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Último número de Interviú / Historias de reporteros

Entender la realidad y contar historias, razón aquí

Fecha: 26/01/2018 Alberto Gayo

Aprendí a ser periodista en Diario 16 y después pude contar las mejores historias en interviú. Hoy, las dos publicaciones ya son historia del periodismo en democracia. Veintiocho años han transcurrido desde que comencé a laborar y sigo pensando que lo más trascendental de esta profesión es poder contar lo que sucede alrededor, tener la posibilidad de entender la realidad de primera mano. Escribir reportajes. Así de sencillo. Y echaré de menos hacerlo en una revista que forma parte de la gran familia española (que me perdone Sánchez Arévalo).

Al día siguiente de que responsables de Grupo Zeta anunciasen, a través de un comunicado, su intención de cerrar interviú tras 42 años en los quioscos, el periodista de Hoy empieza todo (Radio 3) Antonio Vicente se acordó de los compañeros de el semanario con esta reflexión: “el mundo es muy grande y para entenderlo hace falta echarle un poco de tiempo y a veces, incluso, un poco de dinero. Gratis y rápido solo hay publicidad y entretenimiento”.  Y aquí en interviú hubo algo de tiempo y de dinero para hacer buen reporterismo y no propaganda, para desnudar la mezquindad y hacer fisuras en la estrechez mental. Un lujo.

Viendo el actual estado de la profesión, me siento un privilegiado. He podido hablar con madres presas, enfermos mentales, músicos, narcos, científicos, profesores, artistas, políticos, yonquis, policías, camellos, obreros, prostitutas, hackers, ultras, estafadores, condesas, mendigos, curas, asesinos, leprosos... La lista es muy larga. De esta forma he entendido un poco mejor este lugar donde me ha tocado vivir. Bajo el epígrafe ‘sentirse muy orgulloso’  tengo apuntado cuando, junto con el fotógrafo Fernando Abizanda, localizamos en Bolivia a uno de los ultraderechistas condenados por la matanza de Atocha que había huido; cuando demostramos que un gerente de una fundación universitaria pagaba sus visitas al puticlub con su la tarjeta corporativa; o cuando analicé, con mi compañera Nieves Salinas, la calidad del agua del grifo en varias ciudades o las hamburguesas que nos comemos en los establecimientos más famosos. 

Las drogas han supuesto una parte fundamental de mi paso por interviú desde aquel día de 1998 que Agustín Valladolid quiso incorporarme a su equipo. Con la ayuda de expertos y de colectivos como Energy Control intenté comprender mejor el mundo de las sustancias psicoactivas. Era fácil acudir solo a policías y jueces. Opté por charlar con pequeños traficantes, consumidores, químicos, psiconautas, forenses, biólogos, psicólogos, pacientes... mujeres y hombres entregados a dejar un mundo con menos sufrimiento. Gracias. Para estigmatizar y dar lecciones ya había otros periodistas.

Como decía Loquillo, a nadie le gusta nacer para perder. Así que me tomo como una victoria que en el futuro alguien abra esta revista (en la hemeroteca digital) y encuentre allí mis trabajos. Ahora toca pasar página. Podría acabar con alguna de las frases de Hijos del agobio, de mis queridos Triana. Voy a hacerlo con La vida es dulce de ese tipo genial llamado Kiko Veneno: “Quiero sentir algo que me huela a vida, que mi sangre corra loca de pasión. Volver a oír entre las olas del mar, del mar profundo, la voz lejana que me susurra: la vida es dulce”. Salud para los que confiaron en el poder de las historias.

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