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Speed, la droga de la crisis

Fecha: 25/05/2009 0:00 Alberto Gayo / Manuel Marlasca ico favoritos Añadir a favoritos
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La cocaína sigue siendo la reina del mercado negro de las drogas, pero otro estimulante pide paso en medio de la crisis. El ‘speed’, la anfetamina de siempre, es mucho más barata y su consumo se extiende a comunidades donde antes apenas existía. Una de las causas es que el éxtasis, la droga de moda desde los años 90.

El mercado negro de las drogas fiesteras anda más revuelto que nunca. Si dejamos a un lado la cocaína –que se mantiene en su línea como una de las sustancias más demandadas–, desde principios de 2009 se han producido dos fenómenos que tienen confundidos a policías, camellos, consumidores y expertos en drogas sintéticas. El denominado popularmente como speed, un potente estimulante compuesto por sulfato de anfetamina, que siempre ha estado en el catálogo de drogas de síntesis, pero circunscrita a determinados ambientes y zonas geográficas, ha irrumpido con fuerza en las noches de juerga.

Con un precio medio de 20 euros el gramo –una tercera parte de lo que cuesta el de cocaína–, el speed se ha hecho un hueco como sustancia alternativa al polvo blanco ya que comparten efectos como la euforia, excitación, disminución del cansancio, sensación de fuerza o capacidad de concentración. Si la policía apenas ha logrado intervenir en los últimos años cantidades importantes de este tipo de anfetamina, sólo en los primeros cinco meses de 2009 la Brigada Central de Estupefacientes de la Policía se ha incautado de más de 35 kilos de sulfato de anfetamina, lo que es interpretado por fuentes de la lucha antidroga como un síntoma de la mayor presencia del speed en la calle.

La otra novedad en el submundo de las drogas, vinculada estrechamente con el aumento del consumo de speed, es la todavía inexplicable desaparición de la escena nocturna de la metildioximetanfetamina (MDMA), la sustancia mundialmente conocida como éxtasis. Responsables de Energy Control –un colectivo que trabaja para reducir los riesgos de los que consumen este tipo de drogas– comprobaron que desde finales de 2008 es muy difícil encontrar pastillas de éxtasis en el mercado de las drogas ilegales. De hecho, Energy Control lanzó una alerta por internet en febrero para avisar de que la escasez de éxtasis había provocado la aparición de falsos éxtasis y de dosis adulteradas con analgésicos y anestésicos. Fuentes de la lucha antidroga confirman que en los decomisos también se ha notado. Si en 2008 los cuerpos policiales intervinieron casi 530.000 pastillas, en los primeros cuatro meses de 2009 los decomisos apenas superaban los 40.000 comprimidos. Aún más demoledor es el dato de la Unidad Central de Drogas y Crimen Organizado de la Policía: en los cinco primeros meses del año no ha intervenido ni una sola pastilla de MDMA. En 2008, esta unidad policial se incautó de 121.000 pastillas.

Este desabastecimiento habría propiciado un mayor consumo de sulfato de anfetamina (speed), pues muchos camellos que se dedican a la venta de éxtasis suelen comerciar también con speed. Rafael de la Torre, director del grupo de investigación en Neurociencia y Farmacología del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, asegura que mucha gente se ha pasado a este tipo de anfetamina “porque es más barata y su efecto es menos agudo. En Barcelona hemos detectado que consumidores de ketamina –un anestésico de uso veterinario que provoca visiones y dificultad para moverse y hablar– utilizan ‘speed’ para compensar el descontrol y la disforia [malestar contrario a la euforia] que les genera el anestésico, y otros lo toman ante la ausencia de MDMA (éxtasis)”.

Una de las principales preocupaciones del equipo que dirige De la Torre es saber si estos consumidores toman anfetamina con cafeína (la composición más habitual del speed) o si, por el contrario, podríamos estar ante la llegada a nuestro país de la metanfetamina, sustancia mucho más potente y dañina que empieza a hacer estragos en países de la Europa del Este, sudeste asiático y zonas de Estados Unidos. “Como los sistemas sanitarios tardan más en detectar estos consumos, necesitamos saber qué está pasando. Aquí el éxtasis se había instalado por cultura, por gusto. Es importante conocer por qué la gente toma ahora ‘speed’ en vez de éxtasis, cuando sus efectos no se parecen. Además, con el ‘speed’ la gente va despistada porque no sabe en qué dosis parar”, explica desde el IMIM, uno de los centros europeos más prestigiosos en la investigación de drogas de síntesis.

El principal problema del speed, además de que puede provocar agitación, alucinaciones o paranoias, es que los nuevos consumidores llevan un ritmo de consumo similar al que llevarían con la cocaína. “La dosificación no es igual. Una raya de sulfato de anfetamina cada seis horas es suficiente. Con la cocaína, los efectos de una raya pueden desaparecer en poco más de 45 minutos. Cuando alguien consume al mismo ritmo que la cocaína, hay más peligro de sufrir ataques de ansiedad y taquicardias”, comenta Fernando Caudevilla, médico y especialista en los riesgos que conlleva el consumo de drogas de síntesis.

Hasta no hace mucho, el speed era una droga demandada casi exclusivamente en el norte de España, especialmente en el País Vasco. Un buen ejemplo de este aumento del tráfico de sulfato de anfetamina es la intervención que tuvo lugar el pasado mes de marzo en Zaragoza. Tres individuos fueron detenidos con un alijo de 35 kilos de speed que ocultaban en un habitáculo practicado en su coche. Las averiguaciones policiales permitieron desmantelar la red y establecer que la droga había sido adquirida en un laboratorio situado entre las localidades holandesas de Breda y Tilburg, una zona caliente en la elaboración de sustancias de síntesis. El intermediario de la operación –que puso en contacto a los fabricantes con los traficantes– fue el disc jockey holandés Danny Lek, sobre el que pesa una orden internacional de detención.

En los últimos meses, el área de consumo del speed no se limita al norte peninsular. Partidas de anfetamina han llegado a las zonas más fiesteras de Andalucía o Madrid. En foros de internet hay consumidores que aseguran que la mayor demanda de speed ha provocado un bajón en la calidad de la droga al ser cortada más veces, especialmente con azúcares como el manitol o anestésicos como la lidocaína. El colectivo Energy Control, que dispone en Cataluña de un servicio de análisis de sustancias, ha comprobado cómo prácticamente el cien por cien de las muestras de speed tenían anfetamina y cafeína.

El sulfato de anfetamina se presenta en polvo de color blanquecino, anaranjado o rosáceo, sin apenas olor y con un sabor amargo.

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