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El colectivo “Putas Indignadas” votará por los independentistas de la CUP

Putas contra el 155

Fecha: 18/12/2017 • Reyes Tatay • Fotos: Sergi Reboredo ico favoritos Añadir a favoritos
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Son “putas, feministas e independentistas catalanas”. Desde el 1 de octubre compaginan su trabajo en las calles del barrio barcelonés del Raval con la campaña que pide el voto para la CUP. Las Putas Indignadas de Barcelona aseguran que la aplicación en Cataluña del artículo 155 vulnera sus derechos y luchan por una república anticapitalista donde se legalice la prostitución y se les incluya como víctimas de violencia de género. | Sigue leyendo. 

Son las siete de la tarde y Janet llega exhausta a su puesto de trabajo, una esquina de la calle de Robador en el barrio del Raval. La mujer, de 57 años, es la portavoz de Putas Indignadas, una asociación que lucha por “los derechos de las mujeres que viven en la calle”  y que agrupa a más de 40 mujeres que se dedican a la prostitución. Janet lleva 32 años de oficio, “los que llevo viviendo en Barcelona”, explica. Antes de llegar a su esquina, ha dado un discurso feminista en Ca La Dona, una asociación para mujeres.

Prostitutas obreras

Desde que empezó el procés en Cataluña, Janet se moviliza del lado de la CUP (grupo independentista y anticapitalista con diez diputados en el Parlament): “Yo soy puta, feminista, sudaca e independentista. Las mujeres de Putas Indignadas somos de todas las nacionalidades, pero ante todo somos anarquistas, por eso el 21D votaremos a la CUP”, proclama la mujer. Cuando interviú le pregunta por el ex president, Janet tuerce el gesto: “No nos gusta Puigdemont y todo lo que tenga que ver con la burguesía catalana. Han colado la bandera independentista para ganarle votos a la izquierda”.

Nigerianas, rumanas, marroquíes y sudamericanas. Cada esquina de la pequeña calle de Robadors está ocupada por prostitutas. A medida que avanza la noche llegan más. Una de ellas elige un cubo de pintura como silla para descansar hasta su próximo servicio. Es rumana y prefiere no identificarse ni enseñar su cara: “Tengo dos hijos y no saben que soy puta”. Los clientes comienzan a llegar. Uno de ellos, de origen hindú, se queda mirando a la portavoz de Putas Indignadas. Janet le contesta con una amplia sonrisa: “por 30 euros, te hago feliz”

Con un chaquetón hasta las rodillas y una bufanda, Janet se protege del frío: “En la calle puedo trabajar sin tacones, sin maquillaje y con esta pinta de maruja. Voy y vengo cuando quiero. Tengo la libertad de elegir. Cuando trabajas para un tercero tienes unas normas”.

La activista independentista asegura que su trabajo no se ha visto afectado con todo lo que ha ocurrido desde el 1 de octubre en Cataluña. “Somos putas de la calle. Trabajamos con el sector más bajo de la sociedad: los inmigrantes y los obreros. Que se reduzca el turismo o que se vayan las grandes empresas no nos afecta”.

Su cartera de clientes tampoco ha aumentado. Ni siquiera con la llegada de las fuerzas de seguridad: “Los policías y los guardias civiles se quedaron en el Piolín”, asegura Janet en alusión a los barcos donde dormían 6.000 agentes movilizados para la operación Copérnico. Pese a su ideología independentista y antisistema, Janet matiza que “si hubieran querido pasarse por aquí hubieran sido bienvenidos. El dinero es dinero. Es un error hablar de política, religión o fútbol en el trabajo. Yo tengo como clientes a varios abuelitos que son del PP y todos saben que yo soy perroflauta”.

‘Meubles’ tapiados

Janet trabaja en la puerta del número 43 de la calle. Es un portal tapiado, pero la prostituta recuerda cuando funcionaba como meublé. Hace once años, el portal escondía un negocio de siete pisos con habitaciones alquiladas por horas. Ahora Janet trabaja a la intemperie. Para no ser multada comparte una habitación de 28 metros cuadrados con ocho compañeras: “El propietario nos cobra 1.800 euros mensuales. 500 euros por contrato y el resto en negro por ser putas”.

En 2011, el entonces alcalde Xavier Trías multó con hasta 3.000 euros a las prostitutas solo por captar clientes en la calle. “Así comenzó la persecución y criminalización de las putas”, recuerda Janet, que asegura que “lo que hay detrás es una especulación inmobiliaria en la zona del barrio chino”

Algunas compañeras de Janet alquilan un piso para cobrar por sexo, otras prefieren ahorrarse ese gasto. Un grupo de rumanas sentadas en un portal explican que “si un cliente quiere alojamiento, paga 10 euros más. Si no quiere pagar, esperamos a que se abra un portal y lo hacemos en las escaleras”. Un hombre mayor de origen árabe nos ofrece su casa y una chica del Este para completar allí el servicio. Nos pide 50 euros por una habitación cochambrosa.

Las Putas Indignadas de Barcelona tienen un nuevo enemigo: “El 155 está vulnerando nuestros derechos como Putas”, asegura su portavoz. “Desde que el Estado español ha intervenido la economía catalana, la Generalitat tiene problemas para pagar a las asociaciones y los servicios sociales. Y desde que vivimos con el 155 el retraso es mayor. Además, los desahucios se han multiplicado. Las viviendas que estaban vacías y ocupadas por movimientos sociales están siendo tapiadas”.

Enemigos de partido

A pesar de que cuentan con el apoyo de la CUP y otros sectores de la izquierda independentista, el camino para ser escuchadas “no ha sido fácil. En la prostitución la izquierda está dividida. Barcelona en Comú quiere regularizarla. Podemos no se moja e Izquierda Unida es abolicionista. Los únicos que nos apoyan y han perdido votos por ello son los de la CUP”, asegura la portavoz de Putas Indignadas. “Han preferido a las putas antes que al feminismo rancio, que es el mayoritario” , continua Janet que señala que en este sector ”son feministas que provienen de las élites blancas occidentales. Nosotras somos de clase obrera, no unas niñas pijas que dicen tonterías hablando de puteros. Me gustaría saber cuántas amigas putas tienen esas feministas para poder hablar de este tema”. 

Carma es miembro del Casal Popular Independentista La Galera. También es amiga de Janet. Ambas participan en actividades a favor de la izquierda independentista y campañas feministas. La joven apoya a las putas indignadas de su ciudad: “Dentro de las mujeres, ellas son el estamento más vulnerable”.

Janet, la portavoz, añade: “Lo que más daño hace al feminismo es que una mujer imponga su voluntad a otra. ¿Por qué cuando decimos ‘nosotras parimos, nosotras decidimos’, no apoyamos ‘nosotras follamos: Gratis o cobrando’?”, se pregunta. 

Desde el casal La Galera, Carma  también apoya la regulación de la prostitución y el reconocimiento de la violencia de género que sufren las prostitutas. Para la portavoz de Putas Indignadas, el cambio debe empezar en los colegios: “El estigma de puta nos atraviesa a todas las mujeres, sobre todo en este país en donde la religión ha sido un arma de castración. Para eliminarlo, se debe empezar por una amplia educación donde el sexo se vea como algo normal, parte de nuestra naturaleza, y no como algo malo”.

Janet denuncia que “el hombre puede elegir cómo, cuándo y dónde follar. Cuando las mujeres atravesamos esta línea, automáticamente recibimos el cartel de puta. Pero a mi me encanta ese cartel. Significa libertad. Gracias a ese cartel, mis hijos tienen una carrera universitaria”.

Víctimas de violencia

Algunos vecinos que pasan por la calle Robadors, muestran su cara de desprecio hacia las prostitutas del barrio. “No somos aceptadas asegura Janet, que recuerda un episodio violento: “Un vecino que nos insultaba, nos tiraba botellas, nos escupía y con una jeringuilla corría detrás de las chicas. Hace un año que lo denunciamos. No sirvió de nada porque la querella no entra dentro de la violencia machista simplemente por ser putas”. | Sigue leyendo.

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Comentarios recientes

  • Alberto 18/12/2017 16:24

    Pues, como se materializara la República Bananera, que se preparen para una guerra con Tailandia. Se habla de barcos enteros llenos de tios salidos deseando poner "mirando a Pamplona" a los independentistas. Resumiendo, las putas independentistas van a tener mucha competencia.

    Comentario fuera de tono

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