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Último número de Interviú / Historias de reporteros

Nunca te lo perdonaré, Teresa Viejo

Fecha: 29/01/2018 David Arnanz
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En la tele lo has hecho todo, aquí vas a aprender a ser periodista”. Hay tres frases que han marcado mi vida. Esta es una de ellas. Me la soltó Teresa Viejo así, como quien no quiere la cosa, una tarde de noviembre de 2002. Teresa Viejo tiene eso, que suelta frases como mariposas al viento, sin ser consciente –o sí– de que te acaban revoloteando en el estómago. Recién nombrada directora de interviú me hizo tal proposición el mismo día que una gran cadena de televisión me había fichado para un programa de reporteros. A mí, que de pequeño jugaba a presentar el Telediario, que la tele era mi medio natural. Pero le dije que sí. Y mi vida cambió para siempre. 

Una de las primeras cosas que me pidieron al llegar fue conseguir que políticos de todos los colores se dejaran fotografiar con sus juguetes de la infancia. Ahí quedan para la historia ese Rodrigo Rato, entonces vicepresidente todopoderoso de Aznar, con sus soldaditos de plomo. O Artur Mas con un mecano… Aquel fue mi primer gran error: olvidarme de que los juguetes favoritos de los políticos somos los ciudadanos. Afortunadamente, años después conseguí que Ana Garrido, la verdadera denunciante de la trama Gürtel apostara por la transparencia en la portada de la revista. Y que la arroparan otros denunciantes de corrupción, apoyados por el exjuez Baltasar Garzón. Estos reportajes ocuparon horas en las tertulias de radio y televisión. Lo primero que aprendes cuando te conviertes en periodista de interviú es que tu trabajo tiene una repercusión mediática y social brutal. Mi reportaje sobre el piso de alto standing de 1,7 millones de euros al que se mudó el cardenal Rouco Varela y la reforma de lujo que mandó hacer con un coste de 370.000 euros con cargo al Arzobispado de Madrid, provocó las críticas incluso de católicos, que organizaron un escrache en el portal reclamando que desmintiera mi información. No lo hizo. Amén.

Sacar los colores a los que se lo merecen es otra de las grandes alegrías que me ha dado interviú. La periodista Nieves Salinas, uno de mis referentes, y yo trabajamos juntos para desvelar en exclusiva las más que rentables inversiones inmobiliarias de Julio Iglesias en Alicante y sus magníficas relaciones con los políticos valencianos del Partido Popular. Aquel tándem Salinas-Arnanz acabó siendo conocido como el equipo PIR: Periodistas Internos Residentes, por ser los primeros en denunciar que se estaban cargando la Sanidad Pública. El equipo se reforzó con las grandes periodistas Inma Muro y Esther Ortega para denunciar todas las chapuzas que se cometieron durante la crisis del ébola. He trabajado con los mejores. Ángel Ibáñez, Fernando Abizanda, Fernando Cárdenas, Jorge Ogalla, el maestro Juan Luis Álvarez, Fiti… Junto a Alberto Gayo –gracias por todo– denuncié el preocupante aumento de consumo de bombones alucinógenos por los más jóvenes. Decidí probarlos para explicar sus efectos y acabé viendo al osito Misha en el parque del Retiro mientras las piedras del suelo se movían para formar cuadros de Picasso solo para mí. Aquí he aprendido que es mejor vivirlo que contarlo. Incluso me presenté a Gran Hermano.

Y me he divertido. Mucho. He vivido historias que nadie hubiera creído de no ser porque siempre estaban ahí las fotos de Alberto Bernárdez, compañero de viaje. Juntos entramos donde nadie lo había hecho. Como el barco pirata de la Costa del Sol en el que jóvenes ingleses se emborrachan y acababan en orgía. El reportaje brutal tuvo tal repercusión en Gran Bretaña que provocó un debate social sobre qué hacen sus hijos cuando están de vacaciones. Y encima he recibido un premio nacional de Periodismo y he sido finalista en otros dos… Quince años en los que he sabido lo que es ser periodista de verdad. Yo que iba para estrella de la tele. Nunca te lo perdonaré, Teresa Viejo. 

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