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Directores / Alberto Pozas (2008-2018)

Periodismo incómodo, irreverente, comprometido

Fecha: 25/01/2018 Alberto Pozas

Mi agradecimiento personal a todos los lectores, a Antonio Asensio y al equipo de estos casi diez años.

Casi 42 años, se dice pronto. Nacimos con un objetivo: cubrir las necesidades de los españoles rompiendo los límites que imponía la imberbe democracia. Un intuitivo y genial Antonio Asensio Pizarro mezcló en la coctelera los ingredientes imprescindibles. Salió un brebaje que no era de fiesta, sino de lucha con un lazo rojo de regalo. Las libertades se consiguieron portada a portada, reportaje a reportaje, trinchera a trinchera, proceso electoral a proceso electoral. No fue un camino de rosas y, quizás por eso, los ciudadanos, deslumbrados por las libertades que entre todos íbamos conquistando, premiaron a la cabecera con una lealtad que hoy, 2.179 semanas después, es muy de agradecer. Habrá estudiosos que analizarán los motivos por los que esta revista se despide hoy de los kioscos. Es cierto, interviú se merece muchas horas en las facultades de Periodismo, porque no es posible entender la historia reciente de nuestro país sin pasearse detenidamente por nuestras páginas. No es que la España de hoy hubiera sido peor sin esta revista, pero quede claro que la de entonces reclamaba un medio de comunicación irreverente, que conectara con los problemas reales de la calle, con la habilidad suficiente como para regatear lo prohibido y con los poderosos, de cualquier pelaje en su punto de mira. Y eso fue interviú y eso ha seguido siendo, porque la irreverencia, las prohibiciones, la calle y los corruptos siguen existiendo. 

De nuestros defectos ya hablarán otros. Me toca resaltar las virtudes, las pasadas y las presentes. Desde el 22 de mayo de 1976, hemos realizado un periodismo incómodo, y lo hemos mantenido hasta el final. Incómodo para los corruptos, para determinados ricos, para quienes miran hacia otro lado y prefieren no ver nuestras denuncias con la excusa pobre de que van escondidas detrás de unas tetas. Hay quien defiende que desde Marisol esta revista no podía mantener el nivel de portadas. Otros, según sus propios gustos, van acercando más esa fecha. Pero interviú, como hizo desde el primer número, ha intentado estar cerca de los deseos de los españoles. Ya no había marisoles, pero los gustos sociales cambiaron hacia una nueva forma de hacer y ver televisión, y ahí estuvimos para cubrir ese frente de provocación. ¿Criticable? Allá cada cual, pero que busquen portadas de impacto de los últimos 500 números y las encontrarán. Nos despedimos con casi cinco mil reportajes de mujeres y hombres.

Esta revista ha sido mucho más que sus portadas. Podría perder líneas de esta despedida recordando las exclusivas, pasadas y de la última semana, que atesora a partir de hoy nuestra hemeroteca, hasta alcanzar los casi veinte mil reportajes. Podría también dolerme de cómo el país oficial y hasta la profesión nos admiraron, pero manteniendo la distancia. Muestra de ello es que otros se reparten los premios, aunque el nombre, por ejemplo, de Paco Correa, Pablo Crespo y toda su troupe saliera en interviú ¡cuatro años antes de su detención! O cómo sacamos del olvido a las víctimas del metro de Valencia antes de que llegaran allí las cámaras de televisión. Es absurdo llorar por la leche derramada, así que les invito a que den una vuelta en este especial por las historias que han escrito los reporteros que han acompañado la revista hasta la estación final y disfruten de cómo vivieron ellos el Periodismo, con mayúscula. Unos 15.000 artículos de opinión, del máximo calibre, y cerca de 6.000 entrevistas reposarán en la hemeroteca para dar testimonio de lo que ha sido interviú. Son las armas con las que nacimos y con las que hemos seguido luchando contra unos gigantes que no eran molinos de viento precisamente: la crisis, la maldita crisis, el descrédito del periodismo y la falta de entusiasmo por la calidad, el rigor y el contenido. Sí puedo decir que desde aquella primera portada de mayo del 76 hasta hoy, los lectores de interviú han sido de los mejor informados. Y eso nos hace despedirnos con orgullo. Orgullo y agradecimiento. En primer lugar, a todos ustedes, que pese a las dificultades crecientes, nos regalaron su atención y no nos permitieron caer en el desánimo. La melancolía no ha existido jamás en los equipos de esta revista: cuanto más pintaban bastos, más entusiasmo se ha puesto. Ha sido nuestra principal arma, no escondernos nunca, no caer en el desaliento, no refugiarnos en lo mal que iba todo: ustedes se merecían lo mejor y lo hemos intentado hasta el límite de nuestras fuerzas. Por eso también quiero reflejar un agradecimiento muy sincero a Antonio Asensio Mosbah, que ha estado ahí siempre, consciente de que era una pieza imprescindible para que lo siguiéramos intentando. Y ha aguantado mucho, más de lo que empresarialmente era lógico. Y encima lo ha hecho con ganas y con cariño, un cariño el de su familia que también hemos podido sentir. Y agradecimiento al equipo humano de los últimos diez años. Su profesionalidad y compromiso nos han permitido acudir al kiosco cada semana con la cabeza bien alta.

Por mi parte solo desearles lo mejor y agradecer su capacidad de estar a nuestro lado hasta en los tiempos más difíciles. Sé que en un momento de nuestra historia alguien creyó que desde las plazas se llegaba al poder y ya no necesitaban los intermediarios. Pero tengo mis dudas, porque la corrupción sigue campando por los pueblos de España, esos que ya solo visitaba interviú, y mucho me temo que ahora se quedarán un poco huérfanos porque las mociones de censura no acaban con la codicia, esa virtud que tanto hemos reflejado en nuestras páginas. “SOS interviú”, decía una pancarta esgrimida en un conflicto vecinal. Sé que nos echarán de menos en muchas localidades porque ya no podrán ir “los de interviú”. Eso no significa que de la noche a la mañana desaparezcan los grandes y los pequeños conflictos, solo que sin esta revista costará más trabajo trasladarlos a la sociedad. Habrá que confiar en que compañeros de otros medios ocupen el lugar de reporterismo clásico que dejamos vacío. Porque, fíjense, estoy convencido de que este sarampión pasará, que la gente, por supuesto con sus nuevos hábitos de consumo, encontrará la diferencia que ahora no es capaz de ver y surgirá un nuevo equipo con ideas renovadas y mucho más cerca de esos gustos que sepa conectar de nuevo. No sé si se llamará interviú, pero lo que tengo claro es que la España de 1976 y la de este siglo necesitan periodismo comprometido, incómodo, irreverente, alejado de despachos y cercano a la calle... Mientras tanto, disfruten todo lo que puedan y, otra vez, muchas gracias por habernos acompañado en este sueño.

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