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Pasiones y muerte del mono Paco

Fecha: 24/08/2009 2:00 ico favoritos Añadir a favoritos

‘Paco’ desembarcó en la costa gallega a finales de los ochenta, pero sentía morriña de su África natal. Enjaulado en un parque de Redondela (Pontevedra), el macaco cayó en depresión y comenzó a masturbarse compulsivamente. Su conducta sacó a relucir la hipocresía y los tabúes de la sociedad gallega.

Érase una vez una condesa que tenía un mono verde africano, bautizado como Paco y donado al Ayuntamiento de Redondela a finales de los años ochenta. En la alameda de la localidad pontevedresa se acondicionó una jaula para alojar al simio y a Coco, otro ejemplar de cercopithecus que un marinero de Arcade había llevado a Galicia. Esa amistad entre los primates duró apenas cuatro días, los que tardó Coco en morir. Paco mostró entonces su abatimiento masturbándose frenéticamente, convirtiendo su escroto azul y su verga encarnada en un espectáculo poco apropiado para un parque infantil.

El escandaloso despliegue genital de Paco vertebra un mockumentary (falso documental) que la productora Falso Orgullo prevé estrenar en septiembre. El director Piño Prego ha entrevistado a diferentes testigos para reconstruir las peripecias del mono: “No ha sido una tarea sencilla, porque la gente de Redondela es reacia a hablar de un caso que les incomoda”. No en vano, los arrebatos onanistas de Paco desataron un sainete con intriga política y desenlace trágico.

Las exhibiciones solitarias de Paco despertaron las protestas vecinales, y Xaime Rei, entonces alcalde de Redondela, decidió pedir ayuda. Acudió al concejal vigués Antonio Nieto Figueroa, alias Leri, que por aquella época comandaba el zoo de A Madroa. El regidor municipal envió también una carta pública lamentando que “la falta de relaciones absolutamente necesarias para el equilibrio y el desarrollo mental de cualquier especie hace que los actos de autosatisfacción de ‘Paco’ se produzcan cada vez con mayor asiduidad”.

Leri era un político populista y guerrillero, tan entrañable como extravagante. Autor de sentencias lapidarias como “Sólo los hechos hacen historia” o “Menos maricón o fascista me pueden llamar lo que quieran”, asumió con pasión el desafío de encontrar una novia para Paco. Visitó Redondela equipado con una cinta métrica, presuntamente empeñado en tasar la virilidad del primate. Cuando por fin prometió un harén de monas para aplacar el independentismo genital de Paco, grupos feministas lo criticaron. Leri aprovechó para invitarlas a visitar la jaula de Paco el golfo, como él lo llamaba cariñosamente.

Al final fue una mona llamada Vigo la que venció en el castin de novias para Paco. En marzo de 1991, la flamante pareja inauguraba su nidito de amor en el zoo de A Madroa. Pero Vigo no sobrevivió al verano. “La mató a polvos”, considera Piño Prego, quien recuerda que Paco nunca abandonó pese a todo sus hábitos onanistas. 

Hasta el 19 de diciembre de aquel año, cuando fue asesinado. Paco se tragó un trozo de carne en el que su verdugo había camuflado un imperdible, que perforó el estómago y desgarró las vísceras del pequeño mono. La dirección del zoo guarda silencio en torno a este suceso, pero uno de los trabajadores comenta que los ataques a animales son habituales. “Entre el público que visita un zoo hay perturbados que tiran latas con las que se atragantan los hipopótamos o que lanzan pan mojado en ácido a los chimpancés”. Lo cierto es que aquel día el asesino lo preparó todo bien para acabar con Paco.

Piño Prego se pregunta quiénes son los animales en esta historia. En su infancia, el cineasta fue dueño de una mona que su padre, capitán de barco, canjeó en Mauritania por un bote de leche condensada. Ahora, Prego traza una inquietante secuencia: “A Paco lo arrancaron de su hábitat para confinarlo en una caseta de madera infestada de pulgas. Los yonquis aún se acuerdan de él, de lo loco que se ponía cuando le daban ‘caballo’. Luego, el mono empezó a masturbarse y se montó un circo que terminó con su asesinato en un zoo. ¡En un zoo! En toda esta farsa, ‘Paco’ fue el único que se comportó como cabía esperar de él”.

Casos similares al de Paco se repitieron en distintos puntos de España. Aunque desde 1982 la Guardia Civil contaba con patrullas rurales, el Servicio de Protección de la Naturaleza y su filosofía no se institucionalizaron hasta 1988, según explica el teniente José Manuel Vivas. Dos años antes, España había ingresado en la UE con su adhesión a CITES (Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas). El Seprona se ha consolidado en su especialidad desde mediados de los 90, y actualmente persigue el tráfico prohibido de animales con la Ley de Contrabando en la mano.

El documental de Piño Prego es al final una reflexión sobre aquella España, aquel Vigo, en los albores de los 90. Con Paco como hilo conductor se abordan los cambios sociales, políticos, musicales… Hablan en primera persona sujetos que en aquella época vivían momentos clave de su trayectoria profesional: desde Julián Hernández, de Siniestro Total, al futbolista Míchel Salgado. Todos conocieron a Paco, aunque el pintor Jorge Cabezas advierte que nunca se atrevió a estrecharle la mano. Nosotros hemos cambiado, pero el mono siempre fue y será fiel a sus muestras de amor propio.

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