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Último número de Interviú / Historias de reporteros

Que vuelvan los “intensitos”

Fecha: 29/01/2018 Reyes Tatay

Cuando tomamos cualquier decisión, por pequeña que sea, estamos condicionados para toda la vida. Hace dos años y medio empecé como becaria en interviú; hasta ahora, ha sido la mejor decisión de mi vida. 

La primera vez que leí interviú fue gracias a un amigo que la compró por la portada de Aída Nízar. Era julio del 2011 y yo sólo tenía 15 años. Después de comentar todas las páginas del desnudo, la revista quedó apartada. Decidí curiosear su interior, la parte desconocida y que mucha gente de mi generación ni si quiera sabe que existe: ahí había puro periodismo. 

“¿Sabes que es la carrera con más paro del mercado laboral?, “Es la profesión peor valorada de España por detrás de los políticos” o “Estudia ADE, el futuro es trabajar en una empresa”. Son algunos de los comentarios que recibía para dejar de lado aquella locura: estudiar periodismo. En la universidad tampoco animaban. Me dejé arrastrar por aquel pesimismo de asignaturas teóricas, malos augurios o prácticas en las que pasaba horas delante de un ordenador. Sólo quería acabar la carrera y empezar otra cosa. Pero entonces, llegó interviú.

La redacción no era como se imaginan muchos: luces de colores y alguna tía despampanante por los pasillos con tacones de aguja. Era más común que todo eso. Ordenadores y gente normal “tocando el piano”, como le gusta decir a mi compañero Carlos Barrio. Me metieron en una sala con un enorme cuadro de la portada de Marisol. Aquello ya imponía más que cualquier otro sitio donde había estado. Luis Rendueles, subdirector, me contó que allí los becarios proponían temas, viajaban con fotógrafos para escribir historias que publicaban y firmaban con nombre y apellido. Al acabar, llamé emocionada a mi padre: “No sé si creerme que voy hacer eso. Pero si es verdad, es el trabajo de mi vida”, le dije. El primer día de prácticas ya supe que Luis no me engañaba. Lo pasé en un edificio okupa, con jeringuillas por el suelo y peleas de bandas latinas. Me sentí periodista por primera vez y supe que no quería ser otra cosa.

Una de las veces que salí de madrugada de la redacción, desperté a mi madre. Necesitaba que supiera que salía del cierre de un reportaje. Como en las películas en las que el protagonista se queda solo junto a su máquina de escribir y un gran escándalo que publicar. En mi caso me quedé con mi redactor jefe, Juanjo Fernández, un tipo bastante intensito. Juanjo me contaba una historieta detrás de otra sobre la revista. Historias que escucharía mil veces más. Son las que me confirman que hice bien en ignorar a todo el mundo. Yo quería ser otra intensita de esta profesión, e interviú ha sido el mejor camino. Aquel día salí a la una y media de la mañana, pero Juanjo se quedó para cerrar su tema después de corregir el mío como tantos jueves de cierre. Nunca sabré cuál ha sido su hora récord, pero se dice que tiene un colchón escondido por la redacción.

Esta revista no sólo es escuela de periodismo; para mí ha sido ingeniería de la vida. Aventuras como la de aquel agosto a 30 grados paseando con un burkini por la Barceloneta junto al gran fotógrafo Pablo Vázquez. También he llegado llorando a casa. He visto desahucios. Una familia que apenas puede comer por una enfermedad rara de su bebé. El llanto de una madre que no sabe dónde está su hija porque el padre se la ha llevado a otro país.

interviú se va y se lleva esa parte del periodismo que va de pueblo en pueblo con un boli y una libreta. Que escucha a los buenos y a los malos. Que sale a la calle para plasmar en un papel una historia real. Un papel que al parecer la gente ya no quiere leer. Siento pena, una pena que se mezcla con vergüenza por pertenecer a esta generación. Como le digo a mi compañera y amiga Vanesa Lozano, “hemos nacido en la época equivocada”. La que ve como cada día cierra un quiosco. La que no quiere pagar dos euros para saber lo que pasa. Espero que algo o alguien nos despierte. Nos haga darnos cuenta que lo que contaba esta revista es necesario siempre. Que no caigamos en el conformismo de ver y escuchar lo de todos. Espero que llegue un día en el que pidamos a gritos que vuelvan los intensitos del periodismo. Que vuelva interviú.

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