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Directores / Teresa Viejo (2002-2004)

Ya no habrá lunes

Fecha: 25/01/2018 Teresa Viejo
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Ya no habrá lunes, ni titulares que escuecen, ni chicas de portada. El domingo dormirá perezoso para despertarse el martes con resaca.

Algunas despedidas no es que resulten amargas, es que son una putada. De poco sirven los “quédate con lo bueno”, porque suenan a frases huecas con las que mitigar un duelo demasiado holgado. Y este lo es. Un adiós del que cuesta un mundo escribir.

He gastado horas tratando de recordar la primera vez que vi un ejemplar de interviú y me crispa mi desmemoria. Entonces pruebo con la primera vez que lo tuve entre mis manos y me sitúo en la cafetería de la Facultad sorteando las páginas de una publicación que escocía y donde ni por asomo imaginé leer un día mi nombre. Las mujeres siempre hemos sostenido una relación compleja con la revista, para qué negarlo, aunque a la postre los prejuicios terminaban esfumándose en cuanto te sumergías en ella. interviú no se leía con reposo, había que tragársela de un atracón, tarea para la que sobraban los escrúpulos. En realidad, la revista no era apta para los que transitaran por la periferia de la cosas. Aquí confieso mi tendencia a dotarla de personalidad, a contemplarla como esos seres de pronto fácil, arrolladores, de adictiva seducción, de los que temes terminar presa de ellos. Igual que rehuías a quien te gustaba demasiado, tratabas de no abrir las páginas de interviú no fueras a engancharte a ellas. Por entonces no conocía la Ley de la Atracción, esa máxima que organiza el universo y termina situándote cerca de lo que anhelas aunque tu mente lo oculte. La psique, la conciencia profunda que ignoramos con demasiada frecuencia, es tan poderosa como para impulsarnos a algo sin saberlo. interviú contenía en aquel momento los mejores ingredientes para desatar lo que vendría después. 

Color violeta. Un traje en dicho tono y una foto de lo más correcta. En el titular rezaba “Tengo hambre de cosas nuevas” y allí estaba yo –fuera recelos–, retratada en las páginas de interviú. ¿Que si enseñaba piel? Sí, la de mis brazos. La convivencia de la revista con la carne ha sido exquisita, remarcando que el verdadero campo de batalla pasaba por desnudar lo que se ocultaba bajo capas de impostura, mentira, corrupción, chantajes, extorsiones… España se quitó el sujetador y la revista lo tiró al cajón de la ropa sucia. ¡¡La de mierda que encontró dentro!! 

He dado, entre viejos recortes, con aquella entrevista realizada a mediados de los noventa hablando de mis proyectos entre los que no se encontraban, sin duda, el sillón de director de la cabecera –cuidado con la Ley de la Atracción–. Entonces guardaba las entrevistas temiendo que un día dejaría de hacerlas, como atesoré el papel de mis artículos convencida de que en alguna fecha futura los mostraría a alguien diciendo con orgullo: “Yo escribí aquí”.  

Blanco. Una camisa blanca y un ordenador negro. Así arrancó mi colaboración gracias a una página desprejuiciada donde una mujer analizaba el universo masculino. Por cierto, ninguno se quejó. Entonces interviú representó una piscina con agua para mis ganas de nadar. Fue “hambre de cosas nuevas”. El mejor hogar donde echar raíces.

Rojo. Un maletín de mano y un traje pantalón rojo, el color de la cabecera cuyo timón me disponía a pilotar. La Ley de Causa y Efecto no deja nada al azar. Sucedía un mes de septiembre cuando el calor zanganeaba y la hija del entonces presidente se casaba en El Escorial emulando a una reina. Crucé el despacho de dirección, noté que la butaca era cómoda –endiabladamente mullida–, que la luz lo invadía pero faltaba un hervidor de agua. Nada es perfecto. El primer síntoma del cambio fue el salto en la ubicación de mi página, el segundo que lo hiciera mi vida al completo. 

interviú no dejaba indemnes. Como las grandes pasiones, no quería grises ni en fotografía. El saldo que dejó en mí fue un impagable aprendizaje y un puñado de compañeros, convertidos desde entonces en amigos. 

No encuentro otra forma de rendir homenaje a la publicación que contar mi historia, tan personal como la que han establecido con ella sus lectores. Ellos y ellas transitaron por la misma pubertad, juventud y madurez que interviú, de modo que evocar ese diálogo remite al cuarto propio de cada uno. Pocas publicaciones abonan tanto poso en la memoria. Pocas retratarán con tal fidelidad la sociedad en que crecieron y ninguna provocará lo que ella, incluso desaparecida.

Ya no habrá lunes. Ni titulares que escuecen, ni chicas de portada. El domingo dormirá perezoso para despertarse el martes con resaca. En esta vida el adiós es un teléfono que no suena; en el periodismo, una noticia sin lector y una firma sin papel. 

Con sinceridad, nunca ambicioné dirigir una publicación escrita pero es cierto que no me comprometí con una revista cualquiera… dije sí a interviú

Y si bien ella nunca estuvo en mis planes, cómo celebro que los cambiara. 

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