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Un legado `divino´

Fecha: 06/02/2006 0:00 Pilar Velasco Acedo ico favoritos Añadir a favoritos
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El sacerdote Benigno Moure, presidente de la Fundación gallega San Rosendo, afronta una querella por estafa y apropiación indebida del patrimonio de una anciana. María Vázquez pasó cinco años en su residencia `Os Gozos´ y murió sin patrimonio. El cura sacó de sus cuentas casi 600.000 euros y vendió 8 propiedades.

Benigno Moure es el máximo responsable de la Fundación San Rosendo. Emblemática en Galicia y fundada en 1992, tiene 28 de los 48 geriátricos de Ourense, además de los repartidos por Galicia, las casas de acogida y otros tipos de residencias. Moure, aunque es sacerdote, es administrador único de las empresas privadas de los balnearios de Laias, Arnoia y Lobios (Ourense). Muy bien relacionado, tiene subvenciones y conciertos de plazas de la Xunta. Cada decisión pasa por él, igual que las donaciones de los ancianos.

Una donación bajo sospecha fue la de María Vázquez, que ingresó con su marido, Edelmiro, en 1998 en la residencia Os Gozos, en Pereiro de Aguiar (Ourense). Los ancianos no tenían hijos, y fueron llevados al centro por una emergencia social. Los vecinos y asistentes sociales acudieron a las autoridades debido a las condiciones de precariedad en las que vivían; dormían con un colchón en el comedor, rodeados de miseria. Edelmiro era mutilado de guerra, y María, ya anciana, no podía atenderlo.

A sus 82 años, ella no se adaptó a la residencia. El primer diagnóstico de los médicos de Os Gozos fue negativo: “Altera cion de memoria y razonamiento, junto a demencia senil incipiente”. En el 2000 Edelmiro murió y María se quedó sola.

Benigno Moure presentó una petición ante la fiscalía para que declararan incapacitada a la anciana. El único sobrino de María solicitó ante el fiscal de la Audiencia Provincial de Girona la misma petición: “Mi tía no tenía descendientes, así que cuando el cura se enteró de que había un heredero, se dio prisa para quedarse con los bienes”, dice César Vázquez, heredero de María.

Los informes de los médicos de la residencia no eran optimistas con la anciana. El forense, tras examinarla en 2001, escribió: “La informada no puede realizar los actos propios de su autogobierno y del gobierno de sus bienes”. En julio de 2001, el juez declaró incapacitada a la anciana. Pero para esa fecha, Benigno Moure ya había sacado más de 600.000 euros de las cuentas que ella tenía en la sucursal de Banesto en Carballiño: “Estaba en perfecto estado de conciencia y lo donó todo”, dice el cura. Sacó el dinero en varias transferencias: en un extracto figuran 3.833 euros –que Moure justifica, sin enseñar recibos, en gastos de ropa y peluquería–, 3.916 euros, 1.762 euros y 19.833 euros sin justificar; 9.015 euros –de los que afirma que “no sabe para qué los sacó”–, y así sucesivamente, hasta dos extractos definitivos que suman 420.700 euros.

El documento que presenta Moure para demostrar que tenía permiso para transferir el dinero a la cuenta de la fundación sólo tiene la firma dactilar de la afectada, uno de los argumentos del heredero para afirmar que su tía ya estaba incapacitada: “No está firmado ante notario. Es una carta hecha en la fundación que no especificada nada. Si mi tía estaba bien, ¿por qué no la firma de su puño y letra? Le pusieron ellos el dedo y se acabó”.

Según Moure, se enteró por terceros de que la anciana donaba el dinero: “Me llamaron del banco para pedirme que abriera una cuenta porque habían dado una orden de donación para la fundación”. Explicación que no coincide con los testimonios de los trabajadores de la oficina de Banesto en Carballiño. El director y un asistente afirman que fueron a Os Gozos para informar a María Vázquez sobre sus cuentas, y en ningún momento para anunciar al sacerdote una donación. Sin embargo, el director de la sucursal testificó en el juicio como testigo, y tuvo que volver como imputado. Sus declaraciones no coincidían con las del asistente que le acompañó a la residencia de ancianos. Según el empleado, la primera vez que fueron María Vázquez no los reconoció. Tuvieron que volver una segunda vez para firmar el documento que autorizaba a Moure en las cuentas de la viuda. Para el sobrino heredero, “Moure tenía una autorización para gestionar las cuentas, no para quedarse con el dinero”.

Nadie, excepto Moure, mantiene que la anciana tuviera salud y conciencia de lo que hacía. Sea como fuere, las cuentas quedaron vacías. El segundo paso de Benigno Moure fue vender las ocho fincas de la anciana. Mediante un documento privado, sin presencia de notario, firmó un contrato de compraventa de los bienes de María Vázquez. Compró dos casas, un grupo de viviendas en el Pueblo de Atrio-Lebosende (Ourense), un hórreo, dos viñas y un labradío. Por todas, el sacerdote pagó 6.265.000 pesetas (37.653 euros), cantidad que nunca se ingresó en las cuentas de la viuda. “Estas propiedades no valían nada, se vendieron por unos 4.000 euros” afirma Moure

En noviembre de 2002 vendió el piso donde los ancianos habían vivido. Moure afirma que “la mujer estaba absolutamente lúcida y fue ella quien quiso vender”. Pero María Vázquez llevaba ya un año incapacitada por el juez, y su sobrino era el tutor legal. “Habían preparado todo para que cuando tuviera la tutela no quedara nada, ni bienes ni dinero. Así fue. Mi abogado notificó a la residencia la incapacidad judicial de mi tía, pero continuaron vendiendo propiedades”, afirma Vázquez.

El notario que firmó la compraventa del piso a un particular, a través de la Agencia Ceryber por 42.000 euros, puede acabar testificando como imputado ante el juez. En sus declaraciones afirmó que la operación se hizo “en la residencia Os Gozos, donde se encontraba también el comprador”. Algo que el comprador niega. “Nunca vi a la señora, ni estuve en la residencia, no me enseñaron ningún documento por el que tuvieran poderes para hacer la venta, firmamos ante notario y le di el dinero en mano a un hombre con alzacuellos”, cuenta el actual propietario.

Hasta los pequeños detalles parecen poco creíbles en defensa del sacerdote. El juez le pidió a Moure que explicara un extracto de 3.800 euros, éste dijo: “Pueden ser del arreglo del piso. (…) Se mandó arreglar para acoger a mujeres maltratadas”. El comprador afirma que el piso no estaba reformado: “Estaba bastante mal, tuve que arreglarlo entero. Un ejemplo: había unas lámparas de esas con cristalitos colgando, con el color ahumado del topacio, las metí en la bañera y aparecieron los cristales trasparentes. Así todo, las ventanas se tambaleaban, las puertas estaban descolgadas”. El resto de las fincas, según los informes de la Guardia Civil, fueron a su vez compradas a Moure por otras personas.

Algunos vecinos de Ourense, la región más envejecida de Galicia, se han enterado de la querella por estafa, y prefieren no criticar al sacerdote. “El sobrino, que pida su herencia, pero que no hable de su tía; en su vida vino a visitarla, excepto cuando supo que tenía dinero”, dice un vecino.

César Vázquez trasladó a su tía a una residencia de Girona. La anciana ya no tenía dinero ni vivienda. Le quedaban, como dice el sobrino, “cuatro trapos”. Murió a los pocos meses. Las atenciones a su patrimonio superaron a las que recibió su bienestar. Sólo queda que el juez decida sobre una herencia que la anciana no pudo repartir por ella misma.

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