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Ya es cosa de hombres

Fecha: 28/12/2009 1:00 David ARNANZ ico favoritos Añadir a favoritos

Han roto barreras de mujer. El primer chico en inscribirse en una escuela de gimnasia rítmica, el primer equipo de natación sincronizada masculina, el primer hombre matrona de la Comunidad de Madrid y un bordador que lucha por no ser el último cuentan sus historias.

Con diez años decidió que lo suyo era la gimnasia rítmica, “porque –dice– combinaba deporte y música”. Sensibilidad, un cuerpo estilizado, altura y peso apropiados… Lo tenía todo para convertirse en una estrella de no ser por un pequeño-gran detalle: era un niño. ¡Un chico en un deporte de niñas! A Rubén Orihuela no le importó ser el raro y se convirtió en el primer niño español en matricularse en una escuela de gimnasia rítmica. No era la Edad Media, sino 1998, hace 11 años. “No se puede decir que fuera el más popular del colegio. Mis compañeros lo sabían, pero yo no hablaba de ello, me daba vergüenza y trataba de ocultarlo, hasta que me cansé y me dije: «Que digan lo que quieran, porque para mí la gimnasia lo es todo»”, recuerda Rubén, hoy campeón de España sénior y campeón internacional sénior de gimnasia rítmica masculina.

Las vitrinas de su casa están plagadas de trofeos, aunque su mayor triunfo ha sido que España sea el primer país en reconocer la gimnasia rítmica masculina, y él, el primer hombre en el mundo en federarse en este deporte. “Por pesados y porque hemos demostrado que un gimnasta masculino puede tener las mismas cualidades y calidad que las chicas. En el último campeonato oficial mixto que he participado quedé segundo, sólo por detrás de una chica –confiesa, orgulloso de lo que ha logrado con sólo 22 años en esta carrera suya de rosas y espinas–. He llorado mucho, por las noches, tras los entrenamientos…”. Tanto que con 16 años tiró la toalla: “Todavía no podía competir oficialmente. Llevaba diez años y no podía aspirar a más, y además ya era más consciente de los comentarios de la gente y me afectaban más”. La discriminación social y los insultos hicieron que por un tiempo Rubén se alejara de los tatamis… pero volvió: “Cada día que no entrenaba sentía que me moría”, confiesa emocionado este Billy Elliot valenciano que anuncia su retirada para 2010. Después, trabajará en el Circo del Sol. Lo que no abandona es su lucha por abrir camino: “He luchado contra la federación valenciana y la española; ahora toca la internacional, pero no lo haré hasta que deje de ser gimnasta. Sueño con que algún día un chico pueda participar en unos Juegos Olímpicos… Y lucho para que hagan un código específico para hombres, que no tenemos las mismas características físicas que las chicas. Hay posturas que yo no hago porque en un chico no quedan estéticas”.

En las escuelas de gimnasia rítmica españolas hay inscritos un centenar de niños, aunque sólo 15 están federados. “Son pocos; pero cuando empecé, sólo estaba yo… Me siento orgulloso de haberles abierto camino. Como yo digo, soy como el padre de todos ellos”.

Hace un año que Tato Cantín, Xesco Roca, Noël Antón y Antonio Gutiérrez rompieron barreras en otro deporte históricamente femenino: natación sincronizada. “Pertenecemos al mismo equipo de natación y somos forofos de la ‘sincro’. Aprovechando que en Barcelona se celebraban los EuroGames 2008 [Campeonato europeo de deportistas gays y lesbianas] y que el equipo de Gemma Mengual hacía una exhibición, creamos uno nosotros”.

Así nació el equipo de natación sincronizada masculina del club deportivo Panteres Grogues (Panteras Amarillas), en Barcelona. “Intentamos que los medios de comunicación nos visualicen lo máximo posible para que la sociedad se entere de que hacemos un deporte serio y plantar la semilla para que chavales puedan federarse sin pasar vergüenza. De hecho, ya hay un niño entrenándose en Barcelona”, aseguran los fundadores de este equipo con ocho miembros de entre 24 y 51 años, el único español de un deporte cuyas potencias masculinas son Canadá, Estados Unidos y Japón, aunque también se practica en China, Francia, Inglaterra, Alemania, Dinamarca, Italia… Contra ellos se verán las caras en la Menscup 2011, en Ámsterdam, si la falta de financiación no los ahoga. Actualmente los patrocinan una marca de bañadores y un sex shop, pero no cubren gastos. “Y somos afortunados, porque las chicas se quejan de que no tienen patrocinadores hasta que tienen éxitos”, dicen. Discriminación positiva, económicamente. ¿Y la sociedad? “La gente se sorprende gratamente, el 90 por ciento son críticas constructivas”.

Discriminación y regalo

Juanjo Juanas sí sintió la discriminación social cuando decidió que él quería ser comadrón o matrona, como reconoce la Real Academia, o comadrona, como a él le gusta. No existe el término matrón.

Al principio, le negaron el acceso a los paritorios: “Un ginecólogo me preguntó que qué iba a hacer entre sus niñas”, recuerda. Y fue destinado a un centro de atención rural en Guadarrama (Madrid). Era 1982 y Juanjo Juanas fue el primer hombre en inscribirse como matrona en el Colegio de Enfermería de Madrid, y el tercero de España. “Hoy pienso que esa discriminación ha sido un regalo de la vida, porque como tenía que hacer un seguimiento total del embarazo, aprendí a conocer a la mujer, a entenderla, a enamorarme de ella”, explica con tono embaucador.

Por eso, cuando se enteró de la existencia del parto en casa, supo que ése era su destino. Y en eso lleva 15 años. “Los partos no tienen por qué ser traumáticos: parir es un placer si se vive con intimidad y respeto; pero si se mueven las mismas hormonas que en el orgasmo”, asegura.

Para llegar a ese punto, tuvo que adquirir experiencia en el paritorio; ya ha atendido unos 2.500 partos, pero ninguno como el primero: el de su hija Laura, el 28 de enero de 1985, en el que reconoce que se comportó más como comadrona que como marido. No pasó así con Álvaro, su segundo hijo, cuatro años después. “Era muy frecuente que la gente pensara que era gay. Se acepta que un hombre sea ginecólogo, pero no comadrona. Incluso mi familia me preguntó que por qué no me hacía podólogo, que se ganaba más”. Hoy hay alrededor de 1.200 hombres parteros, sólo un 2 por ciento del total.

Si ya no quedan bordadoras, de bordadores es mejor no hablar. Massimo Avanzini lucha por no ser el último. “Me gusta mucho. Llevo cinco años, tres en Italia y dos en España –asegura mientras le da a la máquina en su tienda de Madrid–. En Italia no es un trabajo de mujer, el 70 por ciento son hombres. Yo busco personal y prefiero que sean chicos, porque llaman más la atención y vendemos más”.

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