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La periodista y escritora se libera en 'Animales domésticos', su cuarta novela. En interviú muestra su cara más morbosa.

Teresa Viejo: "No soy una mujer de banderas"

Fecha: 09/10/2017 Alberto Gayo / Foto: Joan Crisol ico favoritos Añadir a favoritos
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“Prefiero dar morbo a dar pena”. Teresa Viejo necesitaba sentirse libre. Por eso ha escrito ‘Animales domésticos’ (Ediciones B), una historia donde ese morbo lleva a la venganza, el placer y la obsesión. La madrileña cambia su forma de narrar y le ha regalado a la protagonista, Abigail, su melena, su delantera, su curiosidad “y también el ron añejo sin hielo”. Confiesa que los relatos eróticos que escribió en interviú han sido de gran ayuda y que cada día le pone más “lo oscuro, los fantasmas y lo esotérico”. | Sigue leyendo.

Hemos quedado a media tarde en un sitio para follar, un local de esos donde la gente monta orgías pero por fuera parece otra cosa. Está en el centro de Madrid, en una de las callejuelas del barrio en el que se desarrolla ‘Animales domésticos’ (Ediciones B), la cuarta –y última–novela de la periodista y escritora Teresa Viejo. Fue la primera mujer en dirigir una revista de información general en España. Sí, fue la jefa de interviú. Ahora se deja seducir por lo esotérico y lee El Kybalion, compendio de enseñanzas de tradición teosófica. Ya no indago más. En este garito, donde las paredes son sordas y ciegas, todos los espíritus se han confabulado. Junto a otros cachivaches aparece una caja de latón de un cacao ‘alimento de la juventud’ que se usaba para guardar galletas. Una caja igual aparece en la novela de Teresa Viejo, es la tentación. “Cuando tu madre te decía ‘no toques esa caja que hay encima del armario’, tú tenías que decidir: obedecer o coger un taburete para descubrir lo que había”. Teresa ya ha elegido.

El nombre de la protagonista, Abigail, recuerda a un culebrón venezolano. O quizá lo eligió porque en hebreo –eso pone la Wikipedia– significa ‘fuente de gozo’.

Todas mis protagonistas empiezan por la letra A: Amada, Aurora, Alma y Abigail. Tenía un personaje para otra novela, que nada tenía que ver con esta, que se llamaba Abigail Torres. Cuando empecé con ‘Animales domésticos’ me di cuenta de que el personaje principal tenía que llamarse así.

¿Y lo de titular el libro ‘Animales domésticos’?

Somos animales y en la novela todos se comportan de una forma animal. A lo largo de la historia ella pasa por fases: una gata seductora, un docil perro, una zorra urdiendo todas sus tramas... hay un momento en que reconoce que es mucho más animal que su marido. 

En la primera parte se dice que Abigail tiene pinta de “puta cara”. No describe mucho a la protagonista, ¿cómo se la imagina?

No la describo porque es la primera vez que escribo en primera persona y ella no se puede describir. Cuando empiezo a escribir necesito tener rostros de los personajes, busco fotos en internet, pero de ella solo tenía fotos de espalda. Abigail tiene un físico muy rotundo, es alta, con curvas, una tipa que está buena, que los hombres miran y desean... A Abigail la he dotado de cuatro cosas mías: mi pelo, mi delantera, el ron, que me gusta beberlo añejo y sin hielo, y mi curiosidad. El resto de ella ha salido solo.

Vamos, que es un poco como usted.

(Risas) Hay muchas Abigailes y quiero que el lector imagine la suya, es el juego morboso del libro. Es una mujer que cuando se pone los tacones, suenan los tacones... Un pibón de 40.

En este libro hay infidelidad, pero es el morbo lo que manda, lo que mueve todo.

Para mí el morbo es muy importante y quiero reivindicarlo. Nadie se reconoce morboso, uno dice que es curioso, emocional, cariñoso… y ¿por qué no decimos que somos morbosos? El morbo es un gran catalizador del deseo, para ir más allá, cruzar la puerta, mirar a través de la mirilla, preguntar, descubrir… El morbo no es solo sexual. Yo soy morbosa y si no lo fuera, no escribiría esta novela, no escribiría.

Pero sea sincera, usted también es consciente de que da morbo...

Jajaja ¿Todavía? A estas alturas ya no. Pero si es así, estupendo, bienvenido sea. Me parece genial. Prefiero dar morbo a pena.

¿Y a usted qué le da morbo?

Lo oscuro, lo que no se ve y lo esotérico. Me dan mucho morbo los espíritus, los fantasmas… 

Dice la prota que “todo el amor que no se cuida está condenado a la infidelidad”, ¿y el que se cuida no?

El que se cuida se ha vacunado, lo que no quiere decir que le entre el sarampión.

La infidelidad es otro de los pilares de su novela.

No quería hacer una novela sobre la infidelidad. El verdadero riesgo y la sombra que atenaza cualquier relación es la infidelidad, aparece en el minuto 2 de una historia de amor. No me apetecía hablar solo de eso, ya hay muchos relatos. La infidelidad puede verse desde los ojos de la víctima o del verdugo, mi reto era tratar de convertir a la víctima en verdugo y no digo más... La infidelidad obliga a decidir, no solo sufres, tienes que tomar una decisión que te hará también sufrir, tanto si quieres saber como si no. 

¿En su vida, cómo ha manejado este tema?

A estas alturas nadie puede decir que no le han puesto los cuernos.

¿Y le hubiera gustado saber?

A mí siempre me gusta saber

¿Se comportan de forma distinta los hombres y las mujeres ante una infidelidad?

En el libro me he obcecado por tratar de deconstruir esa idea de que la mujer es infiel porque necesita sentirse protegida y busca el cuidado fuera, o por venganza… Ahora las motivaciones se están asemejando bastante. La diferencia más sustancial es el poso que deja la infidelidad en el hombre y la mujer. En el hombre puede ser asimilable al poso que deja comerse un bocadillo.

Parece un poco simplista.

No me he encontrado una sola mujer que me diga “para mí, echar un polvo fuera de mi relación de pareja es como tomarme una caña”. Y todavía no he encontrado a ninguna mujer que me diga que después de echar un polvo fuera de su relación de pareja, no esté esperando un mensaje en el puñetero móvil que diga “me ha encantado, ha sido estupendo” y treinta emojis de caritas con besos. Ni una. 

¿Qué quiere demostrar con esta novela?

No quiero demostrar nada. Lo he hecho porque tenía la sensación de que me sabía ya la lección, tenía una necesidad de ser muy libre, la niña de dentro quería escribir, sin tener que cotejar históricamente nada. Me lo he pasado muy bien y no podía haber hecho esta novela sin mis relatos eróticos en interviú. No soy pudorosa, mi gran superación fue pasar de escribir ‘pene’ a escribir ‘polla’, ese era el gran reto en la novela. Cuando dices ‘polla’ y ‘follar’, en lugar de ‘pene’ y ‘coito’, estás absolutamente liberada. 

Primera escena, ella ‘manejando’ su miembro y él, después, tirando con la boca de un cordón con regalito que ella lleva en su interior...

La protagonista tiene un proceso de descubrimiento sexual desde su propia rabia. Es una tía a la que sexualmente le va bien y ella, desde la rabia y el desengaño, llega a medirse sexualmente. La rabia invita a la acción, la tristeza no.

Por primera vez sitúa la trama en Madrid.

Sí, se lo debía a mi ciudad. Es la primera vez. La casa de Lavapiés existe en realidad, está en la misma plaza. De alguna manera, cuando hablo de los comienzos de los protagonistas en el bar Cock, hablo de mi juventud, allí me dieron más de un beso.

Leo que no le van las aplicaciones para ligar porque acaban con el cortejo, pero reconocerá que tambíen se pierde menos tiempo.

Eso es lo que piensa un hombre. El hombre y la mujer tienen unos protocolos que son estrategias evolutivas de cortejo que no hay que saltárselas. La seducción de la palabra, de la mirada y la piel son brutales. Ahora, cuando utilizas estás aplicaciones, vas a la cita solo a follar. Tocas a alguien y de buenas a primera se despiertan cosas ancestrales, eso tiene un proceso, no se puede tocar a una persona nada más verla. 

¿Ya sabe el final de la historia cuando empieza a escribirla?

En este caso lo tenía clarísimo. El gran reto era convertir una historia de odio en una historia de amor.

¿Tiene algún fetiche?

Los olores son mi fetiche, hay unos que me seducen y otros que no. Me gusta el olor a madera, a leña… 

¿El sexo huele?

No lo sé

¿Algún fetiche más?

Las barbas y las canas, las dos son catalizadores eróticos.

“Jamás veré el mundo si me encadeno a la lavadora”. Hasta cita a la poeta Sylvia Plath...

Hay que desencadenarse. Si una mujer necesita una liberación emocional tiene que pararse, mirarse al espejo y colocar otro espejo delante de ése para mirar con distancia y saber qué tipo de mujer quiere ser. Si te ves atada, que te encuentras en una relación emocional pobre,¡sal de ahí! Es fácil decirlo y no tanto hacerlo, pero vivir implica un riesgo, no se debe vivir desde la comodidad… En todos los capítulos aparecen también versos de Idea Vilariño, la amante intermitente de Onetti. Fue parte de la construcciónn de Abigail. 

Otra feminista muy activa que ha muerto recientemente, Kate Millett, tenía como máxima que “el amor es el opio de las mujeres”.

El amor romántico, sí. El amor del bueno debería de ser la gasolina, la medicina y el catalizador de las relaciones humanas. 

¿Cómo está el feminismo hoy?

Para mí está muy gastada la palabra, me gusta más hablar de la fuerza de lo femenino, es disruptivo, revolucionario, es el diálogo, la empatía, la compasión... Hay un feminismo que se ha apropiado de una parte de lo femenino y lo utiliza como arma arrojadiza. A mí me gusta el feminismo de la diferencia, basado en teorías antropológicas y evolutivas. Retrata muy bien las cualidades masculinas y femeninas, no busca asimilación, sino complementariedad. 

¿Y usted ha llegado a saber cómo empoderarse en el amor?

Superando ese amor romántico que focaliza todo en un ser amado. Hay que centrarse en el amor, en el propio ejercicio de sentir ese afecto y hacer la vida más fácil a la otra persona aunque sea un príncipe destronado y esté lleno de defectos. Pero si te ayuda a crecer, a hacerte más feliz... eso es el amor. La monogamia sucesiva es el estado normal del ser humano, el amor no es eterno. Algunas veces hay uniones muy solidas con objetivos compartidos, comunicación sexual buena, pero no pasa nada por entender que esto es una secuencia permanente de un amor que lo cuidas, se termina muriendo, y empieza otro amor, y lo cuidas y se termina muriendo y empieza otro amor.

¿Es más de buenos amigos o de buenas amigas?

Al 50 por ciento. Lo bueno de tener una edad es que los amigos ya no te quieren llevar a la cama. Al principio hay como una atracción sexual que planea, ahora no. Eso es fantástico porque la vision masculina me enriquece mucho. 

¿Que opinión tiene del ‘caso Juana Rivas’?

No puede ser otra que ponerme al lado de los niños, soy embajadora de Unicef. Están por encima de todo. Hay una sentencia de maltrato contra un hombre y, por tanto, los niños tienen que estar con la madre. Puede que haya aguas subterráneas pero como las desconozco, no puedo juzgar. 

¿Y qué hacemos con la violencia de género?

Hay que entrar en una estrutura familiar patriarcal que tiene vicios y habitos adquiridos, que parecen insignificantes, pero que van institucionalizando generación tras generación patrones muy nocivos. Me inquieta lo que pasa en las nuevas generaciones, el control de una pareja entendido como amor. Solo se cambia desde la educación, la familia y los medios de comunicación. Tienen una gran responsabilidad series y programas de televisión. Mientras haya programas, y no voy a mencionar el nombre, que sigan ejemplarizando la eleccion de un hombre entre diferentes mujeres a ver cuál te llevas, o voy a probar cuál me gusta más y voy a elegir a esta para que tú sufras..., esto será una lacra.

Hace poco, una mujer deseó en Twitter que la líder de Ciudadanos Inés Arrimadas fuese violada en grupo. El juicio en Twitter fue inmediato e incluso provocó su despido.

Son las reglas del juego. Quien cruza una puerta tiene que saber el lugar al que va; quien empieza a navegar tiene que asumir que se va a encontrar no con un mar tranquilo, sino con un huracán. Las redes son un instrumento estupendo para conectar con otros, pero no es un patio de vecinos. Cuando uno sale y dice una barbaridad, alguien te puede tirar un cubo de agua, pero cuando lo haces públicamente, asumes un riesgo, desmesurado o no. Si un niño de 12 años lee ese tuit, puede parecerle normal una violación. Hemos convertido Twitter en la plaza pública, te arriesgas a que te dilapiden o a todo lo contrario. 

¿Un personaje público puede ser equidistante con el problema catalán?

Entiendo la equidistancia en Cataluña porque a poco que conozcas esa tierra, y la quieras como la quiero yo, no entiendes a España sin Cataluña pero entiendes, al mismo tiempo, esa fractura en la que vive. Hemos llegado a un punto de ruptura tan brutal que no vamos a salir indemnes, va a haber heridas en las dos partes. Hay una ley, que no tiene porque ser justa, que tenemos que cumplir. Si el referéndum fuese legal y la Constitución lo previera, por qué no va a haberlo. El problema es la herida en la sociedad catalana después del 1-O.

¿Es una mujer de banderas?

No, no he colgado una bandera ni cuando ganó el Mundial la selección. Soy de medallitas, tengo mis santos, mis protectores.

¿Y de series?

No veo televisión tradicional hace siglos, solo veo series. Me ha encantado Nicole Kidman en Big little lies, también The Handmaid’s Tale, la adaptación de El cuento de la criada, de Margaret Atwood, y Por trece razones. Tengo que empezar la tercera de Narcos y me gustó mucho Stranger Things| Sigue leyendo.

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