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Sicarios: todo a 30.000

Fecha: 05/11/2007 0:00 Manuel MARLASCA / Luis RENDUELES
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Cada año mueren en nuestro país unas 40 personas, como el alcalde de Polop (Alicante), víctimas de crímenes por encargo. Delincuentes españoles tratan de imitar a los profesionales colombianos y del Este de Europa. Porteros de discoteca, vigilantes jurados, pequeños traficantes, cobradores de morosos...

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“Daban 50.000 euros por matarme, pero encontraron a alguien que cobraba menos”

Los primeros asesinos a sueldo llegaban a España en avión desde Colombia con billete de ida y vuelta. Les llamaban los Tyson (como el ex campeón mundial de boxeo) porque llegaban, mataban y se iban a su país. Sus víctimas eran otros traficantes que trataban de estafarlos. Hoy, las mafias de la droga tienen ya oficina en España para saldar con sangre sus deudas. Pero además de los asesinos profesionales, algunos españoles poco experimentados se ofrecen como sicarios. Según fuentes de la policía y la Guardia Civil, se trata de “porteros de discoteca, pequeños vendedores de droga, matones, gente de gimnasios... Empiezan cobrando por dar palizas, pero claro, el dinero está en los asesinatos”. Algunos se atreven a ofrecerse para todo, “pese a que nunca han matado a nadie”.

Y eso provoca cambios en los crímenes por encargo. “Para empezar, bajan los precios. Esta gente mata por 30.000 o 50.000 euros”. Y además, “baja la calidad del servicio”, matizan las fuentes de policía y Guardia Civil. Eso explica algunas chapuzas bienaventuradas. Sicarios que se echan atrás, como el que en 2003 debía matar al fiscal Javier Zaragoza, de la Audiencia Nacional. Otros, pequeños traficantes de droga como Sebastián Bayona, que cuando son detenidos en una redada piden trato de favor, a cambio de salvar la vida a un alcalde a quien debían matar. Los encargados de asesinar en Alcorcón (Madrid) a un líder opositor de Guinea Ecuatorial, Germán Tomo, lo confundieron con su hermano Manuel –conducía su coche–, a quien acuchillaron en junio de 2005. “Los más frívolos anuncian sus servicios por internet”, subrayan las mencionadas fuentes. La pasada semana, una web de “asesinos profesionales” ofrecía sus servicios: “Si usted tal vez agotó los medios o las personas que deberían ayudarle no le escuchan, si se cansó del abuso, sea dueño de su destino. Termine con aquellos problemas que aquejan su vida y póngale un alto a sus enemigos”. En España no se ha descubierto ningún crimen contratado por internet, pero sí en Francia, donde un joven médico de Nancy escribió en Google “asesino a sueldo” y contactó con un sicario para matar al nuevo novio de su amada, una enfermera. El presunto criminal denunció la oferta y el joven fue detenido en abril de 2005.

En un ambiente más profesional del crimen, las palizas y los secuestros son moneda de uso corriente en las guerras entre bandas rivales españolas. La semilla puesta por grupos como Los Miami, que durante años controlaron en la capital la seguridad y el tráfico de drogas en los locales nocturnos, ha crecido y en la actualidad la policía cree que hay diez o quince grupos integrados exclusivamente por españoles dedicados al cobro de deudas, a las extorsiones y a dar palizas por encargo. “En ocasiones –señala un agente de la Brigada de Policía Judicial de Madrid– pueden llegar a cometer asesinatos, por un precio que oscila entre los 30.000 y los 50.000 euros”.

Entre cuarenta y cincuenta personas mueren cada año en España en ajustes de cuentas a manos de sicarios profesionales. Además de los españoles, los colombianos ya no tienen que viajar para castigar a quien trate de traicionarlos en España. Según fuentes policiales, en Madrid hay actualmente media docena de “oficinas comerciales” abiertas. Las oficinas están formadas por sicarios de Cali, Medellín, Palmira y Pereira, y en España funcionan bajo la cobertura de tapaderas de negocios legales, como bares o locutorios. Las oficinas –en las que operan entre cinco y diez personas– trabajan al mejor postor y cobran un porcentaje de la deuda satisfecha, que oscila entre un cinco y un 25 por ciento. El método más extendido para cobrar es el secuestro o amarre. El moroso es secuestrado y, por lo general, recibe un trato correcto, incluso puede llamar a sus familiares. Mientras dura el cautiverio, la víctima tiene que hacer efectiva la deuda, generalmente en Colombia. El pago puede hacerse en metálico, en droga o mediante el traspaso de propiedades inmobiliarias, negocios o vehículos. Una vez satisfecha, las oficinas liberan a sus cautivos y cobran de la organización que les ha contratado. Muchas veces, este pago se hace en droga, por lo que las oficinas tienen en sus filas a jíbaros (traficantes dedicados al menudeo). “Pese a lo que pueda parecer, el principal objetivo de las ‘oficinas’ de cobro no es matar, sino cobrar. El asesinato es el último recurso y sólo se ejecuta cuando ha habido un robo de dinero o mercancía o cuando el moroso se niega a pagar tras muchos avisos”, señala uno de los policías que mejor conoce el crimen organizado colombiano.

La policía cree que estas oficinas de cobro están detrás de dos brutales asesinatos cometidos en las últimas semanas en la Comunidad de Madrid. El 14 de septiembre fue hallado en un paraje de Ciempozuelos (Madrid) el cuerpo de un hombre semienterrado, vestido sólo con unos calzoncillos y una camisa. En su cuello llevaba una cadena de oro. Le habían cortado las manos y le habían introducido la cabeza y la parte superior del cuerpo en ácido sulfúrico, que destruyó casi todos los tejidos blandos, haciendo imposible su identificación. El tipo de ropa que llevaba, lo cuidadas que tenía las uñas de los pies y la marca de los criminales hacen pensar a los investigadores que el cadáver corresponde a un ciudadano colombiano.

El 21 de octubre, un paseante encontró en un monte de San Martín de la Vega (Madrid) seis bolsas de basura que contenían el cuerpo descuartizado de un hombre. Aún conservaba unas botas de marca, parte de unos pantalones vaqueros y la manga de un polo. “Estaba descuartizado con la precisión de un cirujano”, señalan fuentes de la investigación. La víctima recibió ocho balazos antes de ser desmembrado por sus asesinos, que en esta ocasión sí le dejaron las manos. La Guardia Civil no ha encontrado en las bases de datos españolas registro de sus huellas dactilares, por lo que las ha enviado a Colombia.

“Las torturas sirven para obtener la máxima información posible. El hecho de meter un cuerpo en ácido o de descuartizarlo tampoco es un capricho, sino que lo hacen para dificultar la identificación”, señala un policía. “No es una coincidencia que hayan aparecido dos cuerpos así”, señalan fuentes policiales, que atribuyen los crímenes a una guerra entre grupos de delincuentes colombianos. Según revelan a interviú fuentes policiales, en los últimos meses los traficantes de cocaína están sufriendo numerosos robos de mercancía y de dinero, lo que se conoce en el argot como volcados. “Muchas organizaciones dedicadas antes a los atracos a joyerías se han reconvertido”, dice un agente. Estas bandas actúan con información privilegiada sobre el lugar en el que los traficantes guardan su mercancía o, incluso, cuentan con la colaboración de alguien de dentro del grupo rival. “En ocasiones, llegan a poner un dispositivo GPS en un paquete de droga, para seguirle el rastro y saber dónde está la ‘caleta’ (el lugar donde se guarda la droga)”, detallan fuentes policiales.

Los robos de droga, que evidentemente no son denunciados a la policía, suponen la mayor afrenta posible para una organización de narcotráfico, que lo consideran una afrenta imperdonable. No hay negociación posible. Para ajustar las cuentas, las oficinas de cobro están incorporando a sus plantillas a asesinos muy cualificados. “Hemos detectado la llegada de muchos colombianos procedentes de los grupos paramilitares y de las guerrillas desmovilizadas en los últimos tiempos”, señalan desde la Comisaría General de Policía Judicial, máximo órgano dedicado a la lucha contra la delincuencia organizada.

Según estas fuentes, los antiguos miembros de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) –que durante años han mantenido una brutal guerra con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias)– al igual que los ex guerrilleros han entrado y se han instalado en España con pasaportes de países –Venezuela, Costa Rica, Guatemala y México– con los que no hace falta visado. Estos individuos están siendo los encargados de ejecutar con brutalidad extrema las órdenes de las organizaciones que les pagan sus servicios.

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