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Prostitución y lujo

Fecha: 15/01/2007 0:00 Manuel Marlasca / Luis Rendueles ico favoritos Añadir a favoritos
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La anterior novia de Derek trabajó en un club de Madrid y conocía a futbolistas, mafiosos y millonarios árabes.

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Sus amigos futbolistas, sus clientes árabes y sus compradores de cocaína la llamaban Sousou (pronunciado en castellano, Susú). También la llamaban así los dueños de las tiendas de ropa de la calle Serrano, las más lujosas de España, de los centros de estética y de las peluquerías como Llongueras, donde acudía con frecuencia. Susú era el nombre artístico de Seanyn Ávila, una escultural brasileña de 34 años que ha vivido el último año y medio recluida en una cárcel francesa.

Sousou se convirtió en Susú en el pub Pigmalión, uno de los más exclusivos lugares de alterne en Madrid, entre la calle Serrano y el paseo de la Castellana. La Guía Internacional del Sexo (un lugar de encuentro de los clientes de prostíbulos de medio mundo) avala su clase. Las jóvenes, muchas modelos o aspirantes a tal, no se acercan a los clientes, que deben invitarlas fuera del local y no tienen garantizado consumar la relación sexual con ellas. Si lo logran, las tarifas parten de 600 euros.

Susú declaró a la policía que trabajó en el Pigmalión y que fue allí donde conoció a varios integrantes del clan de Los Miami, responsable de buena parte del tráfico de drogas en los ambientes nocturnos de Madrid. Susú contó a la policía que por entonces mantuvo una relación sentimental con uno de los Miami, Ricardo Rojas.

En el sumario español de la operación Riviera- Stihl, instruido por la Audiencia Nacional, figura una conversación en la que alguien le anuncia a Susú que han llegado a Madrid “unos árabes” y que buscan chicas de lujo para una buena fi esta. Susú le responde con una tarifa: 1.000 euros. El interlocutor cree que el dinero es para toda la noche, pero ella matiza: 1.000 euros, una hora; toda la noche, 3.000 euros. Otra grabación telefónica recuerda la fiesta de cumpleaños del futbolista Ronaldo en 2003, polémica por la presencia de modelos, presentadoras y cortesanas de la noche madrileña. A la fiesta acudió Lilian, otra joven brasileña amiga de Susú y que fue detenida también en la operación antidroga que acabó con ella en prisión.

Susú dejó el Pigmalión. En 2005, dirigía una organización que surtía de droga a buena parte de España y vivía a todo lujo. Los policías que la seguían comprobaron que visitaba gimnasios, centros de estética, peluquerías y tiendas de lujo. Incluso dependientas de esas tiendas la llamaban para ofrecerle vestidos de marca valorados hasta en 7.200 euros, según la investigación. Planeaba establecerse como empresaria, tenía una sociedad, JFPSR Music Eventos y Producciones, y proyectaba montar una discoteca en la calle La Bola, muy cerca de la Gran Vía. Con su teléfono pinchado, Susú se queja de que sus actividades le habían impedido acudir a una entrevista de trabajo en Miami para la elección de la chica Playboy. Entre tanto, la joven tuvo suerte; consiguió ser agraciada con una vivienda de protección oficial en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid.

En el registro que la policía hizo del ático madrileño donde vivían Susú y Derek, los agentes encontraron documentación manuscrita por Susú, una especie de diario con objetivos para hacer la vida más feliz. Después de varios buenos propósitos sobre su vida y su familia, la joven añadía: “Y follar, todos los días”.

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