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Hablamos con Xavier Domènech, el candidato de Catalunya en Comú-Podem a President

Xavier Domènech: “Un pacto C’s-PP-PSC sería una pésima noticia para futuras mayorías progresistas en España”

Fecha: 18/12/2017 ✒Alberto Pozas. Fotógrafo: Alberto Paredes ico favoritos Añadir a favoritos
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Lo que más le gustaría es que los catalanes pudieran hablar de los problemas sociales que tienen, esa agenda que un día quedó arrinconada por el debate independentista y que él tiene urgencia por colocar en el centro del tablero. Un centro del tablero donde le colocan las encuestas: puede ser la llave, como dice su eslogan. No quiere oír hablar de líneas rojas pero, como las meigas, haberlas haylas. La solución, después de las negociaciones. | Sigue leyendo.

He oído a los candidatos, pero ¿me puede decir qué es lo que se vota el 21-D?

Es una muy buena pregunta porque, en realidad, estamos ante unas elecciones convocadas por Rajoy y no explicó demasiado por qué. Se vota dependiendo de cada relato. Para algunos vuelve a ser un marco plebiscitario. Está claro para Ciudadanos, que vive básicamente de ese marco plebiscitario porque es donde se mueve mejor, donde se retroalimenta mejor con el independentismo, y también para Esquerra y para la lista de Puigdemont. Pero se mezclan demasiadas cosas para que sea un marco plebiscitario: una situación extraordinaria con la intervención del autogobierno de Cataluña y el agotamiento de todo aquello que ha hecho el gobierno de la Generalitat y que nos ha llevado a la situación de desastre actual. Para nosotros son las elecciones del desbloqueo y empezar una nueva etapa.

¿En qué consiste esa nueva etapa?

Tiene que ver con la recuperación del autogobierno, la normalización de las libertades y la democracia; no puede haber situaciones excepcionales con gente en prisión, como tampoco tiene que haber nuevos intentos de unilateralidad que acaban siendo más contra una parte del país que contra el Estado. Y la construcción de una nueva propuesta social, porque la agenda social ha estado demasiado tiempo fuera del debate, provocando fractura social; y un nuevo acuerdo de país, más allá del sí o el no a la independencia, porque en Cataluña hay mayorías mucho más amplias.

Hay procesos judiciales en marcha. ¿Son una distorsión? 

Sí. El hecho de que parte de los candidatos estén en prisión o se hayan ido del país, indica que esta no es una campaña normal. Es excepcional por la convocatoria, porque tenemos el autogobierno intervenido y porque venimos de una acción unilateral del gobierno de la Generalitat. No son unas elecciones normales. 

Son procesos judiciales que no desaparecen de la noche a la mañana. ¿Qué hacemos con eso?

Estamos ante un conflicto básicamente de naturaleza política. Ya planteamos que estábamos en contra del 155, pero también en contra de la declaración de independencia. Ante un conflicto de naturaleza política, lo que cabe es diálogo y negociación política. Llevamos mucho tiempo viviendo la judicialización de la política en Cataluña, y esto nos ha llevado al paroxismo, tanto por un lado como por el otro. Hay que recuperar una situación donde los anhelos de cambio plural que tiene la sociedad catalana puedan encarnarse, y esto se consigue haciendo desaparecer la judicialización de nuestras vidas.

Hay quien vuelve a prometer la independencia. ¿Se lo va a creer la gente?

Trabajar por la independencia es legítimo; hay una parte de la sociedad catalana que aspira a ella. Lo que para mí no es legítimo, ya no es de recibo, es que los dirigentes que han gobernado la Generalitat han ido cambiando constantemente el relato, y eso, en parte, nos ha llevado a la situación actual: el 27 de septiembre de 2015, elecciones que se llaman plebiscitarias donde se dice que ha ganado la independencia y que en 18 meses Cataluña va a ser un estado independiente; en medio, recuperan la idea del referéndum pactado, pero luego dicen que unilateral. Celebrado el 1-O, primero dicen que Declaración Unilateral de Independencia, después que no, que la suspenden para abrir un tiempo de diálogo, agotan ese tiempo en nada y proclaman la DUI. Han cambiado el relato cada tres o cuatro meses. Ahora, en pocas semanas, hemos visto como dicen renunciar a la unilateralidad y hasta defender que la unilateralidad es un invento del Estado. Nuestras vidas no pueden depender de hojas de ruta que cambian cada pocos meses y que no nos llevan a ninguna parte. Tampoco es sostenible una acción del gobierno del PP sin ningún proyecto para Cataluña.

En resumen, ¿el 21-D se vota la independencia de Cataluña, o no?

Yo creo que no. Se vota cómo salimos de esta situación. 

¿El referéndum pactado es lo más importante de su oferta electoral?

Nuestro proyecto tiene que ver con la recuperación de las grandes políticas sociales, porque hemos vivido demasiado tiempo en Cataluña gobiernos que se llamaban de concentración nacional y en los cuales partidos que se decían de izquierdas compartían gobierno con partidos de derecha que habían practicado recortes y que mantenían en sus presupuestos políticas de derechas y recortes. Tenemos un millón de catalanes que están en riesgo de pobreza; en Cataluña es donde se producen más desahucios; tenemos que aumentar la inversión en sanidad, en educación... En Cataluña ya hay mayorías muy amplias y muy transversales que apuestan por ir más allá del estado autonómico. El nuevo pacto que planteamos incluye el blindaje de los derechos sociales, dar mucha más potencia al municipalismo, la recuperación de la capacidad de decidir sobre asuntos económicos, sobre temas laborales... lo que hemos llamado la construcción de soberanías compartidas. Es una apuesta por seguir en España en el marco de un estado que nosotros llamamos plurinacional. Dentro de esa propuesta –dentro, no delante– está también la posibilidad de hacer un referéndum sobre el estatus político de Cataluña.

¿Tan mal están en Cataluña como para que sea prioritaria la agenda social?

La agenda social tiene que estar en el centro en Cataluña y en el resto de España. Pero en Cataluña hemos vivido unas políticas que han sacrificado la agenda social en aras de otras cosas. Hemos visto a gente de izquierdas, incluso que se denominan anticapitalistas, apoyar a hijos de Convergència, y eso ha sacrificado a la sociedad, la ha sacado del debate, pero no de la realidad.

Además de la agenda social, ¿el procés ha tapado también la corrupción en Cataluña?

Sí, bueno, y en España lo ha utilizado el PP para tapar la suya. Es cierto que el debate del 3 por ciento ha desaparecido de la opinión pública, pero también lo es que parece que al PP se le esté perdonando todo.

Si dividiéramos el dinero robado entre el número de militantes, ¿qué partido sería más corrupto, el PP o la antigua CiU?

La antigua Unió, con menos militantes incluso. Ahí ganaría. El PP ha sido el más corrupto con un récord difícil de batir, pero en Cataluña hemos tenido gobiernos de Convergència con unos niveles de corrupción homologables al PP.

Hace tiempo que no se habla de líneas rojas.

Tiene razón, yo tampoco quiero hablar de líneas rojas porque nos quedamos atrapados en ellas.

Entonces, ¿en sus planes no hay ninguna?

No la hay, porque no es una buen forma de construir. Nosotros vamos a construir una alternativa, tanto de mayorías parlamentarias como de posible gobierno. Queremos una mayoría progresista que quiera recuperar el autogobierno de Cataluña, y que por lo tanto sea una negación del 155, que ponga la agenda social en el centro, que ponga el abandono de la unilateralidad también como un principio y que construya el futuro a partir de grandes consensos. No son líneas rojas pero, siendo propositivo, también estás diciendo con quién no vas a trabajar.

Pablo Iglesias colocó a Pedro Sánchez el derecho a decidir como una línea roja.

En Cataluña, el 80 por ciento de la población, mayoritario incluso entre los votantes de Ciudadanos y del PP, tiene la idea de que esto se soluciona con un referéndum pactado. Pero Cataluña primero tiene que hacer un debate propio, y esto es lo que no se ha hecho nunca. Nosotros lo llamamos un pacto de claridad, un pacto dentro de Cataluña no solo político, sino también social, sobre en qué condiciones se debería realizar, con qué mayorías. Y una vez asumido por los catalanes, plantearlo al Estado. Hay una mayoría que cree que el estado autonómico, tal como lo conocemos, está agotado, y creo que es cierto. 

¿No es suficiente una reforma en serio de la Constitución?

Este es el maná del PSOE. Los socialistas están atrapados en su propio anhelo más que en cómo se puede transformar la realidad. Para nosotros lo importante es el pacto entre catalanes. Una vez se haya conseguido ese pacto, tendrá que haber una negociación política con el Estado, con el gobierno central, con las fuerzas políticas del Estado... De esa negociación política tienen que salir unos acuerdos y, a partir de esos acuerdos, ver cómo los aplicamos. Hemos vivido demasiado el “yo tengo esta propuesta y mi propuesta es la buena”, y al PSOE le ha salido bastante mal, porque cambió el apoyo al 155 por una reforma de la Constitución y Rajoy ya ha dicho que el pacto solo incluía hablar sobre la reforma, no hacer la reforma. De nuevo el PP le ha robado la cartera al PSOE. En estos temas, el PSOE siempre acaba subordinándose al PP.

¿Se retocará o no la Constitución? 

Primero hay que llegar a ese pacto político y después empezamos a implementarlo. Creemos en una transformación profunda de la Constitución, no solo en el modelo territorial, en el modelo social, en el modelo económico... tiene que ser mucho más amplio que el encaje de Cataluña en España. Una reforma constitucional exige dos legislaturas, y no hay que esperar cinco o diez años porque podemos entrar en soluciones que se puedan aplicar inmediatamente. El PSOE está pecando de presentar su propuesta como la única solución posible, y deberíamos ser todos enormemente flexibles. Lo importante es saber dónde queremos ir y después encontraremos las fórmulas para llegar.

¿Lo que Dios te da en Cataluña te lo quita en el resto de España?

Podemos demostró que  uno de los grandes tabúes de la política, que era esa idea de su pregunta, no era cierto. Podemos ha defendido el derecho a decidir tanto en Barcelona como en Cádiz, y haciendo esto, que parecía un imposible, rompimos el bipartidismo y cambiamos toda la política española. Estamos viviendo un proceso de polarización muy duro que alienta mucho las posiciones más conservadoras, pero vemos encuestas donde cada vez más españoles apuestan por el referéndum pactado. Se ha hecho un trabajo inmenso.

Parece que nadie ganará el 21-D, pero ¿de quién se siente más cerca?

Siempre tenderemos la mano a todas aquellas fuerzas políticas que, por un lado, renuncien claramente al 155, a la intervención del autogobierno de Cataluña, y a todas aquellas fuerzas que también renuncien a la unilateralidad. Hay muchas contradicciones, en el campo del independentismo y en el de otros, porque vemos al PSOE que parece que apuesta por gobernar con Arrimadas y Albiol.

Hay quien les acusa de ser la muleta de ERC.

En los momentos claves hemos sido la voz más potente que ha dicho que no podía haber una declaración de independencia, y no tengo ninguna duda sobre esto. Es cierto que pretendemos construir proyectos en los que nadie quede fuera. Nuestra apuesta no es la independencia, es renovar el pacto con España, es que Cataluña recupere la vocación de progresismo que ayudaba también a avanzar a España. No se puede construir una Cataluña solo pensando en la mitad del país. Y construir un bloque de gobierno formado por el PP, Ciudadanos y el PSC es pensar solo en la mitad del país, y sería una pésima noticia para Cataluña y una pésima noticia para la posibilidad de mayorías progresistas en España.

Entonces, ¿cuántas opciones se presentan?

Hay tres papeletas: la DUI, el 155 y la del desbloqueo, pero creo que solo hay dos: la del bucle y la del desbloqueo, porque los demás partidos representan eternizar el bucle. 

¿Le sonó bien la propuesta de Iceta de condonar parte de la deuda?

Abriría un debate sobre esto. Parte de esa deuda es ilegítima por dos motivos: el Estado hace de correa de transmisión del Banco Central Europeo, que da dinero al Estado a un tipo de interés nulo o casi nulo, y el Estado se lo da a las comunidades autónomas a un tipo de interés más alto. Ahí no encuentro mucha lealtad institucional. También porque el reparto del déficit que hace el Estado es totalmente injusto, lo deriva a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos. Esto se traduce en recentralización y ataque a las políticas sociales. Ha habido una política negligente del gobierno central, y debería llevar a condonación de la deuda, y eso vale para Cataluña y para el resto.

¿Le vendría bien una reforma electoral?

En Cataluña no hay ley electoral propia, algo increíble: una mayoría gubernamental creía que podía conseguir la independencia, pero lo iba a hacer con la misma ley de España porque eran incapaces de aprobar una propia. Incapaces durante cuarenta años de hacer una ley electoral, ahora vamos a hacer un nuevo estado... | Sigue leyendo.

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