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Pasarela cocaína

Fecha: 29/01/2007 0:00 Manuel MARLASCA / Luis RENDUELES ico favoritos Añadir a favoritos
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Argentina vive un caso parecido al de la gallega de Cancún. En las maletas de dos modelos de aquel país han aparecido 15 kilos de cocaína. Belén y Jessica, que han podido ser utilizadas para un delito, a su llegada a Barcelona han pasado directamente del aeropuerto a la cárcel.

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Un advenedizo en la pasarela

Carolina Barbero, una joven modelo de Buenos Aires, cumplió 21 años hace unos meses. Alquiló un boliche [bar] y llevó invitados a más de veinte amigos. También a su representante, Alejandro Panno, hoy en prisión, junto a dos de las chicas que trabajaban para él, Jessica y Belén. Y con Panno llegó John, un español “de pelo largo y rulado” que se le presentó como “dirigente de la revista ‘Interviú’”.

“El tal John fue muy amable –recuerda Carolina–; me dijo que no había sabido con qué obsequiarme y que al final de la noche me daría una sorpresa”. La velada avanzó y cuando llegó la hora de saldar cuentas, Carolina supo que John, el falso jefe de Interviú, había pagado la cuenta de todos sus amigos.

“Me resultó todo muy raro, él no era mi mánager, no había contrato. Y entonces hice muchas preguntas que no supieron responderme”, asegura la joven. Así que en septiembre, cuando llegó la hora de viajar a España, ella se negó. Fueron dos de sus compañeras más jóvenes e inexpertas, Jessica y Bibiana, las que lo hicieron. Y todo fue bien. “El viaje tuvo buena repercusión, hicieron fotos con coches Ferrari, salieron en la televisión. Fueron unas vacaciones con fotos. A la vuelta nos enseñaron las fotos, las vi en la net”. Y llegó el segundo viaje, en octubre. Esta vez, su representante, Alejandro Panno, le insistió en el reportaje para Interviú. “Me dijo: «Sos una tonta, podías haber disfrutado, la pasamos bien». Hasta las chicas me contaron que habían estado con el hermano de Lionel Messi, el jugador del Barcelona, que tiene un restaurante allá. Y que habían hablado por teléfono con Messi, que entonces estaba en Nueva York”.

Carolina volvió a decir que no. Y eso ha sido lo que la ha salvado de la cárcel. El 29 de octubre, su representante y sus compañeras Jessica y Belén fueron detenidas en el aeropuerto de Barcelona. La Guardia Civil encontró 15 kilos de cocaína en cuatro maletas, facturadas a nombre de Belén Téllez, una de las modelos. Sin embargo, según han declarado todos, las cuatro maletas en las que estaba la droga fueron reconocidas por Panno como de su propiedad. Belén y Jessica llevaban una maleta cada una y en ellas no había droga. Los tres siguen encarcelados y procesados por un delito contra la salud pública. Sus familias ni siquiera han podido acudir a España para visitarlas. “No tienen plata para los pasajes”, dice Carolina Barbero.

Edgardo Almada y Alicia Herman llegaron hace cinco años al populoso barrio bonaerense de Chacarita, desde Basavilbaso. Él trabaja como portero de finca y ella como limpiadora en el mismo inmueble. Con ellos llegaron a la capital sus seis hijos, entre los que estaba Jessica, la segunda, una preciosa rubia de 19 años que en su ciudad natal formó parte de una orquesta, en la que tocaba el piano. Una vez en Buenos Aires, Jessica iba a estudiar Relaciones Públicas y alternaba su trabajo de camarera con alguna aparición en producciones de moda.

El padre de Jessica explica a interviú que “mi hija se encontró por la calle hace un año con el señor Panna, que al verla le dijo que podía ser modelo. A partir de ese momento, de vez en cuando la llamaba para hacer unas fotos. Por cada sesión cobraba entre 100 y 200 dólares”. Su viaje a España fue para la familia todo un acontecimiento, su primer trabajo importante. El padre reconoce que “los dólares que le pagaron nos vinieron muy bien”.

El 29 de octubre, Jessica volvió a subirse a un avión en Buenos Aires con destino a Barcelona. Con ella viajaba esta vez, además de su mánager, su compañera Belén Téllez, de 20 años, que jamás había salido del país. Francisco Téllez, su padre, recuerda en conversación con esta revista que “esa vez ella estaba muy ilusionada. Al viaje anterior no pudo ir porque le coincidía con los exámenes de primer curso de Veterinaria y para ella los estudios son muy importantes”. Así es, Belén dejó hace poco más de un año su trabajo como secretaria en la Asociación de Farmacéuticos de Argentina porque el horario era incompatible con sus estudios. Francisco, padre de tres hijos, vecino del barrio de Palermo, esperaba con su mujer, Claudia, noticias de su hija. Pero no llegaron hasta el 1 de noviembre. “Belén llamó. Me dijo que estuviese tranquilo, que no me alterase. Ella estaba muy preocupada por mí, que en julio había tenido un infarto. Me dijo: «Estoy bien, pero estoy en la cárcel. En las valijas de Panno encontraron droga»”.

Desde ese mismo instante, Francisco ha volcado todas sus energías en tratar de sacar a su hija de la cárcel. Ha gastado sus ahorros en contratar un abogado privado de Barcelona, Pablo Mandirola, y sus energías en buscar ayuda institucional: “En el Ministerio de Asuntos Exteriores está de vacaciones, no hicieron nada por echarnos una mano”, dice dolido Francisco, que se dedicaba a la cría de conejos antes de sus problemas de salud. Él y su mujer, maestra de escuela, no pueden reunir el dinero suficiente para un pasaje a Barcelona. Sus allegados han abierto una cuenta corriente para recaudar donativos. Más desesperada es aún la situación de la familia de Jessica: “No podemos pagar un abogado, y el que teníamos, que era de oficio, renunció a la defensa cuando quedaban pocos días para presentar el recurso para que las liberasen”, señala Edgardo.

Belén y Jessica llaman por teléfono desde la prisión de Wad-Ras (Barcelona) a sus familias: “Nos dicen que están bien, que las tratan muy bien, pero están muy tristes. Mi hija cumplió los 21 años en la cárcel, el 27 de noviembre. Ellas nunca han tenido nada que ver con las drogas”, dice Francisco. El padre de Jessica, Edgardo Almada, ha pedido explicaciones a la esposa de Panno: “Al principio ella me decía que no sabía nada y ahora ni siquiera nos atiende”. Carolina Barbero, la modelo que no quiso viajar a Barcelona, incide en la opacidad de la figura de Panno: “A mí también me dio una tarjeta suya cuando caminaba por la calle. Le mandé material y empezó a absorberme bastante. Charlábamos un montón, le gustaba tener conversaciones personales, sabían quiénes eran las chicas más humildes, las que estaban más solas... Nos hacía muchas fotos, quizá demasiadas, y con poca ropa. Yo nunca sabía cuál era el destino cierto de las fotos”.

Carolina recuerda que Panno le reconoció que conseguía jugosos beneficios con otros negocios: “Me confesó que vendía fotos sexis de chicas a páginas de pago en internet, pero me dijo que eran fotos de chicas que consentían ellas o sus padres, en el caso de que fuesen menores de edad”. Después de la detención de sus compañeras, la joven ha rastreado y sabe que ella misma está en esas páginas de pago sin haber dado su autorización. “He visto fotos mías en ropa interior en esas páginas. Para descargarlas hay que pagar 30 dólares. Luego he sabido que algunas chicas que ya no están en la agencia le han demandado”.

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