Un verano 10 / Explayando

Prohibido descansar

Fecha: 23/07/2010 Maxi Rodríguez
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Los animosos miembros del Foro Español Pro Vidilla en la Costa y la Asociación Marcha Playera se han conjurado para hacer presión y tratar de cambiar la legislación sobre el uso y disfrute de nuestras playas ante lo que consideran “el muermo creciente y el peligrosísimo riesgo de apalanque que amenaza a nuestro litoral”

Los animosos miembros del Foro Español Pro Vidilla en la Costa y la Asociación Marcha Playera se han conjurado para hacer presión y tratar de cambiar la legislación sobre el uso y disfrute de nuestras playas ante lo que consideran “el muermo creciente y el peligrosísimo riesgo de apalanque que amenaza a nuestro litoral”. Suso Lonombre es el vicesecretario general de la movida veraniega y tal.
—¿Cuál es el motivo principal de sus protestas?
—Es intolerable que estemos jugando a la pelota, tocando las castañuelas o haciendo botellón y tener que codearnos con gente apalancada en silencio tomando el sol.
—¿Dónde está el problema?
—¿Qué imagen estamos dando?, ¿somos setas o qué? Que esto es España, coño. ¡Y olé!
—Perdone, pero sigo sin entender.
—Si nos quitas el casete a tope, las discusiones entre hamacas, los móviles a todo trapo, la familia gritando, los críos correteando, el gazpacho, la fritanga, el rollito fiestero y la bota de Iniesta, ¿en qué nos quedamos, eh?
—¿Creen que es necesario regular el uso de la playa, imponer una serie de restricciones?
—Por supuesto. Se debería sancionar el silencio sepulcral. Como dice la princesa del pueblo: ¡Amos, hombre…!
—Se le ve indignado.
—Es que es muy fuerte, tío. Una cosa es la libertad y otra el libertinaje. Que ya no es que algunos hablen bajito, tronco, es que incluso se ponen a oír su música con cascos. ¿De qué van?
—Quizá no quieran molestar.
—¡Venga…! Eso es como consumir en la toalla zumos naturales o cerveza sin alcohol, ¡una puta provocación!
—¿Y por qué reclaman ustedes carteles que pongan “Playas libres de libros”?
—Para avisar a los listillos. ¿Cómo vamos a consentir la práctica de la lectura en pleno arenal? ¡Hasta ahí podíamos llegar!
—¿Pero qué tiene de malo?
—Exigimos que se prohíba la tenencia de tomos y antologías, y se apliquen multas por consumir narrativa, ensayo, relato y novela en las cercanías del mar. La peña se agilipolla, está comprobado, y son una influencia nefasta para los demás. ¡Que hay niños! ¡Un poco de decencia, por favor!
—¿Tanto se excede la gente?
—Hay mucho pervertido, tío. Hemos visto a tipos ejerciendo la cinefilia en público, leyendo biografías… Luego se van de la lengua y, claro, aparecen las enfermedades de transmisión cultural. Fíjese, ¡si hasta hay familias que llevan dramaturgos sueltos sabiendo que están de atar!
—¿Han recibido protestas?
—¡Mogollón! Hemos tenido quejas de turistas que están en las duchas públicas fregando la paellera o haciendo sus necesidades y, claro, ven a un tipo leyendo a Proust o a Flaubert y se bloquean.
—¿Entonces es una exigencia de los ciudadanos?
—Por supuesto. Muchos nos llegan destrozados: ¿cómo permitís el Romancero o la novela experimental a menos de treinta metros del mar?, ¿qué será lo próximo, un seminario en la zona de baños?
—¿Por qué piensan ustedes que esto no se planteó antes?
—Había un vacío legal. Y nosotros estábamos muy pedo y tal.
—¿Qué consejos darían a los usuarios?
—Que no se dejen apalancar. ¡Todos a sus quad! Que rujan las motos de agua y atruene la canción del verano. Todo quisque a aullar chistes malos y cotilleos del cuché. Y ojito con las señales, eh.
—¿Qué pasa, que tampoco las respetan?
—Al contrario. Y eso no se puede tolerar. Si perdemos la imprudencia, se esfuman nuestras señas de identidad. Que se enteren los bañistas de afuera: ¡aquí no se respetan las banderas, se saltan a la torera!
—¿No es una temeridad?
—¡Un poco de vidilla, coño! Spain is diferent! No dejemos que nos amuermen. Hay que reivindicar el bullicio playero, el purito después del baño y, oye, si la marea está baja, hacemos nosotros la ola. ¡Que somos campeones, oé, oé, oé!
—Pero… también hay quien viene a descansar.
—Que descansen en su curro, no te fastidia. ¡Como los demás!

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