<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<rss version="2.0"><channel><title>Revista Interviu</title><link>http://www.interviu.es</link><description></description><language>es-ES</language><item><title>La nada</title><link>http://www.interviu.es/opinion/el-berenjenal/la-nada</link><description>&lt;p&gt;
Leo con atención los últimos descubrimientos de Stephen Hawking (pronto aparece su nuevo libro de divulgación) y, como siempre, me cuesta entenderlo. Me quedo con una cosa: “El Big Bang surgió de la nada”. O lo que es lo mismo: que no hubo un Dios creador. Vale. Pero lo inquietante es que “de la nada” se montara el cirio interestelar del que sólo conocemos una millonésima parte. ¿Nada? Para mí, “nada” es un domingo por la tarde. No pasa nada. Es una antesala de la vorágine de la semana, un tiempo muerto, un paréntesis... 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“Nada” es la aportación a la política mundial de José María Aznar, que se planta en Israel y dice barbaridades hasta de Obama, con la soltura del que ya no tiene (más) que perder. “Nada” es un programa con Belén Esteban. Ruido, cabreos, pataletas, mucho humo, pero nada de nada. “Nada” son muchas cosas y esto no deja de ser una curiosidad. Pero lo del universo... Anda que no me he pasado yo noches mirando al cielo este verano, escudriñándolo, elucubrando, fantaseando, como para que ahora me digan que antes de esto todo era negro como el futuro de la economía. No, no... Sigan pensando, señores científicos.
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>La medallitis llega a la política</title><link>http://www.interviu.es/opinion/carta-del-director/la-medallitis-llega-a-la-politica</link><description>&lt;img src='http://www.interviu.es/var/sfInterviu/storage/images/media/imagenes-y-videos/carta-del-director/736898-1-esl-ES/carta-del-director.jpg' /&gt; &lt;p&gt;
DEBE SER una gozada viajar a lomos de la moto de Lorenzo, compartir dedo y anillo con Gasol, tirarse sobre la pista con los brazos extendidos al lado del mismísimo Nadal, poder cruzar la meta al ritmo de las poderosas piernas de Casado, ponerle el guante a Casillas para que detenga el penalti decisivo, llevarle la manija a Xavi... Y el remate del tomate debe ser que un montón de chinos hagan cola para inmortalizarse con la Copa del Mundo ganada por tus chicos y que, encima, en todos los países te reciban felicitándote por la gloria deportiva. Tanto éxito tiende a desenfocar al político, padre de aquel axioma según el cual la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana. Lo vimos con el éxtasis de las huestes de Del Bosque: enseguida los políticos se conminaron a no utilizar la copa en beneficio partidista. Tema distinto es que lo cumplieran. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

Enfoque defectuoso. Personalmente no le doy mayor trascendencia a que una candidata socialista, en plena lucha de primarias, se refiera a su papeleta como unos “cuartos de final”. Tampoco que las copas y medallas conseguidas se vayan paseando por las distintas instituciones para que todos nuestros administradores tengan su momento fotográfico de gloria deportiva. Pero toda esa voracidad política por el populismo que aporta un trofeo tiene otros efectos nocivos, el más grave instalar la medallitis no solo en la sociedad, sino en las propias estructuras del deporte. &lt;br /&gt;
Frente a quienes aseguran que vivimos en un país que levanta admiración en todo el mundo por sus éxitos deportivos, incluido el presidente del Gobierno, debo decir que nuestra política deportiva es limitadita, que nuestra gran preocupación, y a veces única, es encontrarnos con un talento para, a partir de ahí, cuidarle como a lo más sagrado para que nos permita pasear a la Familia Real de final en final. Pero el deporte sin mayúsculas, ese que debe conformar la base de una pirámide que ofrezca sin parar talentos, está tan descuidado que depende únicamente del dinero que pueda mover cada práctica deportiva por sí misma.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;Negocio. En España, el deporte empieza a ser un simple negocio. Descontando a los deportistas populares que van a su ritmo y que no cuentan casi para nadie, lo demás se mide en euros. Los patrocinios para lo que no sea fútbol o un talento excepcional brillan por su ausencia. Hay deportes tan imprescindibles como el atletismo que se ven obligados a mendigar cuatro duros, y siempre y cuando puedan devolver lo que les piden los políticos: medallas, medallas y solo medallas. Al final, esa voracidad política por la foto con los campeones lo único que consigue es modificar las estructuras deportivas para enfocarlas única y exclusivamente a ese fin: el trofeo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Campaña con bufanda. Por todo eso y más no entiendo que para defender la candidatura de Jaime Lissavetzky algunos se afanen en contabilizar bufandas deportivas. Habrá que mirar uno por uno esos éxitos y decidir cuántos son producto de la definición y gestión de una política deportiva correcta y cuántos resultado lógico de la inversión de patrocinadores. Si buscamos qué políticos han hecho más por el deporte en este país, nos daremos de bruces con los primeros alcaldes democráticos, que dotaron a las ciudades, principalmente a las medianas y pequeñas, de infraestructuras deportivas. De allí hasta ahora, poco más.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Pero ya que Lissavetzky quiere ser alcalde de Madrid quizás deba incluir en su programa menos medallitis y más explicar a los atletas capitalinos por qué el histórico Vallehermoso está desmantelado, por qué la Peineta se entrega al fútbol, por qué el Palacio de los Deportes tiene música pero no la pista de atletismo que sirvió para su reinauguración tras un incendio, por qué tienen que irse a competir a instalaciones de Sabadell, Sevilla, Zaragoza, Valencia, San Sebastián... si quieren hacerlo bajo techo y evitar la nieve o la lluvia, ya que en Madrid no tienen ni paraguas. España necesita menos medallas y más compromiso político con el deporte de base, ése que, al final, traerá también trofeos. Solo hace falta paciencia. 
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Una segunda oportunidad</title><link>http://www.interviu.es/opinion/hombres-modo-de-empleo/una-segunda-oportunidad</link><description>&lt;img src='http://www.interviu.es/var/sfInterviu/storage/images/media/imagenes-y-videos/una-segunda-oportunidad/736582-1-esl-ES/una-segunda-oportunidad.jpg' /&gt; &lt;p&gt;
Hace una semana que no sale de casa. Antes se había preocupado de colmar la nevera de provisiones y de pelar malévolamente los cables del teléfono de modo que ni con la mayor chapuza pudiera conectarse a la red. No quería tentaciones innecesarias. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

Desde hace una semana las persianas de su cuarto no han saludado el día, permaneciendo selladas en un blindaje a todas luces insalubre en pleno agosto. Mientras, el aire acondicionado se esfuerza en sofocar un ambiente denso, lleno del sudor que dejan las refriegas sexuales. Existe un tipo de amor que se adosa a los muebles, a las tapicerías y el parqué, que impregna de lujuria los objetos inanimados y carga el aire, haciéndolo irrespirable. ¿Quién no ha entrado alguna vez en un dormitorio y no ha sentido los dedos pegajosos de quienes estuvieron antes en él, ahogados entre suspiros y orgasmos? Algunas mujeres son capaces de olerlo, de inspirar el adulterio e identificarlo entre cientos de aromas. Mujeres que huelen el sexo infiel de su marido entre inciensos, velas de olor o suavizantes para toallas. &lt;br /&gt;Toda su casa huele a amor usado. Sucede así desde que ella entrara por la puerta –sumisa y callada como nunca lo había sido las otras veces– y él simulara una infección vírica altamente contagiosa y pidiera en el trabajo los días que le restaban de vacaciones, por ver si remitía el dichoso malestar. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

“Nada, hombre. La salud es lo primero. Ahora, también es mala suerte, acabas de llegar de vacaciones y te pones a morir. ¡Cualquiera diría que la oficina te da alergia!”. La suya es una jefa sarcástica que se esfuerza por suplir la falta de autoridad con ironía. Y como él le tiene tomada la medida, jamás le lleva la contraria, no vaya a resultar una de esas féminas con la pituitaria exacerbada. &lt;br /&gt;Qué le va a explicar a esa mujer andrógina sin cintura ni caderas lo que es un ardor como el suyo. Sí, todo lo antiguo que quieras, porque la obsesión por el rasero que descansa ahora en su cama se remonta varios años atrás, pero lo ha cogido con ganas nuevas. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Ni el agua fría mitiga ese grado de ansiedad que hierve la sangre y abre los poros a la espera de recibir el efecto calmante de un beso. Y eso que ella aún no le ha devuelto las caricias. “Si le das amor, te responderá igual”, habían asegurado al recogerla. “Pues la noto un tanto fría”, replicó. “Es cuestión de que coja confianza”, y el tipo que le observaba ajustarse el cinturón sonrió maliciosamente antes de fundirse en la oscuridad del portal.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

La creencia popular asegura que las segundas partes nunca son buenas. Sin embargo, está disfrutando del cuerpo amado más que un tonto. Más que la primera vez. De hecho, por entonces ya le habría reprochado algo, cualquier cosa... la tapa del dentífrico sobre la encimera del baño, sus calzoncillos en una esquina, las camisas del armario sin doblar; le habría censurado el lomo embuchado en la nevera y la poca gracia de encontrarse las fotos de sus ex en la estantería del salón. Pero esta vez, el 1’65 de carne desnuda que se ajusta a él como un guante no abre la boca más que para lo preciso. Y mira que le gusta cuando lo hace.&lt;br /&gt;“Me ha quedado niquelada –le dijo comparando la foto de la original y la copia–. Y se queda usted con la mejor. Je, je”. Pues sí que tenía guasa el tipo de la tienda de muñecas. 
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Arrebatos de ternura</title><link>http://www.interviu.es/opinion/papel-mojado/arrebatos-de-ternura</link><description>&lt;img src='http://www.interviu.es/var/sfInterviu/storage/images/media/imagenes-y-videos/arrebatos-de-ternura/736392-1-esl-ES/arrebatos-de-ternura.jpg' /&gt; &lt;p&gt;
Uno. Luzbel pasó a la historia como el que dijo “no” a Dios. Ha ahí un buen comienzo narrativo. Desde entonces (si en su mundo existe el entonces) se ha mantenido en plena forma. Dios, sin embargo, ha envejecido un huevo. Pierde todas las partidas. El mundo actual, más que la creación de un ser bondadoso y bien intencionado, parece el resultado de un sueño luciferino. Lo irónico es que nadie responsabiliza a Lucifer del estado actual de las cosas. El responsable es Dios. Más aún: El ángel inverso goza entre los poetas de un prestigio del que jamás disfrutará el Todopoderoso, si llamarle de este modo, con la que está cayendo, no fuera una crueldad. De modo, querido Rubalcaba, que tampoco está mal pasar a la historia como el que dijo “no” a Zapatero. Decir “no” seduce, gusta, encanta, cautiva, embelesa. Decir “no” vende. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La realidad, que es una pesadilla, está mayormente construida a base de síes. Otro gallo nos cantara si se le acercara un poco el número de noes. Non serviam, no serviré, dijo astutamente Luzbel, que se olía la tostada. No tuvo más que ver a Dios para darse cuenta del mundo que pretendía construir. Si un servidor hubiera estado presente en aquella especie de reunión de vecinos que fueron los primeros instantes de la creación, le habría preguntado a Dios:
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
—¿Por qué ese empeño tuyo en crear seres con aparato digestivo? 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Y es que hay que tener una mente enfermiza para inventar los intestinos. Y quien dice los intestinos dice todo el aparato respiratorio, incluso el locomotor. El presidente de mi comunidad propone algo parecido y se la carga, lo echamos, vamos, que no dura ni cinco minutos en el puesto. Non serviam, no serviré. No cuentes con nosotros para crear un mundo con todas las miserias de la carne. Ánimo, Gómez. No sabemos nada de ti, excepto que has dicho a ZP “non serviam”, no serviré, pero nos basta para que comencemos a prestarte atención. A ver ahora quién envejece antes, si Zapatero o tú. De Trinidad Jiménez no decimos nada porque ha comenzado la carrera cojeando, pobre.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Dos. “Quiero un hipercor con leche”, dijo la señora de la mesa de al lado al camarero.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

—No tenemos hipercores con leche –respondió el mozo–, ni siquiera sabemos en qué consisten o qué aspecto tienen.&lt;br /&gt;
La señora se puso colorada, como si la hubieran pillado en un renuncio y rectificó:&lt;br /&gt;
—Perdón, quería decir un café con leche.&lt;br /&gt;Nos sirvieron a la vez, a mí un gin-tonic. La señora estaba sola y era muy guapa, pero parecía un poco violenta. Supuse que esperaba a alguien que se estaba retrasando. Me produjo ternura, pero no era cuestión de decírselo. No está bien visto dirigirse a una desconocida para decirle que le produce a uno ternura. Entonces me vino a la cabeza el “non serviam” de Luzbel y decidí que tampoco yo me doblegaría a los usos sociales. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

De modo que volví la cabeza y dije dirigiéndome a la mujer:&lt;br /&gt;
—Me produce usted ternura.&lt;br /&gt;
—¿Y eso? –preguntó sonriendo de tal forma que aumentó mi afecto.&lt;br /&gt;
—Por lo del “hipercor con leche”. Yo también cometo muchos errores verbales de ese tipo.&lt;br /&gt;
—Es por la edad –dijo ella–, me olvido de las cosas y utilizo palabras que no son. Ayer, después de comer, le dije a mi marido que iba a sentarme un rato a leer la sartén. Quería decir el periódico, pero me salió la sartén.&lt;br /&gt;
—Eso es porque los periódicos vienen casi todos con sartén. Se ve que asoció usted una cosa con otra.&lt;br /&gt;
—Muchas gracias, pero yo creo que es que se me va la cabeza.&lt;br /&gt;—Se les va la cabeza a quienes regalan sartenes con los periódicos, no a usted.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La señora me dio las gracias de nuevo, se tomó su hipercor con leche, miró el reloj en un par de ocasiones y salió despidiéndose con un “hasta luego” conmovedor. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Tres. La pérdida de memoria tiene su encanto. Lo digo porque al quedarme de nuevo a solas con mi gin-tonic desplegué la sartén (perdón, el periódico) y leí que Rajoy había preguntado a Zapatero qué hacíamos en Afganistán. Se lo preguntó con ese gesto de ido que le sale a veces, cuando se le escapan los ojos hacia arriba. Pobre, fue él quien nos llevó allí y no se acuerda de las razones. Hombre, hombre, no es buen asunto olvidar que has encendido el fuego, pero no acordarse de por qué has llevado tropas a un país que está en el quinto coño tiene delito. Me produjo ternura también.
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>La ‘rentrée’ o el fin del toples</title><link>http://www.interviu.es/opinion/por-la-cara/la-rentree-o-el-fin-del-toples</link><description>&lt;img src='http://www.interviu.es/var/sfInterviu/storage/images/media/imagenes-y-videos/michelle-obama/736132-1-esl-ES/michelle-obama.jpg' /&gt; &lt;p&gt;
Algo remiten, al fin, las temperaturas. Pero en el menú meteorológico de las teles nos siguen sirviendo, con la noticia, la caliente estampa nutrida del toples en las playas. Si el calor sube africano, hay toples de colofón del telediario, con lo que todo colofón y todo toples tiene de fino postre de la dorada repostería de la juventud o la información. Si el calor merma, también. Quiero decir con esto que el verano empieza cuando hay toples en las noticias y termina cuando ya no lo hay. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Estamos, amigos, al final del verano, porque el personal se ha puesto el sostén. Uno, en sus oficios de enterado un poco salidillo, mira la previsión del tiempo no solo por ver si escampa el calorazo sino por verles las tetas de ráfaga a cuatro particulares que salen detrás de Matías Prats o Pedro Piqueras. El telediario, en verano, vive seco de noticias, salvo que venga Michelle Obama, pero no falla en abultarse de muchachas de hamaca sólo vestidas de crema bronceadora y algún tanga. Hemos tenido el beso de Iker y Sara, el de los Príncipes, la reconciliación de foto de las Infantas y Letizia y a Naomi Campbell en los juzgados. Vale, pero el telediario, en verano, es un telediario con tetas, entre el informe de las novias de Cristiano Ronaldo, y el culebrón posterior de rigor, que es un porno de peluquería. No empieza el verano cuando quiere el calendario, ese trasto de agencia de viajes, sino cuando los telediarios pluriemplean en toples y por descuido a dos secretarias con todas sus artesanías sexuales al sol de Marbella.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El toples, en la playa, es cosa banal, y los mirones de casta nos fijamos en la que va más vestida. El erotismo no es sino imprevisibilidad. El erotismo es el susto del sexo. El toples, en el telediario, es así una sorpresa estupefaciente, un dulce infarto que nos pegan entre la crónica de la boda de Nicolás de Grecia y el boletín de los incendios. Alegaba Renoir que si no hubiera senos él no pintaría. El señor del tiempo tampoco explica lo suyo si no hay senos, como un Renoir del anticiclón y sin corbata. Un lírico arriesgó que “el seno es un instante entre dos camisas”. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El seno, hoy, es un instante entre dos noticias flojas y después un instante entre la camisa que el peatonaje no lleva y el bikini que tampoco lleva. Los meteorólogos se adornan de bañistas, pero de bañistas medio en bolas, con lo que a veces no pillamos en condiciones si mañana hará bueno o no. Y, quizá, ni falta que hace. La rentrée no sabíamos qué es, pero sí: el fin del toples en el telediario.
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>El divorcio, lujuria de verano</title><link>http://www.interviu.es/opinion/por-la-cara/el-divorcio-lujuria-de-verano</link><description>&lt;img src='http://www.interviu.es/var/sfInterviu/storage/images/media/imagenes-y-videos/bustamante-y-paula-mas-enamorados-que-nunca/734034-1-esl-ES/bustamante-y-paula-mas-enamorados-que-nunca.jpg' /&gt; &lt;p&gt;

Viene en las encuestas que agosto es causa de divorcio. Las parejas esperan con ansia las vacaciones, para al fin reencontrarse, y resulta que el veraneo acaba promoviendo que mejor vivirán solteros. Llega en el calendario una quincena de paraíso, a la sombra de la novia o la esposa, y resulta que al paraíso le suele sobrar la novia o la esposa. O el marido, tampoco nos pongamos machistas. Lo que pasa con la pareja, así de arranque, es que existe mientras no hay pareja. A la pareja la viene sosteniendo el pluriempleo loco y la telerrosa histérica. Cuando llega el ocio, y Benidorm, como ahora, resulta que uno no sabe qué hacer con la chica o el chico que lleva al lado. Comento lo que expone el cronismo de sociología conyugal, pero de cuota propia puedo aportar que escribo desde Ibiza y ceno en mesas vecinas a mesas de pareja que aguantan la noche entera tomándose tres platos de variado menú de silencio, más el helado, sin otra intimidad que la velita de artesanía. Se nota rápido los que están casados. Se nota enseguida que se aburren un huevo. Con la tele de por medio se quieren más. El matrimonio es trampa de tres: él, ella, y la pantalla del Mundial. Aquí va a salvarse de agosto la Familia Real, porque el Rey se desmarca, y porque ya llevan su separación incorporada, vía Duque de Lugo, que ya sólo tiene que alternar el hombre con su parentela de pulseras tribales. Digo la Familia Real y también digo el familión de los famosos, porque cambian la tele por el yate, y un cónyuge con yate es un hallazgo para toda la vida. Si miramos el horizonte, nos sale que las parejas de famosos, en este verano, no han practicado mucho el divorcio. De modo que ellos engrosan poco o nada la cuota abultada de los separados de encuesta. Ahí están, felices, David Bustamante y Paula Echevarría, Cayetano Rivera y Eva González, Gonzalo Miró y Amaia Montero, Carmen Martínez Bordiú y José Campos, Borja Thyssen y Blanca Cuesta, y hasta Jesulín de Ubrique y María José Campanario, a los que la prensa separa una semana sí y otra también. &lt;br /&gt;Todos felices, sí, de volver a conocerse. Hasta pudiéramos decir que los famosos contradicen la encuesta, porque tenemos dos bodas de mucha portada, abriendo y cerrando el verano: la de Penélope Cruz y Javier Bardem y la de Nicolás de Grecia y Tatiana Blatnik. Pero los famosos son una parroquia escueta, y van mucho a lo suyo. En cualquier caso, nos parece más bien heroico que el peatonaje esté esperanzado de que el verano llegue, porque el verano, en familia, es un máster de aguante de la esposa sin zapping, de la suegra que pide Lexatín con sangría, y de los críos que se ahogan por turnos. Digo lo que dicen las encuestas. Y lo avala Woody Allen: “Hay matrimonios que acaban bien y otros que duran toda la vida”. Me sospecho que sin tele no hay amor eterno. 
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Torero, torero y olé</title><link>http://www.interviu.es/opinion/hombres-modo-de-empleo/torero-torero-y-ole</link><description>&lt;img src='http://www.interviu.es/var/sfInterviu/storage/images/media/imagenes-y-videos/torero-torero-y-ole/734004-1-esl-ES/torero-torero-y-ole.jpg' /&gt; &lt;p&gt;
La cinturilla del bañador arrebujada bajo el sobaco, una tripa cervecera con vocación de ir a más y cargando a la derecha. El macho alfa habita en España con cierta actitud camaleónica y un espíritu batallador que le lleva a adoptar como suyas toda suerte de causas.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
En lo externo desconoce para qué sirve la luz pulsada, luce pelo en pecho y prodiga piropos guarretes con la ventanilla del coche bajada aunque, dentro, el aire ande a tope. Torero, torero y olé. En lo profundo el suyo sí que es españolismo del fetén y lo demás, farfolla de tertulia televisiva con modorra vespertina y estival. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
—¿Qué haces con eso, si es más grande que tú?
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

—A defender lo que es mío, que si nos descuidamos éstos nos echan un día de España y aparecemos en las Azores como si tal cosa.&lt;br /&gt;Por ‘éstos’ se refiere a los nacionalistas catalanistas, ecologistas y antitaurinos, que le llevan enervando meses. Desde que salieron a la calle en bolingas y gritaron que la sangre de toro eran tan preciada como la de ellos, eso sí convenientemente embadurnados de jugo de grosella porque el artificio es parte de la escenificación reivindicativa. Al final –condenado a ese ostracismo en el que se siente el aficionado–, el tipo se ha puesto el capote por montera camino del encierro que se celebra cada primer domingo de septiembre durante las fiestas de su pueblo. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
No, si no anda desencaminado. Cada españolito heredero del landismo lleva dentro a un torero fardón, arrojado y con bravío que lo mismo te hace un quite en una plaza de aparcamiento, que templa a un jefe astijunto o manda a la fiera más corrupia, a la que termina doblegando con tronío. La lidia tiene estas cosas. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El tipo, un padre de familia numerosa con trabajo fijo bien remunerado y votante del PP, ha embutido sus lorzas en un traje de luces que se ha comprado de extranjis en una tienda de segunda mano y aparece en el salón dando pases al capote en todas las direcciones posibles. Ojo, que si votara al PSOE también lo haría. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
—Te vas a cargar el jarrón de tu madre.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

—Orgullosa estaría si me viera defendiendo la tradición de mi patria. &lt;br /&gt;
—Eres un antiguo, chico. Ahora lo que importa es encontrar tu lugar en el mundo y reconciliarte con el planeta –le advierte su mujer, que acaba de meterse para el cuerpo una sesión de yoga de 90 minutos en la que ha estirado el psoas hasta que el músculo le ha llegado al cuello–. &lt;br /&gt;La pareja es víctima de esa falta de sintonía que se explicita en verano y padecen quienes evolucionan a diferente ritmo. Uno, apuntalando una plaza de toros como si su vida hubiera entrado en un bucle del tiempo reencarnándose en un personaje goyesco y la otra, saboreando los efectos del Botox y el ácido hialurónico que circulan por su sistema venoso (en realidad no se deberían mover del rostro, pero un cuerpo tan recauchutado como el suyo da que pensar). Y haciendo ojos a todos los profesores que le salen al paso: el de pilates, el de pádel, el de reiki, el de natación, el de recuperación de sus hijos. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
—Pero, ¿en serio vas a salir así a la calle?
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
—A la calle… y a la plaza. Voy a torear como Manolete y Bienvenida.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
—Te recuerdo que le mató una vaquilla.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
—Porque debía de estar harto de aguantar las sandeces de su mujer y el animal le pilló en un renuncio. Hala, me voy. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Bien pensado, su matrimonio sí que es una cárcel y no Soto del Real, en donde pasa sus vacaciones el Correa ese. 
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Sin tiempo para Dios</title><link>http://www.interviu.es/opinion/el-berenjenal/sin-tiempo-para-dios</link><description>&lt;p&gt;
Me fascinan las entrevistas con David Bisbal, el cantante emocional. Siempre tiene alguna perla guardada en la recámara después de los agradecimientos y las expresiones de felicidad varias que salpican la conversación con él. Hace poco leí que se declaraba católico “pero no practicante, porque no tengo tiempo”. Es tan amable que hasta intenta disculpar que no asista a los ritos por falta de tiempo. Hombre, no hace falta. Puedes decir, David, que no te apetece. Le pasa a la mayoría de la gente. La gente creyente que no entiende, no le gusta o detesta a la Iglesia como institución a pesar de que respete sus principios.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Difícil tarea la del Papa y/o el jefe del asunto. El hombre pensará: “Tenemos clientes, pero no vienen a nuestras tiendas”. No pasa con ningún otro colectivo, piénsenlo. La Iglesia, tan anacrónica, jerárquica, lenta de reflejos, trajinadora de sentimientos y otros intangibles, no conecta con la gente normal. Dios en su eternidad y nosotros, sin tiempo ni ganas que dedicarle. ¡Oh, cielos!
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Quiero ser obispo, por ejemplo</title><link>http://www.interviu.es/opinion/papel-mojado/quiero-ser-obispo-por-ejemplo</link><description>&lt;img src='http://www.interviu.es/var/sfInterviu/storage/images/media/imagenes-y-videos/quiero-ser-obispo-por-ejemplo/732954-1-esl-ES/quiero-ser-obispo-por-ejemplo.jpg' /&gt; &lt;p&gt;
Necesito, se dijo, que suene el teléfono ahora mismo y que me den una buena noticia. Alfredo, así se llamaba, por ejemplo, había pasado una muy mala noche, de las peores de su vida (habiéndolas habido atroces), una noche llena de pesadillas cortas y sucesivas, como uno de esos libros de cuentos de terror en el que el final de cada uno te empuja a leer el siguiente. Por alguna razón, al despertar pensó que era viernes (el día, para él, menos doloroso de la semana), cuando en realidad era domingo (el que más daño le hacía). No se dio cuenta de que era domingo hasta que llegó a la marquesina del autobús y la encontró vacía. Apenas había gente por la calle, y ningún coche circulando a esa hora, por lo general, de tráfico intenso. Tuvo el típico pensamiento de la explosión nuclear que no destruye los edificios ni las calles, la bomba que mata a las personas, pero que respeta la arquitectura. Quizá él y los escasos transeúntes eran los únicos supervivientes de aquel ataque.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Rechazó enseguida la idea, por tópica. Después hizo memoria, hizo cuentas y advirtió que era domingo. Los domingos se levantaba muy tarde, para acortar la jornada, pero había saltado de la cama a las 6.45 de la mañana, como cualquier día laborable, y apenas eran las ocho. Estaba duchado, afeitado, despierto, estaba tan Alfredo como una jornada cualquiera de trabajo. La perspectiva resultaba insoportable. Regresó a casa, se desnudó (no podía desducharse ni desafeitarse) y volvió a meterse en la cama con resultados catastróficos. No sólo no podía dormirse, sino que estaba despierto de un modo extraño. Estaba, podríamos decir, hiperdespierto, lo que proporcionaba a sus sentidos una sensibilidad también exagerada. Vio que todo era inútil, que aquella habitación era inútil, que su vida era inútil. ¿Pero inútil comparado con qué?, se preguntó a sí mismo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

La angustia lo arrancó de la cama. Puso la televisión, pero la apagó enseguida porque le pareció un aparato emisor de ansiedad, lo mismo que la radio, la tostadora o el microondas. Pensó que no había salvación sin saber muy bien tampoco en qué habría consistido salvarse. Fue entonces, en medio del salón de su casa, mientras sujetaba el mando de la tele como un suicida habría sostenido una pistola, cuando le vino a la cabeza la idea de que todo se arreglaría si recibiera en ese instante una buena noticia. Una buena noticia le compensaría de la atroz sensación de vacío dominical. &lt;br /&gt;
Desvió la vista hacia el teléfono diciéndose va a sonar, va a sonar, va a sonar ahora mismo y alguien va a preguntarme si soy Alfredo Gómez Sanchís, yo le voy a contestar que sí, y la voz, desde el otro lado de la línea, me va a comunicar que me han otorgado el premio Nobel de Química. Pero si tú no eres químico, se decía Alfredo a sí mismo. No importa, se respondía, qué más da, por qué no hacer una excepción. El teléfono continuaba mudo. Entonces, rebajando la exigencia anterior, se dijo: va a sonar y alguien me va a informar de que soy, por fin, obispo. Pero si ni siquiera eres sacerdote. ¿Y por qué ha de ser todo tan rígido, por qué tanto escalafón y tanta historia? Además, ¿no creemos en los milagros? ¿Qué mejor milagro que el que yo sea obispo? Y tampoco. Está bien, está bien, entonces va a sonar el teléfono y me van a notificar que acabo de ser abuelo. Pero si no tienes hijos, etcétera.&lt;br /&gt;Y así Alfredo fue imaginando las buenas noticias que era capaz de concebir, cada una de distinta naturaleza. Primero las imaginó de pie, después sentado en el sofá, donde se quedó milagrosamente dormido. Despertó al mediodía y se dijo: Bueno, ya queda menos domingo por atravesar, menos desierto por consumir. Entonces percibió algo extraño en el ambiente. Quizá los ruidos de las casas vecinas, tal vez el ajetreo que llegaba de la calle. La atmósfera, en general, no era de domingo. No parece domingo, se dijo desconcertado. Fue a la cocina, estudió el calendario y descubrió que era viernes, su día preferido. ¿Qué hago en casa entonces? ¿Por qué rayos no estoy en el trabajo? ¿Qué me pasa? 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Llamó a la oficina para pedir disculpas. Luego se vistió a toda prisa y salió corriendo a la calle, en busca de un taxi que halló enseguida. Mientras se dirigía al despacho observando el tráfico de aquel día laborable intentaba, por un lado, averiguar qué le había ocurrido para tener aquel despiste; por otro, imaginaba nuevas excusas para justificar ante sus superiores aquella anomalía. No advirtió, en su atolondramiento, que la buena noticia que había esperado con desesperación se había hecho realidad: por fin era viernes. 
&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Turismo sexual</title><link>http://www.interviu.es/opinion/por-la-cara/turismo-sexual</link><description>&lt;p&gt;

Si uno tiene el día salvaje, y puede ocurrir, dadas las fechas, llegaría a arriesgar que todo turismo acaba siendo un turismo sexual. Sobre todo, si te pegas un garbeo en condiciones por Ibiza, donde la noche es un álbum en vivo de lencería, y la mañana, una convalecencia playera de ombligos que se sorprenden de hallarse todavía en su sitio, después de la gira loca de discotecas y otras giras más íntimas. Yo creo que hasta los matrimonios nacionales le han cogido el puntito de lujuria al reggaeton de la isla, y celebran las bodas de plata o de oro a cada rato, con mucho vacilón de cintura y quizá hasta un cubalibre con hielo de viagra. En Ibiza enseña el tanga color nada Paris Hilton. En Ibiza se da al destape la duquesa de Alba. En Ibiza estrena minifalda Ana Obregón. En Ibiza, las chicas, famosas o no famosas, se dan al ahorro de wonderbras. Se lo gastan todo en esas lujosas gafas negras, gigantes de montura, que vienen a ser un cruce de ferretería de Ferrari y ajuar de buzo. En Ibiza hay personal que solo se viste con las gafas. Mientras escribo, ya han pasado por el sitio Shakira y Kilie Minogue. Luego, hay romería guadiana de populares españoles, desde Guti a Marta Sánchez o Eugenia Martínez de Irujo. No sé si va o viene de la isla Borja Thyssen, porque tiene ahora mucho empleo en las portadas, porque ha sido papá. Pero Borja es otro cuerpo de esta isla de cuerpos gloriosos, junto a su chica, Blanca Cuesta, que es una desabrochada rubia de belleza prerrafaelista. &lt;br /&gt;TENGO UN amigo golfante que cada año, cuando vuelve de Ibiza, me dice lo mismo: “El año que viene no vuelvo. Aquello es una peli porno”. De manera que vuelve muerto. Y vuelve al año siguiente, por supuesto, más vivo que nunca. Quiero decir que Ibiza es un pasarse, y mola. Hacer una crónica de la isla supone quemar en la misma página una oda a las go-go imposibles, un reportaje de los famosos posibles, y un crucigrama de los nombres de las discotecas, donde se cruzan unos y otros. Hay famosos que meriendan nubes y besos, por calas recónditas, pero luego las calas recónditas ya no lo son tanto, porque aquí cada cala puede ser portada de revistero de peluquería. El personal tarda mucho en vestirse, para salir luego en bolas a la calle, a la noche, a la fiesta. No sé si va el peatonaje más vestido a la playa o a la barra de Pachá. En cualquier caso, aquí se le da mucho al nudismo de firma cara. No importa el horario. Y al alegre turismo sexual, naturalmente. Y allá quien no. Eso que se pierden.
&lt;/p&gt;
</description></item></channel></rss>
