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Sófbol: Viladecans, campeonas con muchos recursos

Fecha: 16/04/2007 José Manuel MUÑOZ ico favoritos Añadir a favoritos
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Han ganado diez títulos en los últimos siete años y son las mejores de España, pero ni en su pueblo, cuna del béisbol nacional, las conocen. Las jugadoras del Viladecans se desnudan en interviú para pedir a su alcalde un campo nuevo y para que la Administración les preste más atención.

Paco LLATA

“si hemos ganado las últimas siete Ligas y tres Copas de la Reina es porque somos las mejores de España, pero como nadie nos ayuda, no hay buenos entrenadores y no nos prestan atención, por mucho que valgamos, es imposible que progresemos y que estemos en unos Juegos Olímpicos. Pero a ovarios no nos gana nadie y lo demostramos cada domingo”. Tere San Juan (Barcelona), 22 años, funcionaria de la Generalitat catalana, es la capitana y primera base del equipo de sófbol de Viladecans (Barcelona), el club más laureado del deporte femenino español en la última década. “Si nos desnudamos es para que la gente sepa que existimos y para promocionar el sófbol, un deporte que, aunque solo lo practiquemos 300 chicas en España, cuando conoces bien sus reglas, te apasiona. Los que vengan a vernos, aunque vayamos vestidas, no se arrepentirán”, recalca Jessica Iborra (Barcelona), 22 años, una de las mejores jugadoras de España por su potencia y versatilidad.

Para las chicas del Viladecans resulta frustrante que tan pocos conozcan el sófbol, que se diferencia del béisbol masculino en las medidas del campo –la distancia entre las bases es de 18 metros, no de 24– y en que la bola es el doble de grande. Por eso el juego es más rápido y espectacular. “Aunque lo ganamos todo, somos unas desconocidas. La prueba es que en Viladecans, cuna del béisbol nacional, muchos creen que jugamos al hockey y no al sófbol. Da rabia decirlo, pero sólo vienen a vernos nuestras madres”, repite con amargura Sara Muñoz (Barcelona), 29 años, la receptora del equipo, 84 veces internacional.

Es la cruda realidad del deporte femenino. Las jugadoras del Viladecans tienen un problema añadido: “Nos jugamos el físico en un patatal, no en un campo de sófbol. Por eso acabamos los partidos lesionadas, con moratones, chichones y arazaños en las piernas”, sentencia Patricia Álvarez (Barcelona), 26 años, exterior del equipo. Las jugadoras del Viladecans señalan al alcalde, Carlos Ruiz, del PSC, como responsable de que disputen todos sus encuentros de la Liga en un irregular terreno lleno de piedras, hoyos y grietas, donde es imposible controlar la bola: “Es vergonzoso que seamos las campeonas de España y que no tengamos un campo decente. El alcalde nos ha engañado. Hace dos años, nos prometió que nos construiría un campo nuevo y ni nos ha allanado el que tenemos”, apostillan indignadas todas las jugadoras. Lola y Rosa, desde hace diez temporadas las dos delegadas del equipo, dan la cara por sus chicas: “Seguro que si sus hijas practicaran el sófbol, este alcalde, que sólo se preocupa de nosotras cuando ganamos un título para salir en la foto, no permitiría que jugaran en este campo”.

Raúl Alberto González –cubano que desde hace dos años entrena al equipo a cambio de vivir en la caseta de las instalaciones– explica que sus jugadoras se lesionan por culpa del pésimo estado del campo, pero que tienen un don especial: “Seis de ellas (Sara, Tere, Patricia, ‘Piper’, Jessi y Sonia) tienen más talento que las profesionales americanas y triunfarían en la liga estadounidense. Y no exagero. Si de verdad las becaran y se entrenaran seis horas diarias, serían de las mejores del mundo”. Pero desde hace tres años este deporte parece que ha dejado de existir para el CSD y para el Plan ADO: “En 2002 nos concentraron en el CAR de Sant Cugat y nos daban una beca de 60.000 pesetas mensuales para que preparáramos los Juegos de Atenas; pero como el sófbol no será olímpico después de Pekín, ya no les interesa promocionarlo ni les importamos”, afirma la veterana Sonia Freitas (Oviedo), 32 años, auxiliar de enfermería que trabaja en una empresa de artes gráficas para ganarse la vida.

Las chicas del Viladecans se entrenan dos días a la semana, cuando sus trabajos o estudios se lo permiten. Salvo la indumentaria, se lo pagan todo: bates especiales (300 euros), guantes (70 euros) y las zapatillas de clavos (50 euros). Y los desplazamientos siempre los hacen en autocar: “Viajamos toda la noche, llegamos a las ocho de la mañana, nos tomamos un café, jugamos dos partidos seguidos, comemos un menú de 10 euros donde se puede y regresamos a Viladecans a las 12 de la noche. Pero nos lo pasamos de cine”, cuenta Mariona Bertrán (Barcelona), 18 años, la benjamina del equipo y la gran promesa del sófbol español. Para ser una buena jugadora se necesita flexibilidad, fuerza y coordinación. “La clave es tener una buena lanzadora para eliminar a las rivales y excelentes bateadoras. Y a la bola hay que darle con mala baba”, afirma Jessica. Opinión que corrobora Tere, que cuando batea siente una sensación indescriptible: “Con la mirada intimido a la lanzadora rival”.

Las jugadoras del Viladecans disputarán en agosto la Copa de Europa en Ámsterdam –intentarán subir al podio con el refuerzo de una americana a la que el club sólo podrá pagar 600 euros– y con la selección esperan ganar en Croacia el Europeo B para subir de categoría. “Y seguro que lo conseguimos, porque a ovarios no nos gana nadie”, chillan con orgullo.

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