Militan en el Sardinero, sienten como nadie los colores, pagan por jugar y, pese a que nadie las conoce, son subcampeonas de España. Descaradas, luchadoras y ambiciosas, siempre viajan en furgoneta. Y tienen tanta marcha que nada se les resiste: “Como los futbolistas del Racing, estamos de moda”.
Paco LLATA
No tenemos los mismos recursos económicos que los equipos de Madrid o Barcelona, nos pagamos la ficha federativa (120 euros) para jugar la Liga, pero como buenas cántabras, a raza y pelea no nos gana nadie”. Patricia Deberaza (Santander, 26- 5-87) es por su talento y descaro una de las líderes del Sardinero, club de hockey hierba que, pese a su modestia, acaba de proclamarse subcampeón de España de hockey sala (competición que completa el calendario de la Liga de hockey hierba), además de asegurarse su continuidad una temporada más en la División de Honor.
“Es milagroso lo que estamos consiguiendo, ya que la mayoría de las jugadoras tenemos menos de 21 años, procedemos de la cantera y no tenemos experiencia, pero damos mucha guerra. Si nos ayudaran económicamente y sólo nos dedicáramos al hockey, el título de Liga se quedaría cada año en Santander. Como los futbolistas del Racing, estamos de moda”, dice Patricia, internacional española en todas las categorías y que, según los técnicos de la federación, explotará sus asombrosas cualidades para este deporte en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Por eso está becada en el CAR de Madrid. “Nuestra máxima es que cualquier partido, por muy buenas que sean las rivales, se puede ganar si ponemos todo lo que llevamos dentro. Las carencias técnicas las suplimos con lucha, compañerismo y sobre todo con mucho coraje, que lo tenemos”, exclama Eva Berrasoto (Santander, 17-3-85), extremo izquierda del equipo y futura delineante. Su compromiso con la entidad que les enseñó a sujetar desde niñas el palo (uno bueno cuesta 90 euros) explica que el Sardinero, con un presupuesto de sólo 60.000 euros, se codee año tras año con los grandes equipos del hockey hierba nacional.
“Nuestro secreto es que todas, además de amigas y salir los viernes juntas de farra, sentimos los colores y queremos comernos el mundo con este club”, afirma la defensa Irene Lobo (Santander, 11-8-88), una de las más lanzadas del grupo pese a su timidez. Esa identificación con su equipo es lo que las diferencia del resto de jugadoras de la División de Honor y de otros deportes. Por eso ninguna quiere moverse de Santander y de los campos de La Albericia. “Sé que en otro equipo sería más competitiva, maduraría antes, ya que soy una cabeza loca, y además ganaría algo de dinero, pero en el Sardinero juego con mis amigas, me divierto y me siento realizada”. Son tan modestas que además de pagarse la ficha federativa y los palos para poder jugar cada domingo, todos los desplazamientos los hacen en dos furgonetas de ocho plazas cada una, que siempre conducen el entrenador y la jefa de equipo. “Para todo somos un club atípico, pero sin este romanticismo de las chicas sería imposible que el Sardinero estuviera tan arriba y se mantuviera en la élite”, comenta con orgullo el entrenador, Ángel Laso, al enumerar las virtudes de sus inexpertas pero ambiciosas jugadoras.
“Somos las chicas de la ‘fragoneta’. Otros equipos viajan en avión o en autocar, pero nosotras vamos a nuestro aire y nos lo pasamos genial en las dos ‘furgonas’”, asegura Patricia. Ninguna jugadora se queja, aunque tarden diez horas en llegar al hotel o al albergue –depende de lo que toque esa jornada–, sobre todo si juegan en Barcelona. Y tras competir el domingo por la mañana, otras diez horas de carretera para volver a casa. Eso sí, en los desplazamientos a Canarias, la fiesta está asegurada: lo hacen en avión. “Cuando estás a gusto, te da igual estar sentada en la sala de espera de cualquier aeropuerto o en nuestra mágica furgoneta”, repiten Irene y Eva.
Dicen que para mejorar, aparte de más dedicación, necesitarían entrenarse todas juntas, ya que las cuatro mejores jugadoras, bien por estudios o trabajo, residen en Madrid. Por eso, todas se ven diez minutos antes de comenzar cada partido: “Lo suplimos con ganas e ilusión, pero se juega como se entrena y nosotras bastante hacemos con ser subcampeonas de España”. Su próximo reto, ganar el título nacional en sala, luchar por ser olímpicas y acabar sus respectivas carreras universitarias. “Tenemos tanta marcha que nada se nos pone por delante y en un par de años daremos que hablar”, reiteran.







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