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Octavio García: "Me pusieron a picar piedra"

Fecha: 05/02/2007 0:00 ico favoritos Añadir a favoritos

Lo denunciaron por `tirarse´ al hijo de un médico. Pasó por el camop de trabajo de Tefía (Fuerteventura). Lo soltaron por enseñar a rezar a otros presos.

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05/02/07

Octavio García Hernández es hoy un anciano de 76 años al que hace más de medio siglo detuvo el comisario de policía de Las Palmas por la Ley de Vagos y Maleantes. Su informe no tiene desperdicio: “Es de pésima conducta moral, pública y privada, estando conceptuado entre el vecindario como invertido homosexual, sin que se dedique a ninguna clase de trabajo (…), teniendo antecedentes por robo, polizonaje y escándalo en la vía pública”, decía. Octavio lo tiene grabado en la memoria: “¿Cómo iba a trabajar si entonces apenas había empleo? Nunca pasé tanta hambre y miseria como en aquella época en mi casa, donde vivía mi madre con siete hijos. Sólo a veces había trabajo de albañil a 125 pesetas por semana”, cuenta hoy. Encima, había sido denunciado por la madre de un chico de la aristocracia insular –hijo de un conocido urólogo– con el que había tenido relación sexual: “Le llamábamos ‘pinga cambá’, porque la tenía pequeña y fea –recuerda, con humor–. Me condenaron de uno a tres años de cárcel, y el médico de la prisión, para reconocernos homosexuales, nos ponía a cuatro patas y nos metía el dedo en el culo”. El informe de este médico también es sabroso: “Manifiesta espontáneamente que desde los 14 años de edad es invertido y practica habitualmente la pederastia pasiva y activa, aunque rechaza el veredicto policial de peligrosidad. Psiquismo deformado. No tendencias delictivas”. Eso sí lo quiere dejar claro Octavio: “Yo no he robado ni matado ni he hecho mal a nadie. Me encarcelaron sólo por ser homosexual. Me humillaron y me vejaron. No hay dinero para pagar el sufrimiento que pasé”, dice. En su caso, fue trasladado de la prisión de Barranco Seco (Gran Canaria) al campo de trabajo de Tefía (Fuerteventura). Octavio compara su situación con la de los campos de concentración de Hitler: “Sólo faltaban las cámaras de gas. Era igual que Auschwitz o Ravensbrück, con calabozos sucios y una bombilla amarillenta en el techo. Me quedé en 50 kilos, todo el día picando y acarreando piedras y agua, comiendo batatas y chicharros llenos de gorgojos. Éramos seis presos homosexuales en aquella isla inhóspita. El director, Prudencio de la Casa de Dios, ex carmelita descalzo, era terrible, aunque me dio la libertad antes de tiempo porque enseñé a rezar a los demás”. Ahora, Octavio reivindica su “memoria histórica, porque sin ella puede volver a pasar”.

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