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Peligro: Fiestas de Nochevieja

Fecha: 29/12/2008 0:00 Karin CABRERA /Eva DÍAZ ico favoritos Añadir a favoritos

El año que acaba ha sido muy malo en los barrios de la marcha nocturna: las peleas en discotecas y bares se han cobrado más de un muerto por mes. Todos eran varones, de una media de 21,9 años y en su mayoría murieron por puñaladas o por golpes. Salir de copas de noche se ha convertido en una actividad de riesgo.

Cuando suenen las campanas de esta Nochevieja, terminará el año con más muertes violentas registradas en zonas de ocio desde 2000. Han sido 16. Aún están calientes los casos más espectaculares, los de Iván Robaina, en Las Palmas, y Álvaro Ussía, en Madrid. Y aún el saldo ha crecido con otra víctima en la zona de bares de Zaragoza: Iñaki L.S., de 26 años, quedó condenado durante la madrugada del 13 de diciembre, cuando su grupo de amigos y otro grupo rival se enzarzaron en una riña en la calle Contamina de la capital aragonesa. Sobre la causa de su muerte han circulado dos versiones confusas: una, que recibió un empujón y, al caer, se golpeó la cabeza, y otra, aún más cruel, por la que Iñaki recibió un puñetazo letal en el cráneo. Falleció tras dos días de agonía en el Hospital Miguel Servet. Tres jóvenes han entrado ya en la prisión de Zuera por este asunto. El mayor no ha cumplido aún los 24 años.

Iñaki, Iván, Álvaro han puesto nombre a las tres últimas tragedias de las 46 que esta revista ha podido registrar desde 2000. El asesinato de Álvaro en la discoteca El Balcón de Rosales, en Madrid, conmovió a la juventud, que reaccionó con manifestaciones, y al Ayuntamiento, que ha sembrado de cierres de garitos la noche madrileña. El asesinato de Iván Robaina ha llevado a la sociedad canaria “a concienciarse de la problemática de la noche. La herida ya existía, pero se ha reabierto –dice Francisco García, presidente de la Plataforma Conciencia Social y portavoz de la familia del chico–. Se veía venir. La zona de marcha de Gran Canaria se ha convertido en un lugar de broncas habitual, de batallas campales un día sí, otro también”.

En el sur de la isla, en Mogán, los padres han reaccionado. Ha nacido la asociación Los Cuervos de la Noche, una iniciativa importada de los países escandinavos: los padres se turnan (ver recuadro) para velar por la seguridad de sus hijos y colaborar con los cuerpos de seguridad en prevenir la violencia del ocio nocturno. Movilizados por la colonia noruega en Gran Canaria, un grupo de veinte padres escandinavos y españoles se organizan en grupos para vigilar las dos zonas de ocio destacadas de Mogán. Claudia Herrera, coordinadora de los Cuervos, patrulla, aunque, de sus tres hijos, el mayor sólo tiene 13 años. “Estoy preparándome”, dice. “Aquí, las pandillas de chavales españoles y noruegos no se llevan bien. Por eso es bueno que vean a los padres españoles y noruegos llevarse tan bien y preocuparse de sus hijos”, explica.

En la geografía del peligroso ocio nocturno de España hay lugares donde las luces de alarma llevan ya tiempo encendidas. En Bilbao, el número de incidentes que tienen lugar por las noches son preocupantes, y no son precisamente los que tienen que ver con Jarrai. Las peleas, riñas y trifulcas, asociadas, sobre todo, a las noches de fiesta, aumentan vertiginosamente, según fuentes policiales. Del total de 10.361 delitos registrados por la Policía Municipal bilbaína en 2007, el 11 por ciento (1.139) fueron agresiones callejeras. Más de tres cada día. Fueron, de hecho, un 6,9 por ciento más que las registradas en 2007. Y ello a pesar de la ordenanza municipal que sanciona a sus participantes con 300 euros.

Durante las celebraciones navideñas, Cádiz es la ciudad que más control policial ejercerá sobre los jóvenes. Se incrementaron las patrullas, sobre todo en la zona de ocio de la Punta de San Felipe –escenario de un muerte todavía reciente (ver recuadro)–, durante la noche del 24, y así se hará el 31 de diciembre, según anuncia la Subdelegación del Gobierno. Asimismo, se van a perseguir aún más los cotillones sin licencia municipal. En el despliegue para Nochevieja destaca también el especial empeño de Lleida en reforzar los controles de alcoholemia, aunque fuentes del dispositivo de seguridad aclaran que será generalizado en Cataluña.

Por su parte, el Ayuntamiento de Murcia desarrolla un plan específico de seguridad por el que la Policía Local reforzará el servicio con patrullas uniformadas a pie. Durante la noche del 31 de diciembre al 1 de enero también se reforzará el servicio de seguridad ciudadana y estarán muy presentes en los aledaños de la iglesia de El Carmen, la zona que se prevé más inestable en las primeras horas de año nuevo.

Las nocheviejas son un momento especial desde que, de unos años a esta parte, comenzó el goteo de muertes en riñas nocturnas. La Nochevieja de 2006 es el hito, la más sangrienta de los últimos tiempos: con un chico argelino, uno marroquí y otro rumano muertos. Los dos primeros, por heridas de navaja; el tercero, de un tiro que le dispararon desde la calle.

En el barrio Ciudad Jardín de Córdoba murió uno de ellos, el argelino A.J., apuñalado en el abdomen. Desde este suceso, todas las nocheviejas se reaviva la alarma. Aunque para esa noche especial la Policía Local desarrolla un dispositivo específico, los dueños de bares y discotecas de la ciudad coinciden en que en 2007 y 2008 ha mermado la afluencia a los cotillones.

Y no sólo es la Nochevieja. También en la Noche de Reyes se incrementa la lista negra de asesinados en zonas de ocio. El 5 de enero de 2005, Alejandro Clemente murió de un disparo en La Madrila, el barrio de marcha de Cáceres. El presidente de la asociación de vecinos, Miguel Salazar, cuenta que hace dos meses unos matones le dieron una paliza a un chaval de 18 años porque le pidieron tabaco y no tenía. “Esta es una zona conflictiva. Los vecinos vemos el consumo de drogas abiertamente en la calle”, reconoce Salazar, que lleva 25 años de lucha por la seguridad de la zona, y denuncia el saldo de las noches de copas en el barrio: ya van cinco muertos.

Y no parece que haya rincón a salvo. La tranquilidad que se le presume a Menorca, por ejemplo, no se corresponde con la realidad nocturna en Ciudadela, localidad menorquina de 28.000 habitantes. En la zona de Es Pla cinco jóvenes mataron al portero de una discoteca que les negó la entrada en febrero de 2006. Aún hoy son varios los altercados que se producen los fines de semana y los jóvenes reaccionan a la vigilancia de la Guardia Civil enfrentándose a los agentes. Es uno de los puntos negros del ocio en España, como la zona de Fomento, en Gijón. Allí murió apuñalado Christian Díaz hace apenas dos meses. Desde que se produjo el crimen se puso en marcha un dispositivo conjunto de la Policía Local, la Nacional y la Guardia Civil. Aunque en un primer momento era temporal, aún no tiene fecha de finalización.

Para garantizar la seguridad en las zonas de movida, destaca junto al de Cádiz el dispositivo que se organiza en Oviedo en la Navidad, con 60 policías en los lugares de ocio. Los ayuntamientos de Toledo y Badajoz optan por organizar ellos mismos su propio cotillón con servicios sanitarios y de seguridad. El año pasado acudieron 7.000 personas a la macrofiesta de Toledo y se prevé más afluencia para 2008.

Es mucha gente para controlarla, sobre todo con drogas y alcohol. La ONG Controla Club, dedicada “al ocio inteligente” y a informar a los jóvenes sobre el alcohol y las drogas, avisa de que en Navidad la ingesta de estas sustancias aumenta un 300 por ciento. Vicente Pizcueta, su presidente, prevé que la crisis agravará el problema: “En tiempos de crisis, los consumidores pueden acudir a explosivos cócteles de alcohol y drogas por no poder comprar otras sustancias”. Y señala a los más jóvenes –la edad media de las víctimas, todos varones, de agresiones desde 2000 es de 21,9 años, y en la mayoría de los casos los agresores dijeron estar ebrios– como foco del peligro: “La falta de dinero puede llevar a los más jóvenes recurrir a barbitúricos, inhaladores o pastillas que encuentren en sus hogares para mezclarlos con alcohol. Son mezclas explosivas”. Pizcueta señala además otro problema en paralelo, las conductas de los narcotraficantes: “Si no hay demanda de drogas porque no hay dinero en la calle, bajan la oferta, y para hacer eso tienen que combinar las sustancias puras con otras de cuestionable calidad”. Dice que ya es dudoso de qué se compone la cocaína al precio tan bajo al que se puede conseguir: “Un gramo por 40 euros; hace cinco años era impensable. Si bajan más los precios, habrá que temer la explosiva mezcla. Pueden ser cócteles mortales”.

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