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Último número de Interviú / Historias de reporteros
El cuarto de las maravillas

A todas, mil gracias por vuestro arte

Fecha: 26/01/2018 Alberto Gayo

Quizá nunca habrá justicia poética para interviú. Ya no importa. En esta despedida no habrá lágrimas –no me quedan– ni voy a dar pena –para eso están otros–. Cuando, en 2011, Alberto Pozas me nombró su adjunto –llegué en 1998 como reportero especialista en tribunales– pensamos en dar una vuelta de tuerca a la parte erótico-festiva de la revista en un contexto de recorte de plantilla, cambios en las formas de consumo y avance de las redes sociales como escaparate supremo. 

No esperen batallitas en este texto. En estos siete años que he gestionado, entre otras muchas cosas, la producción de la Guapa de portada –así la llamamos en la redacción– no ha habido orgías, chantajes, cuartos oscuros ni comisiones. Eso sí, como hombre heterosexual (por el momento) y blanco (a no ser que me jubile al sol del cabo de Gata) me llevo un tesoro: las conversaciones con decenas de mujeres a las que he conocido gracias a interviú. Sí, a interviú, por mucho que les fastidie a ultramontanos, capillitas, fariseos y a unas pocas feministas rancias. Todas las mujeres que he entrevistado han dejado una marca en mi forma de ser. Para ser sincero, ha sido fácil: mi familia es matriarcal y está bajo el manto de una emigrante andaluza sin posibles que llegó a Madrid para ser chica de piso en un gran hotel de Gran Vía y sacó adelante a tres hijos; tengo dos hermanas y muy buenas amigas. Vamos, que me ha tocado, personal y profesionalmente, relacionarme más con ellas que con ellos.

Como recordaba Elvira Lindo la semana pasada, “cada mujer tiene una voz y hay que defender las voces particulares. No tengo por qué seguir consignas”. Ella se refería al show de Oprah Winfrey en la entrega de los Golden globes. Aprovecho la frase de la escritora para defender a cada una de las mujeres que quisieron ser portada desde aquel marzo de 2011 en que la locutora de radio Mar Montoro salió desnuda –y alada– hasta el pasado 8 de febrero de 2017, día en que Mary Markova, una dependienta desconocida y nacida en Bulgaria, cerraba 42 años de desnudos de portada convertida en Chica Interviú 2017.

Raquel, mi compañera de vida desde comienzo de siglo, siempre ha bromeado con lo mismo: “De todos los hombres que hay en España, me ha tocado convivir con el único que tiene como parte de su trabajo hacer portadas con chicas en pelotas”. Pues sí, y ha sido un privilegio, imposible de asumir y llevar adelante sin la ayuda y la visión de mi compañero David Arnanz, uno de los tipos más profesionales y entregados que he conocido.

Gracias a ellas he entendido algunos porqués. “¿Por qué hacer un posado para interviú?”, se preguntó Alaska en 2012. “Podría responder de forma muy escueta con un ‘porque sí’ rotundo, pero no quiero parecer maleducada. Yo no soy una chica de portada de revista masculina, flaca y perfecta. Pero en interviú hay hueco para que una famosa haga una sesión de fotos insólita. Estoy a 18 meses de cumplir los 50 años, así que mejor no dejarlo para más tarde. Y las portadas ocupan en el ranking de mi paraíso pop un puesto privilegiado como crónica de la España reciente”. Así lo razonaba Olvido Gara. Habrá mil voces y mil razones.

Un año después le tocó el turno a la modelo y cantante Bimba Bosé, fallecida hace poco más de un año. “Está muy bien utilizar el cuerpo para poder manifestarse e intentar cambiar la realidad. Para mí ha sido un lujo. La sesión se acerca a lo que suelo hacer en moda, pero enseñando más carne, más culo”

Si ha habido una mujer escándalo en estos últimos años, esa fue la exconcejala socialista Olvido Hormigos. El linchamiento social que sufrió tras la difusión de un vídeo personal (e intransferible) destapó las miserias y la hipocresía de este país. He charlado varias veces con ella y siempre destacó el horror de los juicios inquisitoriales: “Sé que no soy perfecta, que no lo voy a ser nunca y tampoco lo pretendo”. Suscribo.

El día de 2014 que me junté con la actriz y música Najwa Nimri entendí lo que significa la fama y lo enmarañado de las relaciones personales. “Yo me hacía cargo de la imaginación del hombre que tuviese enfrente. Descubrí que la parte de mí que no daba era la que al otro le hacía imaginarse lo que quería ver de mí. Así de complejo es el sexo, ¡qué maravilla! Me he pasado media vida discutiendo con los tíos, pero no para controlarles, sino para que me dejaran en paz”. La protagonista de la serie Vis a vis apostaba por una revolución individual: “La solución será por contagio. Tú cambias de forma de actuar sin decir nada y la gente se contagia. Solo la imaginación provoca el acontecimiento. La imaginación es la única alternativa”.

Me dedico a tirar piedras de un muro. La palabra imposible la desterré. Esta portada es un ejemplo. Hace quince años intenté hacerla y alguien me dijo que era imposible, me tachó de loca”. Para esto también servía interviú. En junio de 2015 la modelo de tallas grandes Eva Pérez montaba un impresionante revuelo al ser la primera curvy en aparecer en la portada de una publicación de tirada nacional en España. Ninguna revista femenina se había atrevido. La industria de la moda pesa demasiado. Nosotros sí arriesgamos. 

Como siempre me ha confesado la fotógrafa Sandra Torralba, uno de los valores de esta revista es que ha representado mucho mejor la complejidad de la mujer. La belleza no solo está en los estándares, en el pensamiento dominante, en el discurso hegemónico. “Un desnudo es solo un desnudo, una excusa para contar muchas otras cosas”, decía.

La artista Julia de Castro –cupletista, actriz y compositora– posó en julio de 2015 antes de subir a un escenario y demostrar que es pura metralla. Un día después del anuncio del cierre de esta revista, aseguraba en el diario El Español que interviú“es un reclamo a la feminidad rotunda. Siempre lo he entendido así. interviú nos enseñó a mirarnos. Es más, a mí me parece anecdótica la mirada masculina sobre la revista. Me interesa la mirada femenina, la que nos dirigimos a nosotras mismas. Esa forma de entender el cuerpo femenino sin tapujos, sin pudor, con mucho orgullo, con empoderamiento y belleza”

Parte del feminismo más dogmático ha sido muy crítico con interviú bajo la acusación de que “cosifica” a la mujer. No entraré al trapo. “Hay tantos feminismos como mujeres existen”, aseguraba hace unos días la periodista musical Angels Bronsoms. La actriz Natalia Millán apuntaba el mismo día del cierre de esta revista: “Si las modelos de todos los tiempos hubieran pensado que posar desnuda es cosificarse, ¿qué habría sido del arte? La desnudez de un cuerpo es su estado más puro. Lo que denigra, vulgariza, cosifica el cuerpo desnudo es la suciedad de algunas miradas, #mirabien”.

Muchas mujeres me han impresionado por su fortaleza ante el acoso tuitero. La activista Loola Pérez, responsable en Murcia de un proyecto para prevenir la violencia de género y educar a los jóvenes en lo afectivo y lo sexual, fue una de ellas. Feminista pro-sexo, criticó a las que se meten con interviú: “Es una bobería, hay un grupo dentro del feminismo que no sabe comprender qué significa el deseo, el erotismo, la belleza, el cuerpo, la expresión del cuerpo. No es capaz de hacer clic, y ve todo desnudo de una mujer, toda expresión sexual de una mujer, como un ejercicio de explotación o cosificación”.

La primera vez que hablé cara a cara con una prostituta estaba nervioso. Natalia Ferrari se considera “trabajadora sexual y feminista”. Ella no ha sido víctima de la trata de seres humanos como muchas otras mujeres, ha elegido libremente su profesión. Fue a finales de 2015 en la terraza de El Brillante (Madrid). Durante la charla, Natalia lo explicó así: “Si hay amenazas, violencia, retención de la documentación forzando a alguien a una actividad comercial, esa persona es víctima de trata. La explotación sexual no es la única que existe, aunque sí sea la más visible. Existe trata en el sector textil, hostelero o rural. La trata de personas es una forma de esclavitud no necesariamente sexual. La diferencia con mi trabajo está en el consenso. Si accede libremente, sin coacción ni amenazas, a cambio de sus propias condiciones, esa persona está trabajando. Lo otro es trata”.

Entre las actrices porno que han sido portada, Amarna Miller es quizá la más conocida internacionalmente. Licenciada en Bellas Artes, esta joven madrileña ha encarnado el papel de mujer segura, imperfecta y en continua evolución. En su última portada (octubre de 2016) aclaró: “Lo que represento todavía levanta ampollas. Soy una mujer joven que se dedica al trabajo sexual por gusto, y eso no cabe en la cabeza de muchas personas. Entiendo que hay un sector abolicionista de la pornografía que no está de acuerdo con mi discurso, pero no entiendo el ataque personal. Igual que yo no soy abolicionista, pero entiendo de dónde provienen sus ideas, creo que las mías deberían ser respetadas”. Y además mostró sus simpatías por Podemos ¡vaya por Dios!

Meses atrás también tuve la oportunidad de pasar un buen rato con Clara Serra, diputada de la formación morada en la Asamblea de Madrid. Es curioso, fue la caverna mediática menos respetuosa la que se cebó con la parlamentaria por aparecer entrevistada en estas páginas. Ella también forma parte de la otra mirada. “El feminismo ahora es bullicioso y plural y llega a terrenos hostiles donde no había llegado. A veces hay que hacer feminismo con rabia, y tenemos muchas razones para estar enfadadas, pero no solo se hace política representando el dolor, las necesidades, las tristezas... también se hace política con los deseos, las aspiraciones. Tenemos que convertir el feminismo en algo deseable, en objeto de deseo, hay que hacer que la gente desee ser feminista”.

Con Celia Blanco (conductora del programa radiofónico sobre sexo Contigo dentro) aprendí la importancia de la educación sexual, de clausurar el machismo desde que los varones son niños y de que las mujeres llevan demasiado tiempo consintiendo que un cunnilingus“sea casi un regalo o una prebenda, o un extra”. Y con Teresa Viejo, la única mujer que ha dirigido interviú en estas cuatro décadas de historia del semanario, disfruté intentando desvelar las cuitas del amor, del sexo... 

Hoy parece que no hay futuro para esta revista. Echaré de menos ver reflejadas en el papel las vidas de chicas de barrio, concursantes de reality, artistas, atletas mastectomizadas, estibadoras o lesbianas enamoradas. Y admirar su belleza. 

En las próximas semanas una periodista iba a ser portada de interviú. No ha dado. tiempo. Se llama Noemí Casquet, colabora en el diario El País, es experta en sexualidad y motera. Es la chica que aparece desnuda con letras blancas sobre su piel al comienzo de esta despedida. Nació en 1992 en Sabadell, es hija de un trabajador textil y de una rosticera catalana. Y es poliamorosa, esa nueva forma de entender el afecto y el sexo. Cuando le pregunté por qué quería ser portada, contestó: “Me gustaría reivindicar el hecho de que enseñar mi cuerpo, mis tetas, no implica que yo sea una guarra o una morbosa. Y también deberíamos defender que mi ropa o mi apariencia no determina mi consentimiento. Una mujer con escote no quiere decirte que busca ligar contigo, no deberíamos juzgar a las mujeres por todo lo que llevan o todo lo que hagan. Además lo hago porque el hecho de que sea periodista no significa que no sea mujer y que no pueda hacer lo que me dé la gana, y enseñar mis tetas donde me dé la gana.  Yo decido cómo y cuándo”

Con el cierre de interviú, la España verdi-roja vuelve a sucumbir frente a la España negra. Lo mismo ocurrió en el primer tercio del siglo XX con las conocidas como revistas galantes. Por entonces, un joven Ramón Gómez de la Serna hablaba así de las tetas de las mujeres: “En los senos de una mujer está todo el peso de la naturaleza, del aire, del arte”

No tengo más que decir, Don Ramón. Solo siento agradecimiento hacia todas esas mujeres, hayan enseñado o no las tetas, con las que he compartido estos maravillosos años. Mil gracias.

@Alberto_Gayo

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