora, muchos creen que esos efectos van a aumentar: el ayuntamiento está permitiendo la construcción de una planta de coque.
Carlos Marchante
No a la planta de coque. Ya tenemos suficiente. Consulta popular”, prometía el programa electoral del alcalde de Muskiz (Vizcaya), Gonzalo Riancho, en las elecciones municipales de mayo de 2007. Un año después de anunciar ese compromiso, concedió licencia a la firma Petronor para empezar las obras de la planta. El coque, el combustible sólido que fabricará, se obtiene de hullas y petróleos concentrados en un proceso cuyos efectos ambientales son muy difíciles de evitar. Numerosos vecinos del pueblo están hartos de la contaminación que hay sobre sus cabezas y, después de esto, defraudados por la promesa incumplida.
A menos de 50 kilómetros de Bilbao se hace fácilmente identificable la silueta de este pequeño municipio de apenas 6.600 habitantes por las humeantes chimeneas de la refinería insertada en medio de las viviendas. El olor a gasolina impregna el ambiente hasta que pasadas varias horas la costumbre lo hace pasar inadvertido. “Pues esto no es nada comparado con otros días –ríe irónicamente Mari Paz Sanvicente–. Hay días que estás tranquilamente en casa y entra un olor tan fuerte a gasolina que tienes que escupir de lo desagradable que es”. Mari Paz tiene 54 años y vive en el barrio de San Julián, a 300 metros de la refinería que tiene la empresa Petronor en Muskiz. Desde la entrada de su casa se ve toda la fábrica. Mari Paz explica que, según sople el viento, el azufre acumulado en el suelo y los gases de las cuatro chimeneas de la depuradora entran por las ventanas de su hogar. Ha salido de casa preocupada por su última visita al médico y con el prospecto de un broncodilatador en la mano que enseña a las vecinas. “¡Un tratamiento para fumadores, cuando yo nunca he fumado!”, exclama irritada mientras señala la fábrica. “Lo que faltaba ahora, una nueva planta para contaminarnos más”, dice señalando la explanada dónde se está construyendo el horno de coque.
Asma y bronquitis
El ayuntamiento concedió el pasado 10 de febrero las licencias de actividad y de obras a Petronor –empresa que preside el ex dirigente del PNV Josu Jon Imaz– para la realización de la planta para generar un crudo más sólido y más barato que el fuel, en este caso destinado a empresas cementeras y siderúrgicas. En el proyecto presentado para la creación de la planta, Petronor reconoce que el horno incrementará la contaminación de la zona. Cristina Álvarez, abogada de la Asociación Anticoque creada por los vecinos de Muskiz, Abantos y Ciérvana, las tres poblaciones afectadas por la refinería, explica cómo va aumentar la contaminación en la zona: “Las emisiones de SO2, que provocan lluvia ácida, asma y bronquitis, aumentarán un 7 por ciento. El óxido de nitrógeno –que provoca una niebla en el ambiente–, crecerá un 14 por ciento respecto a las emisiones actuales, también aumentará el SO2, causante del efecto invernadero y las emisiones de vanadio”. Ese elemento introduce malformaciones en recién nacidos. Aparte de los componentes químicos que emitirá el horno, hay otros perjuicios: en los pueblos de alrededor de la refinería “nunca es de noche”, porque la planta emite mucha luz, y el horno contribuirá a ello. “Sobre todo, más olores repugnantes que es por lo que enferma la gente”: Álvarez denuncia además que junto a la planta de coque se va a construir una torre de refrigeración tan grande como la de una central nuclear, que proyectará sombra sobre el pueblo. Con el vapor de agua que expulsará, se teme que puedan aumentar los casos de legionelosis. Los vecinos, que evidentemente no quieren ver de cerca la legionella, reconocen que no saben si es mejor el remedio que la enfermedad y denuncian que hay días en los que se despiertan y parece que ha nevado. “Son días en los que una neblina envuelve el pueblo y en las ventanas, los coches y el suelo aparece un polvo blanco que irrita la piel y los ojos”, cuenta Begoña Lazo, vecina de la localidad. Sara Ibáñez, médico de familia del centro de salud de Muskiz y presidenta de la Asociación de Meatxaldea, integrada en la Asociación Anticoque, explica que el “polvo blanco” es cloro que le echan a los gases de la torre de refrigeración para prevenir la legionelosis entre los habitantes.
No es la única enfermedad que preocupa al pueblo. Tras hacerse públicos datos del Boletín Epidemiológico de Osakidetza, la sanidad vasca, que refleja que la mortalidad por cáncer es mayor en la comarca donde se integra Muskiz (Vizcaya) que en el resto de Euskadi, el Ayuntamiento pidió dos veces el año pasado por escrito al Departamento de Sanidad vasco las tasas de mortalidad generales y específicas del municipio en comparación con el resto del País Vasco. La petición no fue atendida. Ibáñez muestra un estudio de la Universidad del País Vasco que refleja altos niveles de dióxido de azufre, un elemento que, inhalado en exceso, provoca bronquitis, asma y hasta hemorragia pulmonar: “Son superiores a los que se registran en la Avenida de Tolosa, en el centro de San Sebastián, punto tomado como referencia para el estudio por su contaminación moderada-baja”, dice.
El portavoz de Petronor, Luis Aranberri, periodista estrechamente vinculado al PNV, alega que de los efectos medioambientales y de salud no responde la empresa, sino la administración que da la licencia: “Ella tiene que responder por la salud y el medio ambiente. Nosotros no somos garantes de lo que hagamos, nos tienen que examinar”. Gonzalo Riancho, el alcalde de Muskiz, dice que él ha concedido la licencia a Petronor, porque el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno Vasco ha dado el visto bueno. Efectivamente, el pasado 19 de noviembre de 2008, el Gobierno Vasco concedió la Autorización Ambiental Integrada (AAI) a la planta de coque bajo la condición de cumplir una serie de requisitos ambientales en relación a las emisiones tóxicas y tratamiento de residuos que deberá acreditar en los próximos 24 meses. Por ahora las obras de la planta se están iniciando y habrá que esperar para conocer los resultados. Los vecinos no se fían del cumplimiento de los requisitos y controlan cada movimiento de la construcción.
Ángel Tejedor, miembro de la Asociación Anticoque se queja amargamente de que su pesadilla nunca acaba: “Cuando ya veíamos el final de la refinería tras casi 30 años, ponen más chimeneas. Respetamos lo que ya hay, pero no queremos más”. La inversión de la planta es de 752 millones de euros y se estima que generará 240 empleos. Según un informe del Ministerio de Medio Ambiente, el suelo de la antigua refinería donde se construye el horno es de dominio público marítimo terrestre y fue cedido a Petronor por un plazo de 30 años en 1982. “La concesión expira en el año 2012 y no se puede renovar. ¿Sólo van a invertir para tres años?”, se pregunta la abogada Cristina Álvarez. Luis Aranberri, portavoz de Petronor, confirma, pero no comenta, que la cesión del suelo finaliza en tres años.
Por el pueblo hay carteles que explican qué hacer en caso de alerta por contaminación química. El programa electoral de Gonzalo Riancho prometía establecer un plan de evacuación, a día de hoy desconocido. “Sólo hay carteles que recomiendan que en caso de alarma te metas en casa, cierres las ventanas y pongas la radio”, explica Ricardo Gayo, presidente de la Asociación de Vecinos El Turruntero. Los ciudadanos están indignados por ejemplos que les suenan a peligrosos precedentes, como Puertollano (Ciudad Real), donde la gente convive con una refinería y una planta de coque de Repsol. Mariano Rodríguez, vecino del municipio castellano-manchego y miembro de la Federación de las Asociaciones de Vecinos, cuenta que hay días que tienen que salir con mascarillas a la calle: “Tenemos un medidor de la contaminación del aire y cuando se dispara nos mandan una alerta al teléfono móvil informándonos de que los alérgicos usen mascarillas o que no lleven a los niños asmáticos al colegio”. Xan Duro, miembro de la asociación ecologista Verdegallo de Galicia, también denuncia los malos olores y el exceso de humo en el aire que emite la industria de refinería y coque de La Coruña: “A pesar de eso los vecinos no se quejan, están acostumbrados a vivir así”. Muskiz no se rinde.
Los de la agrupación opositora vigilan día a día si el humo de las chimeneas es más oscuro o si cae polvo blanco y denuncian cada uno de estos incidentes. Mientras el Athletic de Bilbao luce en sus camisetas el nombre de Petronor, su patrocinador, los de la asociación pasean otro mensaje en sus camisetas: “Coque no”.
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