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Ríos de cocaína

Fecha: 23/10/2006 0:00 Alberto GAYO / Marian NAVARCORENA ico favoritos Añadir a favoritos
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interviú ha recogido muestras del Ebro –el río más caudaloso de España– y de una canalización en el centro de Valencia. Hay coca hasta en la sopa. Pero no sólo droga, los ríos están llenos de restos medicamentos.

En 2005 saltó el escándalo. Investigadores de Alemania e Italia midieron los residuos sintetizados de cocaína que había en sus principales ríos (ver recuadro de la página 16) para conocer el consumo real de la droga de moda. Los resultados no dejaban dudas: en la región alemana más poblada por donde transcurre el Rin se consumían 27 kilos de cocaína al día, y en el valle del Po, cuatro kilos diarios.

interviú ha analizado el agua del río más caudaloso de la Península, el Ebro, a su paso por Zaragoza, y de una acequia urbana de una gran ciudad, en este caso la del Valladar (Valencia), un desagüe a donde van a parar las aguas residuales del centro de la capital levantina. Conclusión: la principal planta de depuración de aguas de Zaragoza vierte al Ebro 57 kilos de metabolito de cocaína al año, y la canalización del centro de Valencia arrastra anualmente más de 43 kilos de residuo del polvo blanco.

Nada raro si atendemos a los datos del Observatorio Europeo de Drogas, que si túan a España como el segundo país donde más rayas se esnifan, tendencia que confirmará próximamente una macroencuesta del Plan Nacional sobre Drogas, en la que la cocaína se vuelve a disparar.

La cocaína, una vez esnifada o fumada, se rompe en el organismo, se fractura y se convierte en un metabolito llamado benzoilecgonina (BE). Una persona da positivo a la coca a partir de 150 nanogramos (milmillonésima parte de un gramo) de este metabolito por cada litro de orina.

Para la realización de este reportaje, el jueves 27 de abril de 2006 se tomó, en compañía de un miembro valenciano de Ecologistas en Acción, la primera muestra de agua en la acequia del Valladar, una vía que discurre por debajo de Valencia (800.000 habitantes) a la que se vierten las aguas residuales de domicilios y comercios del centro de la ciudad, y que sale al exterior justo al lado del Oceanográfico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Según los análisis de cromatografía de masas realizados a petición de interviú por el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, la concentración de residuo de cocaína en la acequia era de 4.600 nanogramos por litro de agua.

La presencia de esta concentración de benzoilecgonina es interpretada por fuentes de la lucha antidroga como “una demostración más del impresionante consumo de esta sustancia” en España. “La concentración de 4.600 nanogramos por litro de agua es muy importante, nunca hubiera pensado encontrar esta cantidad”, explica Rafael de la Torre, jefe del Grupo de Farmacología del IMIM.

Según fuentes municipales, el caudal medio de la canalización valenciana es de 300 litros por segundo, lo que significaría que al segundo pasan 1.380.000 nanogramos de residuo de cocaína. Si multiplicamos por minutos, horas y días, estaríamos hablando de que esa pequeña acequia porta al año más de 43 kilos de benzoilecgonina. Si el organismo lanza por la orina el 45 por ciento de la cocaína en forma de metabolito, se supone que se han tenido que consumir en esa zona de Valencia más de 95 kilos de cocaína en los últimos doce meses. Y éste es sólo uno de los muchos desagües de la ciudad.

La muestra recogida en Zaragoza –ciudad que acogerá en 2008 la Exposición Universal y que precisamente girará en torno al agua– se obtuvo el 22 de mayo de 2006 en la salida de la estación de depuración de La Cartuja, con una capacidad operativa para tratar los vertidos de una población cercana al millón de habitantes. En la actualidad, y hasta que acoja en un futuro a los municipios del área metropolitana, la depuradora funciona al 40-50 por ciento de su carga y trabaja limpiando las aguas residuales de alrededor de 500.000 ciudadanos.

Los análisis del IMIM con_ rman una contaminación con restos de cocaína de 950 nanogramos por cada litro que se lanza al Ebro, lo que signi_ ca más de 155 gramos de benzoilecgonina al día, o lo que es lo mismo, casi 57 kilos al año. Si las plantas de depuración más o menos limpian el 10 por ciento de estas sustancias y la benzoilecgonina supone el 45 por ciento de lo consumido, no es descabellado hablar de que en la capital aragonesa se consumen al menos 125 kilos de cocaína al año.

“La aparición de metabolitos de cocaína en los ríos es normal. Para saber si hay aumento en los consumos de drogas mediante el análisis de las aguas habría que hacer un seguimiento exhaustivo durante varios años en las mismas zonas. Con estos datos lo que se demuestra es que los tratamientos convencionales biológicos secundarios de aguas residuales –los actuales sistemas de depuración– no llegan a eliminar estos compuestos”, explica Damià Barceló, experto del Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona, quien próximamente iniciará un estudio para conocer los derivados del éxtasis y otras drogas de síntesis que permanecen intactos tras su consumo en el agua de nuestros ríos.

La presencia de residuos de cocaína en el Ebro no debe causar sorpresa. Un reciente estudio del proyecto europeo Aquaterra, elaborado por el equipo de Barceló, identificó restos de al menos veinte medicamentos en las aguas del Ebro. Mediante 18 estaciones de muestreo, el experto del Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona detectó a lo largo de la corriente entre Álava y la localidad tarraconense de Tortosa restos de antibióticos, antidepresivos, antihistamínicos, analgésicos y antiinflamatorios, todos ellos procedentes de la ingesta humana y de un incorrecto reciclaje de los fármacos, ya que mucha gente sigue deshaciéndose de los medicamentos tirando su contenido por el lavabo o el retrete.

En tres de los puntos de control localizados en la provincia de Zaragoza las concentraciones de medicamentos en el agua del Ebro estaban próximas o superaban los 600 nanogramos por litro, una contaminación considerada importante. Curiosamente, del metabolito de la cocaína se encontraron después de pasar por la depuradora casi 1.000 ng/litro. Las cifras no engañan, sino que además con_ rman tendencias: España es el séptimo país en consumo de fármacos y está entre los tres primeros, junto con Estados Unidos y Reino Unido, en consumo de cocaína.

El hecho de que haya metabolito de la cocaína en el agua depurada no debe llevar a confusión. A las depuradoras llegan las aguas residuales de toda la ciudad, donde teóricamente el consumo de drogas –y de fármacos– es mayor que en las zonas rurales. Además, las depuradoras no están preparadas para limpiar estas sustancias, tan sólo un porcentaje desaparece.

Por ejemplo, a la depuradora de Zaragoza llegan 3.330 ng/L de naproxeno (un antiinflamatorio) y tras el proceso de limpieza vierte al Ebro 2.479 ng/L. En el caso del ibuprofeno (el antiinflamatorio de uso más común), la depuración es mejor ya que entran en la planta más de 12.000 nanogramos y salen 3.300.

Al igual que los medicamentos, los residuos de coca no provocarían efectos nocivos sobre la salud de las personas, aunque sí podrían alterar la vida de los peces, los anfibios y las plantas. Si para ingerir el contenido de una pastilla de ibuprofeno habría que beber millones de litros de agua del río, en el caso de la benzoilecgonina el problema es aún menor. “No hay peligro porque este metabolito no es psicoactivo. No es lo mismo que un pesticida, sustancia que nadie ha roto, ha hecho su trabajo en la producción agrícola pero no se ha metabolizado, es el mismo producto. En el caso de la cocaína se ha convertido en benzoilecgonina, que es inactiva. La gracia es que aparezca en esas proporciones”, explica Rafael de la Torre, del IMIM de Barcelona, un organismo puntero en la investigación de los efectos de las drogas de abuso.

Según el investigador Damià Barceló, el problema “puede ser más de exposición a largo tiempo. Hablamos de niveles de nanogramos por litro que poco efecto pueden tener en la población. De lo que sí hay datos es de que, por ejemplo, el diclofenaco –principio activo del antiinflamatorio Voltarén– ha tenido un efecto devastador en la población de los buitres de Pakistán y la India porque se usaba como medicamento para animales. Cuando morían los animales, los buitres los ingerían y después enfermaban, disminuyendo enormemente la población de buitres”.

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