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Rabanal del Camino (León): conflicto entre los monjes de San Salvador del Monte Irago y los vecinos por una iglesia en plena ruta Xacobea

Unas piedras, y un millón de euros, en el camino de Santiago

Fecha: 02/08/2010 Texto: Juan Luis Álvarez / Fotos: José Miguel Royo ico favoritos Añadir a favoritos
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Los monjes llegaron hace diez años a Rabanal del Camino –etapa obligada en el Camino hacia Santiago de Compostela–. Quisieron reformar la iglesia sacando a la luz el templo románico que escondía. Lograron más de un millón de euros de subvención, pero no contaron con los vecinos, que no desean que se toque su parroquia.

Unas piedras, y un millón de euros, en el camino de Santiago

Ay, hijo mío. Ese asunto vale más no meneallo. Yo te diría que siguieras camino a Santiago y te olvidaras de los benedictinos”. El secretario del obispo de Astorga, monseñor Camilo Lorenzo, debe de estar cansado de que le pregunten por el conflicto que hay en una de sus parroquias, Rabanal del Camino. Se trata de un pequeño pueblo de la Maragatería leonesa con medio centenar de vecinos, pero con siglos de tradición como etapa obligada del llamado Camino Francés a Santiago de Compostela.
Hace diez años recalaron allí los monjes benedictinos de San Salvador del Monte Irago –una orden con base en la abadía de Santa Otilia, en Baviera (Alemania)–, procedentes de Silos. Llevaron allí sus cánticos y su pasión por el románico, estilo que, al parecer, encontraron en la iglesia del pueblo, la de la Asunción, aunque con los numerosos añadidos –góticos y barrocos, principalmente– de cientos de años posteriores. Y ahí empezaron sus problemas con los vecinos. “Sin consultar a nadie, hicieron un proyecto para reformar la iglesia –cuenta Juan José Prieto, secretario de la Junta Vecinal del pueblo, una pedanía de Santa Colomba de Somoza– que incluía quitarlo casi todo, hasta el reloj que Canseco [Antonio Canseco y Escudero, nacido allí en 1838 y proveedor de la Casa Real] donó a su pueblo, y dejar solo lo románico. Además, pretendían cortar la plaza para tener acceso directo desde el monasterio al templo. Y sin decir nada”.

Más información en la revista interviú

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