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Después de varios reportajes de denuncia sobre la nueva silicosis, es la hora de los médicos: "Conocíamos el mal hace ocho años"

Silicosis: Médicos alertan de una explosión de nuevos casos

Fecha: 02/10/2017 Inma Muro / Fotos: Román Ríos ico favoritos Añadir a favoritos
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En 2009, a los hospitales de la bahía de Cádiz empezaron a llegar casos de enfermedades respiratorias que no eran habituales allí. Los especialistas tardaron en acertar con el diagnóstico, nadie buscaba silicosis en el sur. Tres doctores que pusieron nombre a la epidemia cuentan cómo fueron aquellos primeros casos. Casi una década después, Andalucía ha aprobado un programa integral contra la enfermedad en el sector del tallado y corte de piedra. Es la única que lo ha hecho, aunque en España hay 400.000 trabajadores expuestos al sílice. | Sigue leyendo.

La doctora Cristina García Vadillo, hoy jubilada, dirigía en 2009 la Unidad de Gestión clínica de Neumología del Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz). Fue la primera que se topó con un diagnóstico rotundo: silicosis. Esta era una enfermedad de mineros que, hasta entonces, allí no se había registrado nunca. 

Andrés Rabadán, epidemiólogo, jefe de Salud Pública de la Junta de Andalucía en Cádiz, también asistió al surgimiento de aquel inesperado brote de silicosis, enfermedad profesional caracterizada por fibrosis pulmonar y predisposición al cáncer de pulmón. “Me llamó Cristina (García Vadillo) y me dijo: ‘Tengo un caso muy raro’. Mandó hacer un estudio de anatomía patológica y el informe del laboratorio fue contundente: silicosis”, recuerda el médico. 

Era una silicosis de libro, solo que el entorno laboral del paciente no era una mina, sino un taller de mármol. “Y esta es una enfermedad sí o sí profesional”, recalca Rabadán. Así empezó una investigación en la que también participó una joven residente del hospital universitario Puerta del Mar de Cádiz, Aránzazu Pérez Alonso, que hacía la especialidad de Medicina Preventiva y Salud Pública. “Me llamó la atención que en mi zona llegaban casos de enfermedades pulmonares muy concretas y me dio por preguntar, por indagar dónde trabajaban, en entrevistar a afectados. Entonces no se sabía de dónde salía”, cuenta. 

Publicó un estudio en la publicación científica International Journal of Ocupational and Environmental Health (Revista Internacional de Salud Laboral y Ambiental), con el seguimiento de 46 enfermos de una media de 33 años. Demostraban que se encontraban ante una nueva forma de enfermedad asociada a nuevos materiales de construcción, como el aglomerado de cuarzo, y que las medidas de protección eran insuficientes. La nueva fuente de afección, concluía en el artículo, se producía en pacientes muy jóvenes, con un tiempo de exposición al polvo de sílice menor que en la minería (en algún caso detectado en Andalucía, bastó con un año, mientras que en las minas llegaba tras dos décadas de exposición) para mostrar daño en los pulmones.                                                                                                                                        Ocho años después de aquel primer brote, en la bahía de Cádiz, oficialmente, hay un centenar de casos. Así lo recoge el Programa Integral Silicosis Andalucía (PISA), pionero en España, presentado en abril pasado por la Junta de Andalucía.

Sufrimiento

Cerrada su etapa profesional, la doctora García Vadillo no quiere recordar aquellos primeros diagnósticos. Su primer impulso es decir que no quiere hablar, que fue una etapa amarga. “Me causó mucho sufrimiento”, explica. Evade su protagonismo y alega que solo siguieron los protocolos ante un problema de salud recurrente. Pero lo cierto es que pusieron nombre a una epidemia que solo en Andalucía ya tiene 256 casos reconocidos. En toda España, entre 2014 y 2015 (último dato oficial conocido) se comunicaron 476 casos nuevos. “Esto solo es la punta del iceberg. Si no aparecen más, es porque los médicos no los buscan, pero tiene que haber muchos más en todo el país”, recalca Andrés Rabadán. Eso sí, el técnico de la Junta se muestra esperanzado: “Con el PISA se van a frenar los nuevos casos. Si aparecen más, vendrán de años atrás”.

Otros especialistas consultados por interviú son más críticos: “Este es un problema de salud pública importantísimo y no interesa que se sepa lo pernicioso que es el material que lo causa. El PISA es un plan tímido, para salir en los medios de comunicación” 

La explosión de casos, coinciden los expertos, aún está por llegar. En el año 2000, en España había 404.700 trabajadores expuestos al sílice según la base de datos CAREX (información sobre exposición laboral a cancerígenos). En toda la UE eran 3,2 millones de personas, según cifras de este organismo, recogido por la publicación especializada Archivos de Bronconeumología

“Vimos gente muy afectada, eran muy jóvenes, deportistas que no fumaban, con los pulmones fatal –recuerda Cristina García Vadillo, según se aviene a rescatar de su memoria datos de la época en la que estalló el brote–. En algunos, en las radiografías ya se veía el daño, pero en otros no aparecía y fue en las biopsias donde ya se vio el alcance real”.

A ciegas

Se hicieron una docena de análisis de tejido pulmonar, luego se desechó esa técnica invasiva. Se vio que no era necesario biopsiar, que hasta podía resultar perjudicial, y que bastaba un TAC para ver el daño. “A los primeros enfermos se les trataba un poco a ciegas”, reconoce Aránzazu Pérez Alonso, hoy especializada también en medicina del trabajo, enfermedades respiratorias y epidemiología. Algunos enfermos, hospitalizados antes de que su caso tuviera nombre, refieren que el desconcierto hacía que el personal médico extremara precauciones y les aislasen por si su mal era contagioso (ver interviú nº 2.159).

Los aglomerados de cuarzo tienen entre un 70 y un 90 por ciento de sílice, mientras que el mármol presenta un cinco por ciento, pero se trabajaba sin incrementar la prevención en la misma medida. El compuesto, al ser manipulado, libera micropartículas de sílice que, si se inhalan, acaban adheridas al pulmón. Esto provoca neumoconiosis, acumulación de polvo inorgánico, que desencadena cambios en los tejidos. El 40 por ciento de los afectados acaba desarrollando un cáncer de pulmón. Además, otros problemas de salud están asociados a la silicosis: complicaciones reumatológicas, renales, cardiopatías, esclerodermia... “Es una enfermedad para la que no hay tratamiento, se les da corticoides y broncodilatadores que a la larga traen osteoporosis. Aún tenemos todo por hacer respecto a esta enfermedad. Investigamos con voluntarios para averiguar por qué a veces el mal evoluciona y otras no; y por qué en algunas familias tiene mayor incidencia”, comenta la doctora Pérez Alonso. De momento, no hay tratamiento para la enfermedad que, en el mejor de los casos, se estanca. “El último recurso es el trasplante, pero no da buen resultado”, añade la médico.

A la parte sanitaria, hay que añadir los aspectos humano, social y económico. Los especialistas explican lo duro que fue porque se trataba de gente muy joven, los menores tenían entre 20 y 25 años, y había que comunicarles que tenía una enfermedad crónica e incapacitante. Eran operarios acostumbrados a tener un buen sueldo, a poder pagarse dos coches, un chalé… “Fue dramático. Jóvenes a los que se apartaba de su oficio, se quedaban sin un sueldo que, en pleno boom inmobiliario, era muy alto. No podían hacer lo único que sabían – prosigue García Vadillo–. Les apartábamos de su empleo aún sin síntomas; muchos cayeron en una depresión; incluso hubo un suicidio Vivimos muy de cerca esa tragedia”| Sigue leyendo.

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