Sport
Reportajes / Artículos

Prisiones, Fármacos y Comisiones

Fecha: 09/02/2009 1:00 Nieves SALINAS / Alberto GAYO ico favoritos Añadir a favoritos
  • Valoración
  • Actualmente 4 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 4 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Hasta 18.000 euros al año en cheques-regalo. Era la comisión que el médico encargado de la farmacia de la prisión de Córdoba percibía supuestamente de Laboratorios Salvat, según ha denunciado un comercial de esa firma. A cambio, el doctor hacía grandes pedidos y Salvat no aplicaba el descuento que hace a otras prisiones.

En mano y en un sobre cerrado. Así se efectuaba la entrega de los cheques-regalo que un facultativo de la prisión de Córdoba percibía supuestamente de Laboratorios Salvat como incentivo por la compra de sus medicamentos. La demanda por despido improcedente presentada ante el Juzgado de lo Social número 1 de Sevilla contra Salvat por Francisco Brazo, ex trabajador de la compañía –que desde hace años provee de fármacos a las cárceles españolas– ha destapado las supuestas prácticas para incentivar al médico encargado de surtir la farmacia de un penal con casi 1.700 reclusos.

Esa misma negociación, según ha podido saber interviú, podría haberse llevado a cabo con otras prisiones (ver recuadro) –precisamente en algunas donde no existe un farmacéutico encargado de los pedidos– aunque sería en Córdoba donde el fraude se habría cometido por más tiempo y las cantidades de dinero entregadas serían de mayor cuantía. Aunque la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias no ha podido detectar por ahora el supuesto fraude, una primera investigación sí ha descubierto que, entre marzo de 2007 y marzo de 2008, el gasto en medicamentos en el centro cordobés ha sido “sostenido y excesivo”. Las mismas fuentes mantienen que, en algún trimestre, ese gasto se había hasta triplicado.

Según consta en la demanda interpuesta por el ex empleado de Salvat –que dice haber sido despedido por negarse a continuar con este tipo de prácticas prohibidas por la industria farmacéutica–, entre el médico, Francisco Gallego, y los laboratorios existía un acuerdo por el cual Salvat no aplicaba descuento a los medicamentos que compraba la cárcel de Córdoba. Rebaja que, en el caso del resto de las prisiones con las que trabajan los laboratorios, podía llegar a ser hasta de un 50 por ciento sobre el coste original del producto. Estos descuentos suelen ser habituales entre proveedores y administraciones públicas, que buscan el precio más competitivo. A cambio de que en Córdoba no se hiciesen ese tipo de deducciones, el médico percibiría un 15 por ciento de la facturación en cheques-regalo de unos grandes almacenes. Una situación que vendría produciéndose desde hace al menos seis años y que el facultativo ha negado rotundamente a esta revista. interviú se ha puesto en contacto con Laboratorios Salvat para contrastar la información, pero la dirección general de la compañía ha declinado hacer declaraciones sobre este asunto.

Una primera investigación administrativa ha desvelado el caos que reinaba en la farmacia gestionada por Gallego. Así lo comprobaron in situ inspectores de Instituciones Penitenciarias en una reciente visita a Córdoba. “No se sabe cuántas personas estaban implicadas en el descontrol pero el responsable de la botica –Francisco Gallego– no daba pie con bola. No sólo había fármacos que eran más caros o estaban caducados, sino que no se daba un servicio correcto, la farmacia no estaba bien surtida y no había disponibilidad de medicamentos en cualquier momento. Pensamos que la ausencia de farmacéutico podía justificar el aumento de gasto, pero era tan llamativo que el caso se pasó a la Unidad de Inspección”, explican desde el departamento de Sanidad Penitenciaria. Entonces Instituciones Penitenciarias decidió relevar al médico de sus funciones como solicitante de los pedidos y ordenar a la Unidad de Inspección –una especie de asuntos internos– un análisis a fondo de cómo se trabajaba dentro del servicio médico. Los técnicos penitenciarios reciben mensualmente de cada cárcel información sobre el gasto farmacéutico y, cada trimestre, un programa informático alerta de datos llamativos. “Cuando los indicadores saltan empezamos a investigar”. El principal indicador es el gasto farmacéutico por interno, según el tipo de reclusos, los enfermos crónicos o la edad media, cifra que se compara con otros centros tipo de similares características.

La visita sorpresa al centro se produjo después de que en la Subdirección General de Sanidad Penitenciaria se dispararan las alarmas: en uno de los trimestres de 2008 se triplicaba la inversión normal en medicamentos para un penal de sus características. Córdoba es un centro tipo con una población penada y preventiva que supera los 1.600 reclusos y de los que hay cuarenta en España. El gasto en medicina ambulatoria por interno es de 30,08 euros al mes, y algo no cuadraba en Córdoba.

El relevo del médico no ha frenado una investigación más a fondo para comprobar si, además, ha recibido algún tipo de incentivo por parte de Salvat y si, efectivamente, hubo partidas de fármacos a las que no se le aplicó la reducción de precio negociada. “Hay ocasiones en que un mínimo descuadre puede tener sus motivos: un grupo importante de presos ha enfermado, se ha gastado más en un medicamento nuevo, ha cambiado el proveedor… pero en este caso el descuadre era más alarmante”, comentan fuentes penitenciarias.

Las mismas fuentes indican que el gasto sanitario en las prisiones está muy fiscalizado. De hecho, el 60 por ciento del gasto en medicamentos hospitalarios de los 82 centros penitenciarios españoles se gestiona en Madrid, desde donde se compran y distribuyen los medicamentos de mayor coste, como los antirretrovirales para los enfermos con VIH y los antipsicóticos para los que sufren alguna patología mental. Un 25 por ciento de los más de 70.000 reclusos tiene diagnosticado algún trastorno psiquiátrico y casi 40.000 toman psicofármacos (ansiolíticos, antipsicóticos, antidepresivos y metadona)

El otro 40 por ciento del gasto farmacéutico se realiza directamente desde las propias prisiones. En Córdoba ,al no existir farmacéutico, el doctor Gallego se encargaba de los pedidos de medicamentos. La investigación de asuntos internos no se limita al médico. Al igual que en otros centros, el equipo de atención primaria está encabezado por un subdirector médico que coordina a entre cinco y ocho facultativos, al menos una quincena de enfermeros y otros tantos auxiliares clínicos.

Según el ex empleado de la farmacéutica, habría sido el propio médico quien sugirió al delegado de Salvat que se ocupa de su zona que si existiese algún tipo de atención comercial con él, los pedidos serían más importantes. Una sugerencia que al parecer no cayó en saco roto ante los responsables de Salvat –una empresa con sede en Barcelona y de capital íntegramente español–, que acordaron que los laboratorios no realizarían descuento alguno al centro y, a cambio, el médico se llevaría una comisión del 15 por ciento de cada facturación trimestral. El incentivo se realizaba en cheques-regalo por valor de cien euros. Cada tres o cuatro meses, recibía presuntamente su liquidación. Siempre en mano, en un sobre que llegaba desde Barcelona y a través de quien ha interpuesto la demanda, que quedaba con el facultativo en un lugar alejado de la prisión como una cafetería o el gimnasio.

Lo habitual era que, en un año, el médico recibiera entre 15.000 y 18.000 euros. El último pago del que ha tenido constancia esta revista se habría efectuado presuntamente en junio de 2008 por importe de 3.000 euros. Un mes antes, el doctor efectuaba uno de sus habituales pedidos en el que figuran productos cuanto menos curiosos tratándose de una prisión. Por ejemplo, Pedykur, un tratamiento para el sudor que, junto al antiséptico bucal Donner, el antipiojos Mitigal o las sales Pyre, indicadas para el cansancio o el estrés, formaban parte habitual de los pedidos del doctor que, además, también era generoso cuando solicitaba antigripales. Por ejemplo, Vincigrip –con un coste de seis euros frente al 1,70 que costaría un genérico de idénticas características– que también solicitaba, de forma trimestral, en cantidades que siempre oscilaban entre los 200 y las 600 unidades. “No es en absoluto normal. Ni el uso de esos productos, ni las cantidades que se pedían”, aseguran fuentes penitenciarias.

En conversación con interviú, el doctor Gallego se define como una persona querida por todo el mundo y con muy buenas relaciones con los laboratorios. “En mi vida he cobrado una comisión de nadie, soy más honrado que los céntimos”. Asegura que su implicación en este asunto se debe a la venganza de un ex trabajador de los laboratorios –Francisco Brazo, el mismo que ha destapado el caso– por no haber alcanzado un acuerdo con su empresa tras ser despedido. Esta persona, según el facultativo, se habría dedicado a desacreditarle. Incluso, habría contactado con Instituciones Penitenciarias, lo que motivó una visita a la cárcel de una serie de inspectores. “Vinieron al centro, parece como si quisieran encontrar algo, pero no encontraron nada. Hablaron conmigo, les expliqué todo, cómo se trabaja o no. Han revisado los almacenes, factura por factura y han visto que no hay ninguna irregularidad. Han llamado a mi jefe y le han dicho que esté tranquilo, que todo está en regla”. Preguntado si los laboratorios no efectuaban descuentos a los medicamentos que adquiría la prisión, asegura que Salvat “ha estado mucho tiempo haciendo descuentos y con géneros. Por ejemplo, enviaba doscientas unidades de un producto y otras doscientas gratis. No han hecho descuento (del cincuenta por ciento sobre el coste original) porque han mandado el género, ya que existen las dos opciones”. Esta posibilidad de doblar los productos solicitados ha sido confirmada por fuentes penitenciarias. El médico explica que cuando llegó a la cárcel, hace ocho años, aceptó encargarse de proveer la farmacia porque nadie quería hacerlo. “Trabajo con muchos laboratorios, al menos diez, precisamente para que no haya controversias. Después de tantos años trabajando con ellos ya todos son amigos por eso ahora, ante este problema, todos me están apoyando”.

El doctor también asegura que, en ocasiones, los pedidos se hacían vía fax “sin contacto personal”. También que la revisión de los pedidos depende de la farmacéutica de la cárcel de Málaga. “Una vez al mes ella mira y revisa todo”. Cuando se pregunta a Instituciones Penitenciarias por qué no funcionaron los mecanismos de control desde Málaga, reconoce que “al parecer el control que se hizo no fue suficientemente exhaustivo para detectar esas disfunciones”.

  • ¡Compartelo!
  • twitter
  • delicious
  • facebook
  • compartir por mail

Comentarios recientes

No hay comentarios

Añade tus comentarios
  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Publicidad

Publicidad

Publicidad