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Diana J. mezcla en sus espectáculos sexo, sangre, religión y política

Pornoterrorismo

Fecha: 04/10/2010 13:38 Carlos Dávalo ico favoritos Añadir a favoritos
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Una corriente transgresora, que reniega del porno tradicional, recorre los escenarios más oscuros de nuestro país. Estuvimos en una de estas representaciones.

“La primera vez que algo entró dentro de mi vagina no fue una polla o un dedo, sino un bolígrafo imitación Mont Blanc que me regalaron a los diez años”, me dice Diana J. Torres sentada en la barra de un bar en el barrio de Lavapiés, muy cerca de donde realizará una de sus representaciones artísticas, que interpreta bajo el nombre de pornoterrorista. En su página web –www.pornoterrorismo.com– se puede leer un manifiesto en el que Diana reivindica su derecho a ponerse cachonda con lo que le dé la gana, como, por ejemplo, las desgracias presentadas diariamente por los medios de comunicación. “Esto de la excitación con las catástrofes, con las masacres, con las cosas que te echan en la tele, lo encuentro como una especie de estrategia para no estar idiota, o sea, lo que quieren realmente es idiotizarnos. Ponen tanta violencia, tanta masacre, que te acostumbras a ella”, argumenta esta madrileña de 28 años que vive en Barcelona.

En marzo del próximo año, En sus espectáculos, los espectadores nunca saben qué se encontrarán, ya que Diana puede estar leyendo un poema titulado A mi vagina mientras otra chica le introduce un puño por la vulva o penetra a otra chica con un chorizo ibérico, mientras, de fondo, un locutor habla en contra de la producción y el consumo de carne. “El sexo nunca ha sido sublime, es guarro y sucio. Lo que hago es terrorista por eso, porque hay cuestiones muy enraizadas en la sociedad, en la cultura y en la historia que hacen que el sexo sea una cuestión brutal –explica–. En realidad, el sexo no tendría que ser una cuestión terrorista, no tendría que inspirar terror, pero inspira terror porque te han metido un montón de mierda en la cabeza que dice que el sexo es malo, que el sexo es sucio, que el sexo es de alguna forma utilitario. Y el sexo no tiene por qué ser utilitario, es útil por sí mismo, no tiene por qué ser útil para nada más. Follar, sirve para follar”.

Sobre el escenario Diana aparece con una gorra, un micrófono en la mano y una botella de cerveza en la otra. Saluda al público. No lleva nada en la parte de arriba y no tarda mucho tiempo en quitarse la parte de abajo y quedar totalmente desnuda. “Iba a empezar leyendo un texto del Corán acerca del paraíso y las vírgenes, pero no lo encontré –dice Diana entre sorbos de cerveza–, pero empezaré con un texto igual de blasfemo o sagrado”. Y comienza a leer un poema.

“Cuando llegué a Barcelona, hace más de diez años, lo que encontré fueron muchos espacios donde se podía hacer poesía, había micrófonos abiertos y tú llegabas ahí con tus escritos y recitabas tus poemas. Así empecé a escribir un poco pornopoesía, o sea, poemas cerdos, que hablaban de sexo y de guarradas”. Pero, como era de esperar, Diana se aburrió muy pronto de todo aquello que era tan quieto y solemne: “Un recital puede ser muy aburrido si la persona que está frente al micro no sabe dinamizarlo”. Entonces ella comenzó a quitarse la camiseta primero y a hacer actuaciones después: “Fue en plan ‘voy a probar a ver qué pasa si en este recital en el que la gente tiene una cara de aburrimiento brutal yo me quito la camiseta’, que es como un acto bastante simple que, por ejemplo, un hombre puede hacer en cualquier momento porque tiene calor y nadie se escandaliza, pero si lo hace una mujer es muy distinto.”

El clímax de la representación llega cuando Diana se va quitando uno a uno los piercings que minutos antes se acaba de poner. Mientras la sangre cae por su frente y su rostro, se toca sus partes íntimas y lee poemas. Cuando termina, dice con ironía: “Lo bueno es que la virgen está conmigo y luego no me queda ninguna marca”. El público se ríe.
Más información en la revista interviú

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Comentarios recientes

  • matt damon 21/10/2010 7:59

    HAYYY estamos inovations para el siglo XXI.m'agrada

    Comentario fuera de tono

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