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Nuestra agua no pasa de potable

Fecha: 20/08/2007 0:00 Nieves SALINAS / Alberto GAYO / Esther BORIBA ico favoritos Añadir a favoritos

Con un estudio de laboratorio, interviú ha analizado muestras en 12 ciudades para valorar la calidad del agua del grifo que bebemos.

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No se asuste. Abra el grifo y échese un buen trago. En toda España, el agua que bebemos en casa o en el trabajo es apta para el consumo. Dicho de otra forma, es potable. Pero hay un problema: en muchos lugares su calidad técnica y sanitaria es más que mejorable. Ésta es la principal conclusión del muestreo realizado por interviú en 12 capitales. La otra, que de los grifos de Zaragoza, Valencia y Ciudad Real sale un agua peor de lo normal, y que coruñeses, bilbaínos y madrileños pueden estar más que contentos.

Las muestras –un litro de agua por ciudad– se tomaron entre el 5 y el 10 de julio de 2007 siguiendo los protocolos de laboratorios autorizados y se remitieron a Sigma Laboratorios (Madrid), que ha estudiado cuatro indicadores sanitarios: trihalometanos (compuesto volátil que puede llegar a ser cancerígeno), nitratos (relacionados con el uso de fertilizantes), arsénico (uno de los minerales más tóxicos) y Escherichia coli (bacteria del intestino humano que se transporta en la red de abastecimiento de agua). Otros cuatro indicadores técnicos (pH, conductividad, dureza y niveles de cloro) y uno sensorial –la turbidez– completan el test.

La ley –el Real Decreto 140/2003 sobre la calidad del agua– establece límites para cada parámetro. Por encima, un agua no se consideraría apta para su consumo. Ninguna de las muestras in- cumple la legalidad, pero hay ciudades donde el agua es mala o está al borde de no ser apta.

Zaragoza, Valencia y Ciudad Real son las capitales con el agua menos saludable desde el punto de vista sanitario y técnico. La capital aragonesa –sede en 2008 de la Exposición Universal– lleva años intentando corregir la mala fama de su agua potable, muy dura y con cal. Desde Zaragoza, un portavoz del Ayuntamiento admite que “la calidad del agua que nos llega no es la mejor”, pero añade: “Estamos muy sensibilizados con este tema y por eso hemos hecho una inversión de 33 millones de euros en el plan de mejora de gestión de calidad del agua. Somos la única ciudad grande que gestiona el ciclo integral del agua completo. Queremos ser ejemplo de sostenibilidad”. Según los análisis, Zaragoza es la ciudad en la que aparecen más microgramos de trihalometanos (THM) por litro de agua. Los THM son compuestos que surgen por la cloración. El cloro, usado para desinfectar en las plantas potabilizadoras, entra en contacto con los materiales orgánicos presentes en el agua y forma estas sustancias, que en dosis elevadas y tras un consumo continuado pueden tener relación con la aparición de algunos cánceres, como el de vejiga.

Aunque en toda la UE el límite máximo de trihalometanos son 100 microgramos por litro (μg/l), la ley española establece un máximo de 150 hasta el 1 de enero de 2009, cuando entrará en vigor la legislación comunitaria. Hoy, por tanto, el agua de Zaragoza es potable porque cada litro lleva 103 THM, pero el 1 de enero de 2009 no podría beberse. El Ayuntamiento de Zaragoza da por válidos los datos del muestreo de interviú sobre trihalometanos. El motivo, explican, es que el agua procede de la cuenca del Ebro, que pasa por tierras calizas –que se disuelven con facilidad–, lo que propicia la aparición de estos compuestos. A finales de año se empezará a incorporar agua del pantano de Yesa, procedente de la cuenca pirenaica, de tierra granítica y que no se disuelve, lo que disminuye la mezcla de residuos orgánicos con el cloro y, por tanto, la aparición de THM. “Con esta medida está previsto que, como mínimo, los THM se reduzcan en un 50 por ciento”, asegura el portavoz.

“Zaragoza sufre todos los malos usos del Ebro aguas arriba. Es el río de más caudal y arrastra en su recorrido todo tipo de contaminantes, desde Cantabria hasta Tarragona”, añade Belén Ramos, responsable del área de medioambiente de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y autora del estudio Atención, agua no potable, realizado en 2005. Tras exhaustivas analíticas en 50 capitales de provincia, 21 ciudades servían agua con exceso de trihalometanos, y seis de ellas (Cáceres, Ciudad Real, Alicante, Ávila, Zamora y Murcia) superaban los 150 microgramos por litro. El informe levantó ampollas, pero ahora es un documento de referencia hasta para el Ministerio de Medio Ambiente. En Zaragoza la situación se agrava en verano: el calor y el aumento del consumo obligan a usar hasta un 40 por ciento más de cloro para evitar el desarrollo de cualquier bacteria. A más cloración, más trihalometanos.

“Sólo si no hay cloro en el inicio del tratamiento, no habrá trihalometanos, pero la cloración es el método más fácil y barato de desinfección”, explica Isabel Herráez, experta en tratamiento de aguas y doctora en Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Ozono, dióxido de cloro, permanganato o radiaciones ultravioletas son tratamientos alternativos al cloro.

Buenas fuentes

En los análisis de interviú, Valencia, con 80 microgramos por litro, y Ciudad Real, con 94, siguen de cerca a Zaragoza en nivel de trihalometanos. Madrid y A Coruña, con 20 y 32 microgramos, respectivamente, tienen los niveles más bajos.

Los madrileños son los españoles más orgullosos con el agua de su grifo, según la empresa de estudios de mercado Canadean España. El Canal de Isabel II no utiliza cloro, sino cloramina, lo que evita un aumento de los trihalometanos. Carmen Gordo, subdirectora de calidad del Canal, añade que también influyen mucho “las fuentes de abastecimiento, en la sierra norte de Madrid, que están en zonas graníticas, con lo cual la salinidad es muy baja. Y eso es una de las primeras cosas que perciben los consumidores, que el agua es blanda. Una segunda ventaja es que la zona de captación del agua está exenta de contaminaciones”.

En cuanto a A Coruña, el nivel de precipitaciones, el agua procedente del embalse del Cecebre –reserva natural protegida adonde llega agua de los ríos Barcés y Mero– y una adecuada potabilización la sitúan entre las ciudades mas envidiadas. Isabel Herráez, de la UAM, interpretó para esta revista los análisis y concluyó que el agua de Zaragoza es la más cercana a los límites legales. Además de los trihalometanos, “es la que presenta mayor conductividad eléctrica, dureza y nitratos. En el extremo opuesto están las muestras de agua de A Coruña, Bilbao y Madrid. Esto puede indicar un proceso de tratamiento más eficiente y/o un agua de origen con menores problemas para su tratamiento”.

En cuanto a la aparición de nitratos por el uso abusivo de fertilizantes, lo ideal es no superar los 25 miligramos por litro (mg/l), aunque la legislación establece la barrera legal en 50 mg/l. Zaragoza, Valencia, Ávila y Ciudad Real encabezan la lista negra dentro de la legalidad, aunque en principio beber sus aguas no tiene por qué suponer ningún peligro. En sí mismos los nitratos no son tóxicos, pero durante la digestión pueden transformarse en nitritos y el riesgo aumenta, sobre todo para los bebés de menos de seis meses.

Los niveles de arsénico, uno de los elementos naturales más tóxicos, son muy bajos en todas las aguas analizadas. Sólo Madrid supera los 3 microgramos por litro, cuando el límite legal está en 10, motivado por el tipo de roca de las zonas donde se recoge el agua. El cloro y la Escherichia coli (colonia de bacterias) no han dado valores reseñables en ninguna muestra.

La dureza, salinidad o color del agua son los parámetros que más influyen para que alguien beba más o menos del grifo. No afectan a la salud ni al medio ambiente, pero todos queremos el agua sosa, limpia, transparente y sin olor. Las aguas más duras y con más conductividad –cantidad de sales minerales disueltas que el agua arrastra a su paso por los distintos suelos– se dan también en Zaragoza, Valencia, Alicante, Barcelona y Zamora. Las rocas calcáreas de Aragón y la intrusión de las sales marinas en las zonas del litoral de la Comunidad Valenciana explican que sea así.

Para Isabel Herráez, la conductividad del agua del grifo debe estar en torno a 500 microsiémens por centímetro (μS/cm) aunque el límite legal sea 2.500. “Buena salinidad es que no tenga ni muchas ni pocas sales. Si no hay sales, el agua arrastrará sales del organismo. Si tiene muchas sales, puede producir problemas de vesícula o riñón. Aguas con pocas sales y blandas, como las de Ávila o Madrid, no tienen por qué ser más buenas que otras más duras. De hecho, las aguas muy blandas no son tampoco buenas, provocarían un bajón en las sales minerales del organismo. Por eso no bebemos agua destilada”.

Sobre la dureza, la legislación ha eliminado los límites establecidos en 150 miligramos de carbonato de calcio por litro de agua. “Ahora no hay valores límites, pero un agua de más de 350 miligramos de carbonato de calcio (como es el caso de Zaragoza y Valencia) es un agua dura e incrustante. Igual que se obstruyen las tuberías, también pueden verse afectadas las cañerías del cuerpo. Muy por debajo de 150 (Ávila) sería un agua blanda y agresiva”, señala Herráez. La acidez o alcalinidad, medida por el pH, no tiene apenas trascendencia, ya que se mantienen entre los dos valores establecidos en la legislación. Cuando el agua contiene pequeñas partículas orgánicas en suspensión, decimos que es turbia. Las 12 muestras tomadas dan como resultado un agua clara sin posibilidad de que virus o bacterias aprovechen la turbidez como escudo frente a desinfectantes.

La embotellada, de moda

Curiosamente, la falta de una información sobre el agua que bebemos, la desconfianza por su sabor y el culto al cuerpo imperante han convertido en un negocio boyante la venta de agua embotellada. Según la Asociación Nacional de Empresas de Agua de Bebida Envasadas (Aneabe) la producción española de agua envasada ascendió en 2006 a 5.765 millones de litros, un 5 por ciento más que en 2005. El consumo per cápita es ya de 129 litros de agua envasada al año. Por autonomías, el consumo coincide con los resultados de interviú. Madrid, País Vasco y Navarra son las comunidades que menos consumen. Comunidad Valenciana, Cataluña, Castilla-La Mancha, Aragón y Baleares, las que más. Igual que está de moda el agua embotellada, cada vez son más los que compran dispositivos para filtrar el agua, pese a que un estudio de la OCU –publicado en su revista Compra Maestra– concluía que ninguno de los nueve filltros estudiados –jarras, dispositivo sobre el fregadero y sobre la encimera– conseguía lo prometido: “Algunos filtros consiguen lo opuesto: los materiales con los que pretenden retener las partículas indeseadas sirven de asiento a los microbios, que se multiplican hasta comprometer la salubridad del agua”.

Se vende agua del grifo

Han pasado tres años desde que saltó la polémica en el Reino Unido al conocerse que el agua “pura” embotellada que comercializaba Dasani –marca de la compañía Coca-Cola– procedía en realidad del río Támesis y se comercializaba tras un tratamiento en fábrica. Desde entonces no han faltado voces que exigen a las empresas que especifi quen claramente qué tipo de agua están vendiendo. Siempre y cuando se cumplan los trámites sanitarios y de etiquetado necesarios, la venta de agua del grifo embotellada es legal. Aun así, en España tan sólo un 2,5 por ciento del agua en botella procede de las redes de abastecimiento público. Agua Nafree es una de ellas. La empresa exporta desde Lorquí (Murcia) a Kuwait, Portugal y Emiratos Árabes Unidos. Mediante un proceso físico-químico logran que las aguas sean aptas hasta para el preparado de biberones.

En el etiquetado, el consumidor se puede encontrar con que las aguas proceden de manantial, en cuyo caso recibe el nombre de agua potable preparada, o bien que sea de abastecimiento público. De esta forma es considerada agua de abastecimiento público preparada. Miguel Huguet, presidente de Agua Nafree, recela de las denominaciones que les dejan poner: “No son las más adecuadas, porque entendemos que restan el valor añadido que realmente le damos al agua por su tratamiento.”

Pero no es agua clara todo lo que reluce. El pasado mes de julio se acusó a la Empresa Municipal de Aguas de La Coruña (Emalcsa) de vender agua del grifo embotellada a centros deportivos, culturales y administrativos del Ayuntamiento sin las condiciones sanitarias y de almacenamiento adecuadas. Además, se dijo que los trabajadores que llevaban a cabo las labores de embotellado no estaban capacitados para ello. Emalcsa aseguró que los procesos se llevaban dentro de la legalidad y siguiendo unas condiciones estrictas de seguridad, que sus trabajadores están avalados por el certificado de manipulador de alimentos y que tan sólo se trataba de una prueba piloto, por lo que no cobraban por estos servicios.

* Este reportaje ha sido realizado con la colaboración de Amaia Guardo y Mónica Gavira (Sevilla), Jesús Monroy (Ciudad Real), Mariola Moreno (A Coruña), José Ramón San Sebastián (Ávila), Joaquín de Haro (Alicante), Marian Navarcorena (Zaragoza), Javier Caldera (Cáceres), José Jordán (Valencia), Alberto Uriarte y Carlos Marchante (Bilbao), Luis Calleja (Zamora), y Helena Pérez y Marta Jordi (Barcelona).

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