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Tamara, la estríper que calentó a la afición española

Fecha: 16/06/2008 David ARNANZ ico favoritos Añadir a favoritos
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El espectáculo estuvo en el campo… y en la grada. Los hinchas de la roja vibraron con el juego de Villa y compañía, pero también con el de Tamara, una espectacular estríper que se ha destapado –nunca mejor dicho– como la forofa más picante de la Eurocopa. Nadie ha animado nunca con tanta pasión como ella.

Paco LLATA

“¡Rubia!, ¡coqueta!, ¡enséñanos las tetas!”. Ese fue uno de los cánticos más coreados entre los hinchas españoles en el triunfal debut de la selección en la Eurocopa 2008 frente a Rusia. “¡Qué rica está la rubia, oé, oé!”, se convirtió en otro de los hits del partido. Y no es para menos: interviú coló en el campo a Tamara, una espectacular estríper madrileña de 20 años, que se convirtió en la otra estrella del partido, la jugadora número 12 que desde la grada calentaba a afición y jugadores con sus toples.

Acababa de sonar el himno nacional cuando desde la tribuna del segundo piso se escuchó una gran ovación: pitos, aplausos, gritos… Pero no es que el momento de nerviosismo previo a tan importante encuentro hubiera desatado la euforia de los seguidores de la roja, es que Tamara había roto el hielo. La tarde era fría y lluviosa en Innsbruck pero los españoles ya entraban en calor.

El primero de su goleada de toples pilló a la afición a contrapié: unos no se lo creían, a otros no les dio tiempo a reaccionar, incluso hubo quien quiso llamar a urgencias. “¡Pero, chica! Esto se avisa, que así de golpe… Casi me da un infarto”, se ¿quejaba? un vecino de grada andaluz con mano en el pecho y cara de sofoco. No había comenzado el partido y Tamara ya se había ganado la admiración de los forofos, que no perderían durante los 93 minutos que duró el encuentro. Y como los de Aragonés, la madrileña no defraudó.

El primer gol de Villa desató la euforia entre los hinchas españoles pero nadie lo celebró con tanta pasión como Tamara. Su toples al tiempo que agitaba los pompones como una animadora universitaria levantó aún más la alegría de los hinchas. Fue entonces cuando pudo comprobarse que la bonita tradición del piropo –tan española– no se ha perdido ni cuando se cruzan los Pirineos. Al ver sus encantos, uno habló de religión: “¡Ay, la Virgen!”, exclamó un joven que no podía mirarla a los ojos. Otro adaptó el anuncio de las aceitunas: “¡Es la española una aficionada como ninguna!”. Y a otro le dio por el pasodoble: “La española cuando viene es que viene de verdad…”. Sólo es un pequeño muestrario de lo que se puede reproducir sin ofender la sensibilidad del lector. Imaginen.

A partir de ese momento, los toples de Tamara se convirtieron en unos lances más del partido, del mismo modo que los jugadores se tiraban unos sobre otros y se abrazaban para celebrar un gol, los aficionados esperaban los desnudos de Tamara. Muchos pasaban incluso de celebrar los tantos con sus amigos: preferían admirar cómo los festejaba la estríper de interviú.

Tal era el éxito de tan cachondas celebraciones que, pasara lo que pasara sobre el campo (falta, fuera de juego, córner…), muchos se giraban por si a Tamara le diera por desnudarse para quejarse, criticar una decisión arbitral o simplemente porque sí.

El éxito de la táctica de juego de Tamara llegó a su punto álgido cuando un espectador español le pidió que celebrara ¡el gol de Rusia! “¿Qué más te da? Si es un gol al fin y al cabo”, suplicaba; y ante la negativa de la estríper insistió usando la manida táctica de dar pena: “Es que todavía no te he visto”.

Tuvo que esperar al cuarto gol para ver el espectáculo. La grada se venía abajo y el marcador no era lo único abultado en el campo. “¡Como lleguemos a diez me desnudo contigo!”, le proponía un seguidor con gafas. “Más quisieras”, le respondía su compañero, con los pies más en el suelo.

En verdad, el triunfo de Tamara se intuía nada más aterrizar en Innsbruck. A un joven local se le caló su Porsche descapotable cuando la vio pasar. Un grupo de soldados austriacos que no dejaban de seguirla con la mirada cuando caminaba por el centro de la ciudad estuvieron encantados de fotografiarse con ella. Uno, incluso, sacó su cámara para recordar tal momento. Por no hablar de la que se montó cuando una agente de la policía austriaca la cacheó antes de permitirle el acceso al estadio…

El resultado final, en el marcador y en la grada, confirmó que la estríper de interviú es la chica talismán de la selección y sus hinchas. “¡Aprende, Manolo! Esto sí que es animar”, gritaban unos jóvenes con la cara pintada con la bandera, mientras Tamara bailaba con él una vez acabado el partido. Manolo... Que tiemble tu bombo.

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