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Niños robados: una búsqueda sin tregua

Fecha: 21/02/2011 Ana María Pascual ico favoritos Añadir a favoritos
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Una avalancha de historias sobre el robo de bebés robados en hospitales españoles entre 1960 y 1990 inunda la web de Interviú, que se convierte así en un desesperado tablón de anuncios: madres que buscan a sus hijos dados por muertos al nacer; personas que tratan de localizar a sus verdaderas familias, y hermanos que ansían encontrar a sus hermanos. Todos han emprendido ya una búsqueda sin retorno.

María Labarga Vivanco María Labarga Vivanco: "mi madre ha confesado que pagó por mí el valor de un piso. No se lo perdono"

María Labarga, burgalesa de 41 años, busca a su auténtica madre, tras descubrir hace cuatro años que no es hija biológica de los que hasta entonces creía sus padres. Tampoco es una hija adoptiva. Desconoce si fue una niña robada, tampoco tiene certeza del día y el lugar de su nacimiento, puesto que los documentos sobre ese evento están falsificados. Su madre falsa ha reconocido que pagó por ella el valor de un piso, en 1968, según cuenta María en Interviú.

María se ha convertido en detective de su propia vida. Ha recurrido a la web de Interviú, como más de un centenar de afectados, para dar a conocer su caso; uno de los 261 que ANADIR (Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares) llevó ante la Fiscalía General del Estado el pasado 27 de enero. La denuncia de María será trasladada a la Fiscalía de Tarragona, provincia en la que nació, según su partida de nacimiento, para que se abran diligencias de investigación, ya que la Fiscalía General del Estado ha decidido que sean las fiscalías provinciales las que investiguen los casos de niños robados. Otra buena noticia para los afectados es que el Ministerio de Justicia ha anunciado la creación de una banco de ADN para facilitar la labor de búsqueda de los niños robados.

Marina Pérez, valenciana de 41 años, tampoco conoce su auténtico origen: quién fue su madre, por qué se separaron nada más nacer y cómo fue a parar al hogar de los Pérez Sánchez. Lo que sí sabe Marina es que ha sido una niña feliz y querida. “He querido mucho a mis padres. He sabido desde los ocho años que era adoptada y lo he asumido”. Lo que no puede asumir desde el pasado verano es la oscura red que oculta su pasado, que comenzó en la Casa Cuna Santa Isabel de Valencia. “Desde que me propuse descubrir quién soy en realidad, de dónde vengo, todos son obstáculos. En la Casa Cuna Santa Isabel no quieren hablar, me dicen que deje de buscar. ¿Por qué? Sólo las monjas de ese lugar saben qué pasó allí, sólo ellas conocen quién es mi madre biológica”, dice Marina.

Este caso también será presumiblemente asumido por la Fiscalía de Valencia. Son numerosos los casos de afectados de la Casa Cuna Santa Isabel de Valencia, que aún sigue en funcionamiento, regentado por monjas. Marina hace un llamamiento desde Interviú: “Animo a las madres que parieron en ese lugar a que busquen a sus hijos. Igual que yo me pregunto dónde está mi madre, ella se preguntará dónde estoy yo. Quiero que sepa que la quiero y que la busco”.

El caso de Carmen Martínez es el de una madre adolescente que en dos ocasiones perdió de manera extraña a dos hijas. En 1978, a los 14 años, dio a luz a una niña, que nunca llegó a ver. “Me durmieron en el parto y cuando desperté me dijeron que la niña había muerto porque había nacido con malformación pulmonar. Ni la vi ni sé dónde está enterrada, ni qué hicieron con ella”, lamenta Carmen. Esta mujer asegura que tres años después, en 1981, en el hospital de Santa Caterina de Girona –hoy sede de la Generalitat–, le arrebataron a otra hija, aduciendo que Carmen había firmado su renuncia al bebé. “Me acogieron en ese lugar durante casi tres meses. Se suponía que las monjas ayudaban a las madres jóvenes. Me hicieron firmar un papel de ingreso. Pero cuando nació la niña, me la quitó la monja que atendió el parto, gritándome: “No es tuya, has renunciado a ella, lo has firmado”. No pude hacer nada, me había escapado de casa, estaba sola”. Pero hoy Carmen quiere saber qué pasó con sus dos pequeñas, aunque tenga pocas pistas para comenzar.

Margarita García es una hermana que busca a su hermano, al que nunca llegó a ver, “porque la enfermera lo sacó nada más nacer en una incubadora, con muchas prisas y me dijo: “No hay nada que ver, está muerto”. Ella tenía 17 años y acompañaba a su madre en el parto en el Hospital del Vall d´Hebron (Barcelona), el 8 de febrero de 1986. La madre murió tras el alumbramiento y la familia no supo nunca del bebé . “Ni un certificado de defunción tenemos. Ni sabemos dónde lo enterraron, si es que lo enterraron. También es muy extraño que en el informe de defunción de mi madre no conste la palabra parto, es decir, que es como si nunca hubiera dado a luz”, denuncia Margarita en Interviú.

Más información en la revista interviú.

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